Offtopic: No somos invisibles

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“Las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes”

Esta perla no pertenece al Medievo, ni siquiera al siglo XIX, son palabras dichas por un eurodiputado hace unos días en pleno siglo XXI.

El 8 de marzo se reivindica el papel de la mujer en la sociedad, aunque en origen se comenzó este movimiento para reclamar la igualdad de la mujer en el trabajo, actualmente también se reivindica el derecho para todas las personas a trabajar el día 1 de Mayo, sea cual sea su sexo. Si aquellas mujeres en el Nueva York de 1857, cuando salieron a protestar por las calles condenando de manera enérgica sus míseras condiciones laborales, vieran que 160 años después la semilla de la diferencia entre sexos sigue vigente, seguramente alzarían más su protesta para llegar a todos los rincones del planeta.

Casualidades de la vida, el equipo de Guía de Cementerios está formado solo por mujeres. Por eso desde aquí nos sumamos a las protestas, que aunque pensamos que deberían ser a diario, nos gustaría que no se viera como un grito de rebeldía, sino como un pensamiento en voz alta, un pequeño alegato de incredulidad ante semejante panorama. Así pues, queremos rendir tributo a un grupo de mujeres cuya historia en su momento se escondió, pero que con los años se les ha ido dando cara y nombre, mujeres fuertes e inteligentes.

Empezaremos por una mujer cuyo deseo sólo era mantener a Egipto fuera del gran Imperio Romano. Última reina del Antiguo Egipto, para mantener su reino a salvo de la expansión romana, mantuvo sendas relaciones con dos de los mayores líderes romanos, Julio César y Marco Antonio. Ya imaginareis que estamos hablando de Cleopatra, las historias románticas que nos ha llegado a través de la historia nada tiene que ver con la realidad. Cleopatra fue una increíble estratega, capaz de realizar alianzas políticas con tan insignes caballeros para poder mantener su reinado.

Ya en el siglo XVIII las mujeres reivindicaban sus derechos, Mary Wollstonegraft, además de escribir Frankenstein, fue la primera mujer en decir públicamente que hombres y mujeres debían ser tratados como seres iguales y racionales, (y cuatro siglos más tarde se sigue reivindicando lo mismo). Su libro “Reivindicación de los derechos de la mujeres” argumentaba que las mujeres no eran inferiores por naturaleza, si no que la falta de medios como el no poder acceder a la educación generaba esa diferencia sustancial entre ambos sexos. Hoy en día la gran mayoría de las mujeres podemos acceder a la educación y aún así sigue habiendo esa diferencia en muchos campos. ¿Por qué?

¿Os imagináis la vida de hoy en día sin ordenadores, ni móviles? Yo no, pues fue una mujer la que se convirtió en pionera en el campo de la programación y la computación allá por principios del siglo XIX. Ella, Ada Lovelace fue la única que previó la capacidad que podrían tener las computadoras, mientras Babbage se centraba únicamente en los posibles cálculos numéricos de esta.

¿Y qué decir de Marie Curie? Mujer, física y química que fue pionera en el campo de la radiactividad y ser la primera persona en recibir dos premios Nobel. Para rematar también fue la primera mujer en ser profesora de la universidad de París.

Desconocida es Kherter Anchimaa-Toka, nacida en el seno de una familia humilde y analfabeta. Perseverante consiguió aprender a leer y llevar la alfabetización a su población. Esto le llevo a ser admitida en la Universidad Comunista del Este de Moscú, tras graduarse volvió a su país natal y en tan solo cinco años consiguió la presidencia del congreso de su país, convirtiéndose en la primera mujer en conseguir un puesto así en todo el mundo.

En España también muchas mujeres han pasado sin pena ni gloria por la historia. ¿Sabéis que la primera periodista permanente en un país extranjero y corresponsal de guerra fue una mujer? Si, Sofía Casanova, esta coruñesa fue trabajadora del diario ABC en Polonia y Rusia. Gracias a su trabajo entrevistó a personajes como Marie Curie, Tolstoi y Morel Fatio. Poetisa consagrada a los veinte años, el propio Alfonso XII costeó la edición de su libro “Poesías”.

Seguimos en el mundo de la prensa para darle los méritos que se merece a María Luz Morales. Dirigió el periódico La Vanguardia, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo en España, además en plena Guerra Civil. Un hito histórico si tenemos en cuenta que actualmente, ninguno de los principales periódicos está dirigidos por una mujer.

Y en plena Guerra Civil también llegó para hacerse cargo del ministerio de Sanidad una mujer, Federica Montseny. Ella es la que estableció las reformas necesarias en el Gobierno sobre la salud pública. Adelantada en el tiempo fue pionera sobre la prevención de la enfermedad, el control de natalidad y reguló el decreto de la interrupción voluntaria del embarazo. Pensando en las mujeres quiso acabar con la prostitución, creó unos espacios donde las prostitutas podían entrar y salir sin coacción, en estos conocidos liberatorios estudiaban, recibían tratamiento médico y era preparadas para incorporarse al mundo laboral con la autoestima necesaria.

