Cementerio de Staglieno, Génova

Cementerio de Staglieno, Génova

Cementerio de Staglieno, Génova

Hoy nos acercamos al Monumental Cementerio de Staglieno, una necrópolis que destaca por su gran monumentalidad, capillas, pórticos, arcos triunfales y majestuosos conjuntos arquitectónicos y escultóricos, siendo tal su realismo, que los difuntos allí representados parecen estar vivos.

Este cementerio, uno de los más grandes de Europa, abrió sus puertas el 1 de Enero de 1851, inaugurándose con cuatro entierros. En 1835 se encarga su planificación al arquitecto genovés Carlo Barabino después de que en 1832, tras el RD del rey Carlo Alberto prohibiera realizar más enterramientos en las iglesias y los cementerios parroquiales. Comenzaron las obras en 1844. Sin embargo, Carlo no pudo ver terminada esta obra suya ya que falleció por una epidemia de cólera y continuó su discípulo Giovanni Battista Resasco, aunque su construcción continuo durante años más tarde, hasta finalizarla en 1880.

Está situado en Villa Vacarezza, localidad de Staglieno, en el valle de Bisagno. Su estructura cuadrada de origen, se ha visto ampliada con la expansión en laderas de las colinas que le han aportado una estupenda vegetación natural, donde se encuentran inmersas las capillas, monumentos y figuras escultóricas llenas de encanto y belleza.

Su entrada principal está compuesta por una sucesión de arcos monumentales, que da paso a los porticados inferiores en cuyo centro se sitúa una estatua que representa la Fe, esculpida por Santo Varni. Frente a la estatua, una gran escalinata nos sitúa en el Panteón con una cúpula, inspirado en el antiguo panteón de Roma, con un pórtico dórico flanqueado por dos estatuas de mármol de los profetas Jeremías y Job. Se trata de un panteón circular cuyo interior está rodeado de columnas jónicas de mármol negro donde se encuentran enterrados los personajes Ilustres de Roma, figurando la inscripción de sus nombres en cada una de las lápidas del suelo, entre ellos: Bixio y Canzio, Barabino Y Resasco (arquitectos), De Ferrini, Ricci y Bensa (políticos), Barrili (escritor), Sanguineti (poeta)

Esta Necrópolis conserva su propia jerarquía social; dependiendo del estatus conseguido en vida, se determina la posición en él. En esta época, Génova era una ciudad importante como centro económico y cultural que atraía grandes fortunas y las familias, casi competían creando sus panteones con monumentos que reflejaran sus logros morales, para lo que contrataban a los mejores artistas del momento como Leonardo Bistolfi, Giulio Monteverde y Edoardo Alfieri.

De este modo se pueden apreciar las tumbas de la esposa de Oscar WildeConstance Lloyd, su tumba posee una cruz celta con una rama de hiedra; también las de Ferruccio Parri (Político), Fabrizio de André (Músico), Nino Bixio (Soldado y político) y Giuseppe Mazzini (Político), cuyo Mausoleo parece esta excavado en la roca. Sobrio con columnas dóricas, y la tumba se encuentra rodeada por las banderas republicanas que le acompañaron en su funeral. También están enterrados Monticelli, Pelligrini, Da Costa, entre otros.

Otra de las tumbas monumentales destacable es la de la Familia Oneto, que destaca por un magnifico “Ángel de Resurrección”, obra de Monteverde, considerado uno de los puntos altos de la escultura de género.

Pero la clase media que también admira este cementerio y desea ser enterrado en él, resaltando la tumba de Caterina Campodonico “La vendedora de almendras”, una mujer del pueblo que se dedicó toda su vida a vender pan y almendras y el dinero que ganó lo destinó para encargar su propio monumento fúnebre a uno de los escultores favoritos de la burguesía, Lorenzo Orengo. Realizado con un impresionante realismo, la retrata con sus bienes, su ropa con encajes y flecos, manos y rostro envejecidos, su tocado, los collares de avellanas, todo con un infinito detalle.

