Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

¿Quién no ha soñado, alguna vez estar a bordo del Nautilus para derrotar al malvado Capitán Nemo, o dar una vuelta al mundo en tren, elefante, barco…o en globo, a pesar de que este medio de transporte no aparece en el libro, o llegar a la Luna en un súper cohete saliendo desde Cabo Cañaveral, o pasar una temporada atrapados en la Isla de Lincoln viviendo innumerables aventuras…

“De la Tierra a la Luna”, “La vuelta al mundo en ochenta días”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “Viaje al centro de la Tierra”, “La isla misteriosa”,…literatura juvenil que tuvo un gran auge durante los años 80.

Jules Verne, ávido lector de todas las innovaciones tecnológicas, supo plasmar en sus novelas muchos avances científicos de la época. No fue un visionario como le han descrito algunos, ni un profeta como le han descrito otros, simplemente fue un hombre, amante de las letras, precursor de las novelas de ciencia ficción, que supo crear una corriente cultural entre los jóvenes y que el gobierno francés, aprovechando la coyuntura, utilizó sus libros para la divulgación científica entre los estudiantes, creando, a mitad del siglo XIX, la prestigiosa Escuela Politécnica Francesa.

Su vida no fue un camino de rosas, ya que pasó importantes dificultades económicas, una vez que su padre le retiró la asignación por hacer oídos sordos y dedicarse a la escritura, y no a la abogacía.

Lamentablemente durante los últimos años de su vida y debido a la diabetes, fue perdiendo la audición y la visión, no pudiendo seguir con la gran pasión de su vida, la lectura.

Falleció el 24 de marzo de 1905 a la edad de 77 años, en Amiens, Francia. Ese día perdimos a uno de los escritores más imaginativos e influyentes que he conocido.

A su funeral, celebrado el 28 de marzo, acudieron más de 5000 personas. La comitiva partió desde su casa, situada en el boulevard Longueville hasta la iglesia de Sant-Martin, bajo honores militares ya que fue tuvo el honor de pertenecer a la “Legión de Honor”.

Una vez celebrado el funeral en la iglesia de Saint-Martin, el cortejo fúnebre encabezado por su hijo y su nieto, seguido por embajadores de muchos países, junto con la gente de a pie, se dirigió al cementerio de La Madeleine, en Amiens. Todos vestidos con levitas negras, algún que otro sombrero de copa, rostros pesarosos, siendo conscientes de la pérdida de una gran persona, amén de un gran escritor.

Una bella carroza fúnebre tirada por dos caballos, enjaezados para la ocasión, trasladaba los restos del novelista. Cinco crespones negros indicaban la importancia del finado que se encontraba en su interior.

En el cementerio de La Madeleine descansan sus restos. Una bella escultura de mármol blanco, obra de Albert Roze fue colocada sobre su tumba. Representa al escritor emergiendo de la tierra, con la mirada y el brazo derecho apuntando al cielo. No doblegándose a su muerte. Como así reza el nombre de la escultura: “Vers l’immortalité et le éternel jeunesse” (hacia la inmortalidad y la eterna juventud).

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Expulsado en edad escolar por ser “estéril e improductivo” (desde luego el profesor de nuestro protagonista no pudo realizar comentario más inexacto), Thomas Edison patentó más de mil inventos contribuyendo a perfilar los avances tecnológicos de los que hoy en día disfrutamos.

Fue su madre, Nancy Edison, la que después de recibir la carta “premonitoria” del profesor de Thomas, se encargó personalmente de la educación de su hijo. Años después el genial inventor no podía tener más que palabras de elogio ante su progenitora, diciendo que ella fue la que le hizo ser como era; la fe y lealtad que depositó su madre en él, hizo que le diera un motivo para vivir, tenía a alguien a quien no decepcionar.

Ávido lector gracias a las directrices de su madre, Thomas comenzó a frecuentar la Biblioteca de Detroit, que utilizaba bajo su propio método: comenzaba por el primer libro que encontraba en el estante inferior y seguía subiendo por orden hasta terminar con toda la hilera.

Pero como la lectura no apaciguaba sus inquietudes, también comenzó a realizar pequeños experimentos basados en los libros de Ciencias que caían en sus manos.

Después de un fallido intento por montar su propia empresa, obtiene un puesto de telegrafista gracias a que salvó a un niño en las vías del tren; dentro de este entorno sería donde haría su primer invento: un repetidor automático que transmitía señales de telégrafo entre estaciones sin personal. Esto permitía una traducción fácil y precisa, pero Thomas nunca patentó el borrador de dicha idea.