Y no queremos dejar de mencionar a nuestras Sinsombrero, tenemos que reconocer que estamos completamente enamoradas de estas mujeres. Cada una de ellas esconde una historia, “su” historia que por desgracia fue quedando en el olvido y que poco a poco se va desempolvando para darlas a conocer. Maruja Mallo, Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez o Ángeles Santos; pintoras, escultoras, poetisas, artistas que estaban profundamente comprometidas en el tiempo que las tocó vivir, aunque su actitud rompedora y abierta en un España convulsa a muchas de ellas no les trajo más que desgracias.

Para terminar nuestro más profundo respeto a todas las mujeres anónimas, las que se levantan a las cinco de la madrugada para sacar adelante a su familia, las que a pesar de trabajar multitud de horas aún sacan tiempo para jugar con sus hijos, las que estudian y trabajan al mismo tiempo, todas aquellas mujeres que a pesar de los tiempos modernos que vivimos aún tienen que oír y sentir atrocidades sólo por el simple hecho de ser mujer.

 

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Hay personas que nacen con un don. El don de poseer una bondad infinita, donde tú no eres lo importante, son más importantes los demás. Si a eso le sumamos que los beneficiarios de esa bondad son los niños me atrevo a decir que estamos hablando de un ángel de la guarda.

Nuestro ángel era tan humilde y discreto, que su historia se mantuvo agazapada en los recovecos de la historia por más de medio siglo. No era mujer de aladear lo que hizo, pues el periodo que le tocó vivir fue duro, de hecho uno de los más negros de la historia de la humanidad. Por eso cuando su historia fue desempolvada en 1999 por un grupo de estudiantes de Kansas, decidieron darla a conocer. Hecho que nosotras agradecemos infinitamente pues hoy, hubiera sido el cumpleaños de Irena Sendler, y que mejor manera de felicitarla que dando a conocer todo el bien que hizo.

Irena nació un 15 de febrero en Varsovia y su don se vio fortalecido gracias a la educación recibida por su padre, un reconocido médico que atendía a sus pacientes sin hacer distinciones de credos ni de razas. Es más, la comunidad judía constituían su mayor número de pacientes, mientras otros colegas los rechazaban, el doctor Stanislaw los atendía con la mayor premura posible. Bajo este entorno de no juzgues y no serás juzgado creció Irena.

Por desgracia su padre contrajo el tifus por cumplir con su trabajo, y falleció dejando a Irena huérfana con tan sólo 7 años. Le dejó una gran herencia, dos reglas que cumpliría hasta el final de sus días: las personas se dividen en buenas o malas, independientemente de sus creencias o sus culturas, se las juzga por sus actos y siempre ayudar a quien lo necesite. Bajo esta premisa y gracias a que la comunidad judía le sufragó los estudios en agradecimiento por los servicios de su padre, Irena pudo estudiar y hacerse enfermera.

En cuanto cumplió la edad necesaria comenzó a trabajar en los servicios sociales de Varsovia, llegando a ser muy conocida por ayudar a todo aquel que lo necesitara. Seguramente así hubiera sido su vida, sino es porque en el año 1939 Alemania invade Polonia; entonces el trabajo realizado por Irena se intensifica: comedores sociales, reparto de ropa y dinero para los judíos que ya comenzaban a ser capturados y llevados a campos de concentración nazis.

Lo que ya no pudo soportar esta gran mujer es que los soldados alemanes comprimieran a la comunidad judía en un reducto de la ciudad separado por un muro, el que sería conocido como el Gueto de Varsovia. Irena quería ayudar y sobre todo intentar salvar a quien sería el futuro: los niños.

De primeras, consiguió identificaciones de la oficina sanitaria; el tifus no había desaparecido y como los alemanes tenían miedo de contagiarse, dejaban que los polacos controlaran sanitariamente el gueto. Esto Irena lo aprovechó al máximo.

Habló con las madres y abuelas que tenían niños a su cargo. No podía prometer que los niños llegaran sanos y salvo a ningún lugar, pero al menos tenía que intentarlo y siempre sería mejor que acabar en un campo de concentración nazi. Imaginaros el momento, esas madres y abuelas que han perdido a sus hombres tienen que decidir separarse de sus niños aún sabiendo que no es seguro que tendrán una oportunidad, duro, durísimo

No siempre las familias accedían a la primera, y muchas veces en el periodo de tiempo en que Irena salía del gueto y volvía para replantear a las familias el intentar salvar a los niños se encontraba que esas familiar ya habían sido llevados en tren a los campos de la muerte. Esto hacía que Irena luchara con más fuerza aún por salvar a los pequeños. Tanta fuerza sacó que cualquier medio era válido para salvar a los niños: sacos de patatas, restos de basura, cajas de herramientas, féretros a los que hacía pequeños agujeros para que los niños pudieran respirar, incluso sacó a algún pequeño haciéndolo pasar por un enfermo de tifus. Esta mujer con un corazón que no le cabía en el pecho, siempre pensando en los demás, consiguió con una tenacidad enorme poder dar una pequeña esperanza a 2500 niños. Sí, 2500 niños. Oskar Schindler, salvó a 1.200 judíos.