A lo largo de su historia ha ido sufriendo ampliaciones tanto en las arcadas como en el resto de la necrópolis, así como integrándose en el paisaje natural, donde se han ido ubicando los cementerios Protestante, con cruces bajas y sencillas, el de los Judíos, Ingleses y Commonwealth war graves construido en 1902, que acoge tumbas trasladadas de otro cementerio del barrio de Sampierdarena; Cementerio de griegos y ortodoxos que acoge a griegos, rusos, búlgaros y en general a difuntos de la religión ortodoxa.

También existen monumentos dedicados a las dos Guerras Mundiales: el osario de los franceses y los osarios de los caídos en la II Guerra Mundial, y el Sagrario de los Caídos en la I Guerra Mundial, cuyos nombres aparecen grabados en losas de mármol verde sobre las paredes.

Todos los ciudadanos genoveses tienen derecho a ser enterrados en este cementerio, pero si no se pueden permitir una tumba elaborada, no pueden permanecer en él más de 10 años. Para entonces sus huesos serán exhumados y llevados al osario con la consiguiente destrucción de la tumba.

A lo largo de su recorrido se pueden apreciar diferentes estilos artísticos del siglo XIX y XX que van desde el Neoclasicismo al Realismo, abarcando a su vez tendencias como el Simbolismo y el Art Decó. Este simbolismo se volvió más extravagante con la creencia de la Resurrección y la otra vida y los artistas crearon estatuas inquietantes, sensuales y eróticas.

El Cementerio de Staglieno en un autentico Museo al aire libre, todo en él es Arte, del que existen testimonios de personajes históricos, escritores y artistas que recuerdan poniendo de manifiesto las obras de este impresionante lugar en el que tienen cabida el monumento, la naturaleza, la memoria histórica y el romanticismo.

Fotos: Wikimedia Commons

Mª Ángeles Moreno

Mª Ángeles Moreno

mangeles@guiadecementerios.com

Cementerio delle Porte Sante, Florencia

Cementerio delle Porte Sante, Florencia

Cementerio delle Porte Sante, Florencia

Sin duda una de las ciudades con más bagaje cultural y artístico de Europa es Florencia. Antigua capital de Italia durante la Unificación italiana, fue el centro fundamental de la cultura, la economía y las finanzas en la Edad Media.

De todos es conocido el mecenazgo por parte de la dinastía Médici haciendo que Florencia en la actualidad sea considerada una de las cunas mundiales del arte y de la arquitectura, hasta el punto de que su centro histórico pertenece al Patrimonio de la Humanidad desde 1982.

Pero al igual que su casco antiguo está lleno de historia y arte, también el cementerio delle Porte Sante posee infinidad de esculturas e historias que han perdurado al tiempo; sin duda es una de las joyas anónimas de Florencia.

Muchos visitantes de la ciudad seguramente van a contemplar la Basílica de San Miniato al Monte, situada en uno de los lugares más altos de Florencia y una de las obras de arte del románico florentino. Pero otros muchos visitantes no saben que adyacente a esta maravilla se encuentra el cementerio delle Porte Sante y se pierden uno de los lugares más bellos de la ciudad.

Para conocer un poco más la historia de este cementerio debemos remontarnos a la época en la que los Médici fueron expulsados de la ciudad, volviéndose a reinstaurar la República de Florencia. Decididos a fortalecer el conjunto de la ciudad ante los inminentes ataques por parte de las tropas del emperador Carlos V y del papa Clemente VII, encargaron a Miguel Ángel el proyecto de las defensas. El artista, hoy mundialmente conocido, ideó un frente abaluartado que rodeaba la parte superior de la colina incluyendo la basílica en el perímetro de seguridad.

Tras once meses de resistencia, la República no pudo aguantar más los ataques y el ejército imperial terminó venciendo. Se nombró a Alejandro Médici, duque de Florencia volviendo a instaurarse el sistema hereditario. No fue hasta la llegada de Cosme I de Médici, sucesor de Alejandro cuando vio la necesidad de realizar trabajos de mejora en lo relativo a la defensa de la ciudad.