Sí lo hizo en 1868, cuando patentó un contador eléctrico de votos; tenía dos botones, uno para el voto a favor y el otro para el voto en contra. Lo presento al comité del Congreso de Washington y el resultado no pudo ser más demoledor: el invento fue rechazado de manera categórica, ya que según el comité el invento favorecería los fraudes en las votaciones, algo que ellos querían evitar. Este honesto veredicto sirvió de lección al joven Thomas; ante todo, un invento tiene que ser necesario.

Tras este varapalo y sin un céntimo en el bolsillo se marcha a Nueva York, donde consigue un trabajo con muy buenas condiciones gracias a la rápida reparación de una grave avería en un transmisor telegráfico que se encargaba de informar a los abonados de las cotizaciones en bolsa.

Pero Thomas, lejos de asentarse en su nuevo empleo, aprovechó la ocasión para poder trabajar por su cuenta. La Western Union le encargó un nuevo proyecto que Thomas supo desarrollar sin problemas; así nació el Edison Universal Stock Printer, una impresora efectiva cuyo cometido era plasmar las cotizaciones en bolsa.

Con los ingresos originados por su invento, Thomas pudo casarse y formar una familia. Pero su prolífica mente no paraba y siguió inventando. Tanto desarrollo sus inventos que necesitaba un único espacio donde aunar todo el proceso y creó una verdadera fábrica de inventos: biblioteca, talleres, laboratorios y viviendas donde se establecerían él y sus colaboradores. Once años después, cuando dejo su Menlo Park y la fábrica de inventos, Thomas Edison ya tenía en su haber una lista con casi cuatrocientas patentes.

Aunque muchos seguramente piensen que Thomas fue el inventor de la bombilla es un dato erróneo, su inventor fue el químico británico Joseph Wilson aunque este no lo patentó en su momento. Los filamentos de la bombilla creada por Wilson se quemaban rápidamente haciendo que su iluminación fuera muy limitada (no llegaba a una hora). Thomas Edison cogió la idea primigenia e investigó hasta encontrar un material para prolongar la vida del filamento, y lo encontró en el bambú carbonizado. Después de patentar el nuevo prototipo de bombilla Thomas comenzó a elaborarla, consiguiendo que su bombilla iluminara más de cuarenta horas de manera ininterrumpida. Todo un hito en aquella época; tanto es así, que las acciones de las compañías de gas cayeron en picado.

Siguió perfeccionando su logro y creando otras muchas obras, suyas son:

.El fonógrafo, hoy no escucharíamos música si no es por este invento que reproducía sonidos ya grabados.

.El micrófono de carbón, vital en la telefonía de la época.

.El kintoscopio, gran aportación de Thomas al mundo del cine, el aparato proyectaba una banda de imágenes sin fin, aunque de manera individual.

.Las baterías recargables. Lo que hoy conocemos como pilas alcalinas, Thomas Edison las ideó en principio para alimentar los coches eléctricos.

Después de este breve resumen de sus múltiples inventos no es de extrañar que la población se echara literalmente a la calle el día de su fallecimiento. Thomas Alva Edison exhaló su último suspiro un 18 de octubre de 1847 en West Orange, Nueva Jersey. Como comienzo para homenajear al gran inventor, algunas ciudades apagaron sus luces durante un minuto; se apagaba la luz del inventor de la luz.

Después de instalar la capilla ardiente y en todo momento acompañado por su familia, el cuerpo de Thomas Edison estaba preparado para darse su merecido baño de multitudes. Antes de abrir las puertas al público, los compañeros del inventor tuvieron la preferencia de poder despedirse de Thomas en la intimidad. El ataúd llevaba una placa de bronce donde constaba la firma real de Edison y el inventor fue vestido con su habitual indumentaria, además de la pajarita que siempre le acompañó.

The Associated Edison Iluminating Empresas hizo llegar una corona con ochocientas orquídeas, y la mayoría de las flores presentadas durante el sepelio eran crisantemos. Según crónicas de la época, más de cuarenta mil personas acudieron a presentar sus respetos. Significativa fue la despedida de Henry Ford, amigo de Thomas, ya que se negó a entrar a la capilla ardiente a pesar de presentarse allí, alegando que quería seguir recordando a Edison como en la última charla que habían mantenido.

Una vez dispuesto todo el cortejo fúnebre, salió a la calle donde las personar allí congregadas siguieron acompañando al gran inventor en su último paseo. Su sepultura se encuentra al lado de la de su mujer en su finca llamada Glenmont Thomas Edison; allí se puede comprobar cómo multitud de personas se acercan a lo que fue su hogar, hoy convertido en museo para seguir dándole las gracias por sus inventos. Aquella lección aprendida por el rechazo del Congreso a uno de sus inventos lo llevaría al límite el resto de su vida, no podemos decir que sus sucesivas creaciones no fueron superfluas, lo que creó desde entonces fue necesario, muy necesario para las futuras generaciones.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

John Fitzgerald Kennedy nació en Brookline el 29 de mayo de 1917. En 1960 se convirtió en el presidente más joven de los Estados Unidos. Es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX. Impulsó una política de reformas destinadas a recuperar para su país la primacía mundial. Pero sus proyectos quedaron incompletos tras ser asesinado tres años más tarde. En este año 2017 se cumplen 54 años de su muerte.

El 22 de noviembre de 1963 John Fitzgerald Kennedy se encontraba de gira política en Dallas, promoviendo su reelección para 1964, cuando poco después de su llegada y de dar el que fuera su último discurso, fue asesinado por dos disparos.

Se encaminaba hacia el centro de Dallas en un coche descapotable, acompañado por un agente-conductor como chófer y otro agente de seguridad. Tras ellos se encontraba el gobernador Connally, y en los asientos traseros, John Kennedy a la derecha y su esposa Jacqueline Kennedy a su izquierda. Durante el camino, la comitiva hacia breves paradas para que pudiesen saludar a las masas.

Tras pasar un almacén de libros escolares se realizan los disparos que acabarían con la vida del presidente. Gracias a un árbol, el primer disparo es desviado y rebota en el cemento de la calzada. A los 3 segundos llega el segundo disparo que impacta sobre la espalda del presidente y que atraviesa su cuerpo hasta salir por su garganta. Automáticamente John Kennedy se lleva las manos a la garganta mientras su esposa lo observa asombrada. Llega el momento del que sería el último disparo. Éste último impacta sobre el hueso occipital de la cabeza del presidente. Jacqueline Kennedy suelta a su esposo y se abalanza a horcajadas a la parte trasera del coche, donde recoge una sección del cráneo de su marido. El presidente es trasladado a Parkldand Hospital, donde declaran oficialmente su muerte a las 13:38h. Nunca tuvieron esperanza de salvar su vida.

El funeral tuvo lugar durante los tres días siguientes. Tras la declaración de su muerte por los servicios sanitarios de Dallas, es trasladado a Washington D.C. y puesto en el Cuarto Este de la Casa Blanca durante 24 horas. Philip C.Wehle junto con los oficiales del Distrito Militar de Washington organizaron el funeral. El lunes siguiente del asesinato fue declarado Día Nacional de Luto, solo trabajarían personas en cargos de urgencia.

El cuerpo sin vida del presidente permaneció presente en la rotonda del Capitolio, donde aproximadamente 800.000 estadounidenses fueron revestimiento de la calle para su entierro. John Kennedy fue vestido con su traje azul favorito, camisa blanca y corbata azul. El féretro permaneció cerrado por decisión de su familia. Jacqueline Kennedy vestía de negó y su rostro fue cubierto por un velo de luto. Sus hijos la acompañaban agarrados a sus manos.

La hija mayor, Caroline, y Jacqueline se aproximaron al féretro, se inclinaron y dieron un último beso de despedida. El hijo pequeño del matrimonio era conocido como John-John. Era su tercer cumpleaños y el entierro de su padre. Se despidió de él con el saludo presidencial, llevándose la mano derecha a la frente y sacándola hacia fuera.

Los restos del presidente fueron colocados en una Cassion tirado por caballos. La Primera Dama, junto a los miembros de su familia y líderes mundiales, abandonaron sus limusinas para ir a pié hasta San Mateo. Black Jack, un caballo de 16 años sin jinete, se marchó cabalgando con una espada colgada de su silla vacía y unos estribos con unas botas señalando hacia atrás. Llegaron a la iglesia al medio día, donde el cardenal Richard Cushing dirigía la ceremonia.

El paseo de caballos hasta el cementerio estuvo escoltado por el cuerpo militar. El silencio era interrumpido por el clac constante de los cascos y el lento chirrido de las ruedas Cassion. La tumba fue excavada el día anterior por un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Una vez en la tumba del Cementerio Nacional de Arlington, Jacqueline camina entre sus cuñados Bobby y Teddy.

El homenaje por parte del cuerpo militar fue espectacular: Una escuadra de 50 aviones de combate volaba sobre el cementerio en formación de V, el último avión se ausenta en homenaje al presidente; la Fuerza Aérea Uno siguió con su piloto sumergiendo sus alas en el cielo y una salva de 21 disparos precedió los sonidos melancólicos de una corneta antes de que el féretro fuese bajando.