Dentro del proyecto incluía rodear la Basílica de San Miniato, aunque todavía en aquella época los monjes se encargaban de los enterramientos, se seguían haciendo en las zonas más cercanas a las murallas. No fue hasta en 1784 cuando el gran duque de la Toscana Pietro Leopoldo I decretó la prohibición de realizar las inhumaciones dentro de la zona urbana, así pues estableció que se construyeran fuera de las poblaciones recintos para acoger las almas.

El primer cementerio creado fue el Cimiteri Trespiano, originalmente creado para la gente humilde, aunque nobles y burgueses florentinos también acabaron entre los muros de su recinto. Tanto es así que pronto ya no podía acoger más muertos y se proyectó un nuevo cementerio: el cementerio delle Porte Sante.

La idea de elegir ese lugar para el nuevo enclave del cementerio nació alrededor de 1837 aunque no abrió sus puertas hasta once años después. El proyecto fue confiado inicialmente al arquitecto Niccolò Matas, este proyectó el cementerio disponiendo las sepulturas excavadas en la parte central y los nichos adosados al perímetro de las antiguas murallas.

El nombre del cementerio proviene de una indulgencia plenaria papal a la Basílica de San Miniato: al igual que otras muchas con la misma distinción, contaba con una puerta cegada hasta que llegaba su año de jubileo. Llegada esa fecha, el mismo papa o un cardenal en su defecto, derribaban la puerta el Viernes Santo para que los fieles la traspasasen y obtuvieran indulgencia. Acabado el año, la puerta se volvía a condenar hasta su siguiente jubileo. En el cementerio della Porte Sante se encuentra a la izquierda de San Miniato y aunque no está sellada si se encuentra cerrada, menos el año de su jubileo. Puede leerse con claridad el siguiente texto “HAEC EST PORTA COELI”, que traducido sería: esta es la puerta del cielo.

Desde sus inicios en el cementerio delle Porte Sante los ornamentos funerarios fueron implantándose; jarrones, estatuas y cruces cuajan el recinto y lo alejan del aire sobrio y ordenado que quería darle el arquitecto Niccolò Matas.

Estos detalles no han hecho otra cosa que conseguir que el cementerio cuente a su manera esas anónimas historias que a nosotras tanto nos gusta investigar. Una de ellas es una hermosa sepultura, sobre cuya pesada losa se alzan dos esculturas, un hombre y una mujer que por la edad que representan podríamos pensar que se trata de unos enamorados que vieron truncada su feliz vida en común cuando tempranamente les llegó la muerte. Nada más lejos de la realidad, las tumbas de Mario y María Mazzone pertenece a dos hermanos, él fallecido durante un bombardeo en 1944, María le siguió un año después poco antes de contraer matrimonio. Fue su madre quien en un acto de amor quiso inmortalizar a sus dos hijos tristemente fallecidos y demostrar otra faceta de lo que conocemos como amor.

Los panteones son magníficos, levantados por las familias burguesas de Florencia, ellos que habían tenido poder y lujo durante su vida querían seguir con su estatus en la continuación de su viaje. Múltiples estilos arquitectónicos se mezclan en las zonas denominadas Vecchia Galleria y Cantiere; gótico, neoclásicos, neobizantinos, neogóticos, modernistas, contemporáneos conviven en paz a la vez que maravillan a todo aquel que los visita.

Debido a su impresionante historia no es de extrañar que en este cementerio descansen multitud de personajes ilustres, muchos de ellos apenas conocidos por muchas personas pero de gran relevancia para la historia italiana. Pintores, escultores, escritores, escritores que aportaron con su talento obras que han pasado a la historia de Florencia.

A sí que si tenéis pensado visitar Florencia no olvidéis ir a su cementerio y contemplar otro tipo de arte que no encontraremos paseando por sus calles.

Fotos: Guillermo Chaves

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Cementerio de San Michele, Venecia

Cementerio de San Michele, Venecia

Cementerio de San Michele, Venecia

Venecia, una ciudad donde todo gira alrededor del agua, se convierte en nexo común entre la vida y la muerte.

Para llegar a esta necrópolis como podéis imaginar necesitamos una embarcación, el vaporetto nos llevará hasta la isla de San Michele o también conocido como el cementerio de Venecia.

Originalmente eran dos islas que se encontraban separadas por un canal, lugar de descanso de pescadores y de comerciantes. Tampoco era un cementerio, solamente estaba ocupada por el famoso monasterio de San Michele in Isola que en su larga historia ha sufrido innumerables transformaciones como convertirse en colegio, prisión y finalmente en el cementerio que se conoce hoy en día. Hasta entonces, como en otros muchos países, la tradición era inhumar a sus fallecidos en el interior de las iglesias o en pequeños jardines. Pero cuando Napoleón Bonaparte conquistó la República de Venecia introdujo múltiples mejoras en la ciudad entre las que se encontraba, por motivos higiénicos, el enterrar a los fallecidos fuera del núcleo urbano.

Pasear por esta necrópolis es sumergirte en un remanso de paz, sobre todo cuando uno ha estado visitando los lugares emblemáticos de la ciudad. De grandes dimensiones, puede resultar un poco complicado a la hora de querer encontrar alguna sepultura en concreto, por eso aconsejamos que se utilice el plano del recinto.

El cementerio se dividió en secciones para las distintas religiones: así pues se puede encontrar el patio para ortodoxos, católicos, evangélicos y protestantes, aunque también acoge a gremios o congregaciones como gondoleros, monjas, sacerdotes o militares.

Aquí los panteones no son numerosos, hay pocos y contrastan con las sepulturas realizadas en el suelo, todas ellas muy sencillas, una pequeña estela de mármol, una fotografía del difunto y salpicadas con arreglos florales.

Aún así merece la pena visitarlo por la innegable belleza de algunas de sus esculturas o simplemente visitar la sepultura de algunos personajes como Serguéi Diáguilev, fundador de los ballets rusos y sobre cuya lápida los admiradores van depositando sus zapatillas de ballet en modo de homenaje.

Otra sepultura muy visitada es la perteneciente a Ezra Pound , poeta perteneciente a la Lost Generation, “generación perdida” y al que se le considera uno de los primeros poetas en emplear el verso libre en composiciones extensas. Igualmente visitada es la de Joseph Brodsky, poeta ruso-estadounidense, Premio Nobel del Literatura en 1987, el cual es considerado el poeta más grande nacido en la época soviética.

También paseando por esta bella necrópolis podremos encontrar las tumbas de pintores, compositores, matemáticos y físicos como la de Christian Andreas Doppler, al que todos conocemos gracias a Sheldon Cooper 😉

Un agradable y cultural paseo para percibir la historia de las personas que descansan en este camposanto tan peculiar, que a día de hoy sigue en activo y como se puede suponer sus cortejos fúnebres llegan en góndolas.

 

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Cementerio de los Poetas, Roma

Cementerio de los Poetas, Roma

Cementerio de los Poetas, Roma

“Uno podría llegar a enamorarse de la muerte si existiera la posibilidad de ser enterrado en un lugar tan maravilloso como éste”. Estas palabras escritas por el poeta Percy Shelley algunos años antes de su muerte, nos puede hacer imaginar toda la belleza que esconde este cementerio; lo que no imaginaba el poeta es que él mismo acabaría descansando entre sus muros.

Este hermoso recinto se sitúa en la ladera de una colina dentro del barrio de Testaccio, entre la Pirámide de Cayo Cestio y los restos de una antigua muralla aureliana. Rodeado de cipreses centenario y cuajado de sepulturas y monumentos.