La bandera que tapaba el féretro fue entregada a la Primera Dama por el sargento Keith Clark. A las 3.32 John Kennedy fue sepultado cuando su familia ya se había marchado. Esa noche, Jacqueline retira unos lirios de un florero y se encamina al cementerio acompañado por RFK y dos agentes del Servicio Secreto. Un adiós necesario, íntimo, sin masas que los rodeasen.

Yolanda Molano

Yolanda Molano

yolanda@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

¿Quién a lo largo de su vida no ha sentido admiración por una persona dedicada al mundo del arte? Hoy vamos a saber lo que algunos admiradores son capaces de hacer cuando fallece uno de sus mitos.

Comenzamos en Italia, allí, hijo de una humilde familia nació Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi di Valentina – ya venía pisando fuerte el muchacho- un 6 de mayo de 1895. Niño mimado y problemático, Valentino era mal estudiante- solía saltarse las clases- hasta que un día su madre le envió a la una escuela de agricultura donde al menos aprendería un oficio. Una vez conseguido su título la vida le da un varapalo al perder a su madre. Con lo obtenido de la herencia parte hacia París en busca de fortuna, pero a Rodolfo le gustaba la buena vida y en menos de un año despilfarro su herencia. Sin posibles y derrotado tuvo que volver a Castellaneta donde pronto desesperó pues no encontraba trabajo. Su familia pensó que enviarle a América haría de Rodolfo un “hombre” pues allí, aunque fuera “la tierra de las oportunidades”, tendría que trabajar con ahínco si quería sobrevivir.

Ahora tenemos a Rodolfo llegando a Nueva York en el año 1913, pero la suerte no iba a correr de su lado: el poco dinero que llevó en el viaje lo dilapidó rápido, teniendo que buscar trabajos como camarero, bailarín e incluso gigoló.

Con este último trabajo tuvo más suerte, pues comenzó a ser conocido por personas de la alta sociedad. Entre sus conquistas atrajo a Blanca Errázuriz, aristócrata chilena, la cual se divorció de su esposo alegando que él había sido infiel; Valentino respaldó el alegato de la aristócrata, por lo que se vio envuelto en su tormentoso divorcio el cual culminó con el asesinato del marido por parte de Blanca. Valentino decidió poner tierra de por medio y se traslada a Hollywood donde se cambia el nombre para desligarse del escándalo de Nueva York. Aquí nace Rodolfo Valentino.

En aquellos años – 1920 – la ciudad de Los Ángeles comenzaba su andadura cinematográfica. El gremio de actores era muy cerrado y Rodolfo conseguía pequeños papeles de galán romántico, era el nuevo “latin lover”. Pronto su fama subió como la espuma y toda una legión de fans tenían como objetivo verle o tocarle, convirtiendo a Rodolfo en un mito.

Su vida personal fue bastante desastrosa, se casó dos veces, que sumado a su tendencia al derroche, hizo que el nuevo ídolo de masas nunca madurara, por lo que rodar con él se convertía en un calvario para sus compañeros de reparto.

El 15 de agosto de 1926, Rodolfo comenzó a encontrarse mal y fue hospitalizado en Nueva York bajo el diagnóstico de apendicitis, pero, había más causas. Una úlcera de estómago que padecía hace tiempo se perforó, extendiendo la infección por todo su cuerpo. Rodolfo falleció de septicemia y peritonitis el 23 de agosto de 1926.

Cuando los medios dieron a conocer el fallecimiento del actor, miles de personas quedaron en estado de shock. Se bloquearon las calles aledañas a la iglesia de Saint Malachy, una verdadera marea humana se empujaban los unos a los otros para poder acercarse la capilla ardiente de uno de los galanes de cine más famosos de la historia. Fue imposible, nadie llego hasta el féretro. Su viuda Jean Jacker lloraba rota por el dolor mientras fuera se agolpaban las masas causando desmayos y suicidios de algunas de sus admiradoras. Sí, la gente- hombres y mujeres- comenzaron a suicidarse al saber que su amado Rodolfo había fallecido. Sus cuerpos aparecían sin vida, junto a una foto del actor, y envenenados, como manda la tradición romántica.

Tuvo un entierro multitudinario, lleno del glamur de los años 20, rodeado por miles de arreglos florales llegados de todas las partes del mundo y sufragado por una familia de admiradores. La actriz Pola negri, compañera y amante, envió 4.000 rosas a su funeral.

Como ya hemos mencionado Rodolfo Valentino era un malgastador, por lo que al abrir su testamento, en el que se esperaba encontrar cierta fortuna, tan sólo fue un compendio de deudas. El único dólar del que disponía, lo dejó para su viuda.

El cuerpo de este italiano que logró hacer historia en el mundo cinematográfico americano se encuentra en la Hollywood Forever Cemetery, en California.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com