Para saber cómo nació el cementerio viajamos a la época del Romanticismo y el Neoclasicismo: por aquel entonces, artistas y estudiantes extranjeros enamorados de la belleza de Roma, se afincaban en la ciudad para empaparse de su arte e historia. Cuando fallecían tenían un problema, casi todos profesaban distintos credos protestantes y en Roma, ciudad católica por excelencia, se prohibía de manera categórica los enterramientos en sus camposantos.

Esta situación hizo que a principios del siglo XIX, diplomáticos de Prusia, Principado de Hannover y Rusia solicitaran al secretario del Estado Pontificio permiso para construir un cementerio y que los difuntos que no profesaban el catolicismo pudieran tener un lugar donde descansar. Hasta entonces lo que ocurría cuando un protestante fallecía nadie lo sabe, no existen documentos al respecto; lo que sí está documentado es que el primer morador del cementerio acatólico fue un joven inglés, Langton, estudiante de Oxford y que durante el transcurso de un viaje falleció en Roma, y allí se quedó.

Al principio de su andadura, este cementerio era considerado de “baja categoría” por los romanos, pero no así para los artistas de la época que pronto comenzaron a elogiarlo por su belleza; incluso muchos de ellos dejaban constancia para que cuando fallecieran, fueran enterrados entre sus cipreses y sus ruinas.

Por ello en este cementerio descansan escritores, poetas, científicos y otro nutrido grupo de personas; aquí no hay distinciones de credo: ortodoxos judíos y zoroastras descansan junto a los ateos. Pasear entre sus monumentos y poder embriagarse de la cantidad de distintos elementos arquitectónicos así como de sus personajes hace que sea una delicia.

Una de sus esculturas más famosas y que se ha convertido en una de las principales imágenes del cementerio es el llamado “Ángel de la pena”. Este ángel abatido por el dolor es obra de William Wetmore, escultor norteamericano que esculpió con sus propias manos esta belleza de monumento funerario en honor a su esposa, el amor de su vida. Roto por el dolor de perderla, no encontró mejor manera de volcar todo el amor que sentía por ella; cuando terminó, la enorme carga emocional que evoca la escultura consiguió que se hiciera famosa rápidamente, provocando que a lo largo del mundo se hicieran réplicas. Por supuesto, cuando él falleció, depositaron sus restos con los de su amada; ahora ambos descansan bajo el amparo de su hermoso ángel.

También descansan un nutrido grupo de artistas, como ya hemos mencionado al comienzo el propio Percy Shelley descansa aquí, menos su corazón que está enterrado junto al de su esposa, Mary Shelley, en Inglaterra. Junto a él se encuentra su mejor amigo Edward Trelawny, que compró el terreno anexo a la tumba de Shelley cuando falleció el poeta y setenta años más tarde le acompañó en el viaje eterno.

Otros amigos hasta la muerte son Jon Keats y Joseph Serven. El pintor inglés fue el que cuidó y atendió al poeta del Romanticismo hasta su muerte. Después del fallecimiento y abatido salió de Roma para volver cuarenta años como cónsul británico. Antes de fallecer, Serven pidió ser enterrado al lado de su amigo. Tal devoción sentía por Keats que en la lápida de Serven su epitafio reza: “ Amigo devoto y acompañante en el lecho de muerte de John Keats, a quien sobrevivió y vio encumbrado entre los Poetas Inmortales de Inglaterra”. Hemos de suponer que cuando se volvieron a encontrar fue lo primero que le dijo al poeta.

Lamentablemente a día de hoy y a pesar de estar gestionado por un consorcio formado por los embajadores de distintos países el recinto se encuentra un poco abandonado. Si sigue así pronto perderá esa esencia que tiene y no podrá dar testimonio del amor que profesaban tantas personas a lo largo del mundo a esta bella ciudad romana.

Fotos: Wikipedia

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Cementerio de La Certosa, Bolonia

Cementerio de La Certosa, Bolonia

Cementerio de la Certosa, Bolonia

El cementerio de la Certosa de Bolonia fue fundado en 1801 mediante la reutilización de las estructuras de la cartuja construida en 1334. En 1796, con la supresión de las órdenes monásticas, los monjes abandonaron la Cartuja y esta fue utilizada en un principio como viviendas militares.

Es a principios del siglo XIX cuando la comisión de Salud del Rin decidió hacer uso de este antiguo monasterio como cementerio. Después de la publicación de los reglamentos de salud y los requisitos de enterramiento, se llevó a cabo la obra necesaria para que su apertura fuese en 1801.

Entre otras obras se transformó el refectorio en la cámara mortuoria llamada sala de la Piedad, y la sala donde se reunían los monjes en el Salón de Tumbas. Pero no fue hasta 1816 que se le reconoció como lugar sagrado, bendecido por el cardenal Oppizzoni. En cualquier caso, el uso de la Cartuja como cementerio hizo que este no se pudiera vender como terreno fraccionado y así conservar su estructura original, pese a las ampliaciones. En cualquier otro caso, los diferentes dueños del terreno lo hubiesen derrumbado para construir lo que fuese perdiéndose así toda esta riqueza histórica.

Es interesantísimo ver cómo a través de ampliaciones y arreglos arquitectónicos el cementerio ha sido ampliado a través de los siglos sin perder su esencia y siguiendo un orden lógico en la cronología arquitectónica. En su interior se pueden contemplar la evolución de cinco siglos de arte funerario como impresionante clase de arte: desde las neoclásicas tumbas pintadas sobre el yeso y el estuco, hasta el mármol y el bronce utilizado a partir de la mitad del siglo XIX, todas ellas plagadas de diferentes símbolos funerarios que hacen la delicia de cualquiera al que nos guste este tipo de arte.

En él se encuentran enterrados diferentes personajes de la vida boloñesa de todos los tiempos, tanto artistas como políticos o benefactores de la ciudad; destacable para los que no conocemos la historia de Bolonia, destacamos las tumbas de Carlo Broschi, más conocido por Farinelli, y los amantes del motor también podrán encontrar las tumbas de Lamborghini, Maserati y Ducati .

Este Cementerio de la Certosa fue a lo largo del siglo XIX el destino preferido de los visitantes de Bolonia. Lord Byron, Charles Dickens y Theodor Mommsen dejaron escritos de su paseo por este cementerio. E incluso Petrarca vivió enfrente, cuando aún era un monasterio, claro.

Qué contaros de este cementerio. Lo visité en Agosto y aún sigo con la boca abierta. Es tan precioso que no sé cómo Stendhal no pidió que lo enterraran en el mismo centro. Yo me lo estoy planteando.

Me podría poner un poco profesional y distante, pero de verdad que necesito hablaros de este cementerio desde el corazón. Hay que llamarlo cementerio porque está lleno de tumbas y así lo reza en su puerta, pero si se llamase galería de arte La Cartuja tampoco sería de extrañar.

Nada más entrar a la izquierda, nos encontramos el claustro V, lo que en su momento fue el Claustro Mayor. Los diez primeros minutos de recorrido los pasé soltando todo tipo de tacos en forma de admiración. “Relájate, que acabas de empezar”. No sabía dónde mirar, ni dejar de hacer fotos, ni dejar de pedir perdón a esa gente que estaba enterrada bajo mis pies desde el siglo XVII pero que era imposible no pisar, ya que atravesaban todo el pasillo del claustro. Sí, me dio tiempo a fijarme en el suelo pese a que de las paredes surgían todo tipo de esculturas, a cual más bella o representativa del morador interior de la tumba, es muy alucinante. Y todo, en el marco incomparable, nunca mejor dicho, de los arcos del claustro (cosa muy de agradecer cuando estás a 35 grados). Como todo el cementerio es un impresionante proyecto arquitectónico para aprovechar cualquier espacio, también el patio central tiene tumbas, así como los estrechos pasillos y pasadizos que unen los diferentes claustros, estos en forma de nicho. Está aprovechado hasta el último centímetro, pero de una manera tan ordenada que llama la atención.

No sé si deciros que estábamos solos en el cementerio, pero no nos encontramos a ninguna persona en las largas horas que pasamos allí. El silencio, la belleza, el mármol, cada pasillo, cada claustro albergaba cada vez estatuas más sorprendentes. Al parecer hay muchas leyendas e historias de fantasmas de este cementerio, y no me extraña lo más mínimo, de hecho comenté que me pensaría mucho pasar una noche en ese cementerio, pese a mi afición por ellos. Una anécdota, es que iba sumergida en este pensamiento atravesando un pasillo, cuando al asomarme por uno de los arcos laterales a ver qué había, una enorme estatua de un león apareció ante mis ojos y me hizo dar tal respingo que fui incapaz de ponerme frente a ella para hacer la foto bien. Muy, muy imponente. Y yo muy, muy sugestionada.

Supongo que el orden lógico para la visita del cementerio es seguir el orden de los claustros, pero a mi me fue imposible. No podía parar de ir de un lado para otro, meterme por los pasillos que los intercomunicaban, aparecer dos claustros más arriba, volver por otro camino a mi posición inicial y así constantemente. Pero si podéis resistiros (y no vais a poder) y seguir un orden, es más fácil descubrir esa evolución de las tumbas a lo largo de los siglos, desde las pintadas en yeso y escayola (algunas de ellas muy bien conservadas), hasta todas esas ostentosas representaciones en mármol del siglo XIX, para continuar por las zonas ya más modernas del siglo XX, donde hay que destacar la sobria majestuosidad de la zona de los caídos en la I Guerra Mundial.

El monumento consta de dos cuerpos circulares subterráneos conectados por un pasillo largo, en las que hay dos claraboyas que iluminan a su vez dos tumbas, en las que descansan los restos de los 3.000 soldados muertos durante el conflicto. Fuera, dos grandes estatuas de soldados velan por sus compañeros caídos.

En la zona más moderna, construida entre 1940 y 1948 se puede ver la evolución de cómo se preferían los enterramientos en esos años, donde se buscaba más la tumba conceptual en forma de nicho que el mausoleo que busca la memoria pública, para ese recordatorio más de aspecto privado. Durante la II Guerra Mundial este se vuelve más privado aún y los nichos están dentro de pequeñas capillas techadas. Aún así, el diseño arquitectónico es impresionante, con unas líneas perfectas que hace que te asomes por la puerta de cualquiera de los cuarteles y la visión sea un orden geométrico y lineal, con todos los nichos y los setos recortados de tal manera que la sensación de belleza que ya llevas del cementerio no decaiga ni un ápice.

También es destacable el monumento a los partisanos caídos, que se inauguró el 31 de Octubre de 1959. El significado simbólico de este monumento son los partidarios muertos por la devolución de la democracia al país. Es un cono truncado de metal t hormigón al que se accede por dos lados a través de unas escaleras subterráneas. A lo largo de una pared circular se pueden ver los 500 nichos que lo componen, con el nombre de estos partidarios. En el centro hay un pequeño estanque con agua desde la que se proyectan 5 estatuas que van desde la parte inferior a la superior a lo largo del cono, simbolizando su ascensión al cielo. Desde el exterior, se ve una frase que se repite cuatro veces y que dice “subida libre en la gloria del cielo”.

Además, en los años siguientes, se añadieron dos lápidas: la primera, dedicada a las victimas de los campos de concentración nazis que estos quemaron en el horno Gusen, y la segunda dedicada a los boloñeses que se resistieron a la invasión alemana entre 1943 y 1945.

Recomiendo con pasión exacerbada la visita a este cementerio, yo creo que quiero volver a verlo al menos una vez más en cada una de las diferentes estaciones del año. Por si no os he puesto los dientes los suficientemente largos aún, podéis ver la galería de fotos a continuación.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com