A los niños sacados del gueto les iba asignando un nombre católico a la vez que los ubicaba donde pudiera: monasterios, conventos, familias católicas que los acogieron. Pero Irena no sólo los salvo la vida, ella quería que el día de mañana cuando todo el infierno se hubiera terminado “sus” niños supieran de donde provenían, sus verdaderos nombres, sus raíces.

Así que ideó un archivo muy peculiar, en pequeños trozos de papel iba escribiendo los nombres reales de los niños, lugar de nacimiento, nombres de los padres, lugar al que era reubicado. Todo esto lo fue metiendo en pequeños botes de cristal, y los enterró bajo el manzano de una vecina, allí se quedarían hasta que los nazis se marcharan.

Pero los nazis no se marcharon tan pronto como Irena se esperaba, al contrario, se enteraron de la labor que hacía esta mujer y la detuvieron un 20 de octubre de 1943. Irena pasó su propio infierno personal, los nazis la torturaron por horas, le partieron los pies y piernas; pasó a ser trasladada a la prisión de Pawlak, donde los carceleros alemanes la tenían atemorizada. Ella, poseedora de una preciosa información para los alemanes, no abrió la boca, no traiciono a sus niños ni a los que la ayudaron en esta peligrosa tarea. Nada, no dijo nada, ni siquiera dijo nada cuanto la condenaron a muerte.

Pero como bien dijo su padre, hay personas buenas y personas malas; se salvó de la muerte gracias a sobornos de los miembros de Zegota, que vieron en Irena una esperanza para los niños. El día marcado para su ejecución fue un soldado alemán para según él, llevarla a un interrogatorio “de última hora”; nada más salir le dijo en polaco que corriese sin mirar atrás. Y así fue, corrió hasta ponerse a salvo, para todo el mundo el nombre de Irena constaba en la lista de polacos ejecutados, pero la realidad es que Jolanta – su nombre en clave- continuó trabajando con una identidad falsa en la resistencia.

Una vez terminada la guerra, pudo desenterrar esos pequeños frascos donde estaban los orígenes de sus niños, esas identidades olvidadas ya se podían poner junto a un rostro y una historia. Se las entregó al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos supervivientes. Descubrieron con pena que la gran mayoría de las familias de los pequeños habían sido asesinadas en los campos de concentración, aunque unos pocos pudieron volver a reencontrarse con algún miembro de las desmembradas familias.

Irena continuo con su vida, se casó, tuvo familia y jamás dijo nada de lo vivido, pero una vez que fue dada a conocer llegaron los reconocimientos públicos. Ella tímida y humilde hasta la saciedad, pudo volver a ver a algunos de sus pequeños ángeles, esta vez ya eran adultos y pudieron agradecer a “Jolanta” el haberles salvado la vida.

Aún así cuando le preguntaron por qué hizo lo que hizo, su respuesta fue rápida: sólo hacia mi trabajo. Incluso dijo que siempre le acompañó la pena de no haber salvado más niños. Irina falleció el 12 de mayo de 2008 y sus restos descansan en el cementerio Powazki, en su Varsovia natal.

Desde aquí, muchas felicidades Irena, y como dijiste en una ocasión:

No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades.

Traten de hacer un círculo de bondades, éstas las rodearán y las harán crecer más y más”.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Imaginad una tarde aburrida y lluviosa. De domingo, por ejemplo, para hacerla más aburrida aún. Ahora, trasladadla al siglo XIX, no podéis mirar ni Facebook ni Twitter. ¿Qué haríais?

La mujer de la que hablamos hoy, en esa situación, lejos de quedarse babeando en un sofá hasta la hora de acostarse, escribió Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Wollstonecraft Shelley fue una niña que recibió una educación muy avanzada para su época, gracias a que su padre, siempre en contacto con intelectuales, le instruyó en diferentes materias, además de tener una institutriz y una tutora que le acercaron a la historia clásica leída en su idioma original. Gracias a esta cultura recibida, Mary destacó enseguida como una adolescente inteligente y curiosa, de libre pensamiento y con un ansia voraz por estar siempre aprendiendo.

Viaja mucho a Escocia por recomendación de su padre, y allí conoce a Percy Bysshe Shelley, poeta que visitaba mucho a su padre por mitivos económicos. Ambos acabaron peleados, pero el amor entre Mary y Percy surgió y ambos huyeron a Francia, para viajar por Europa durante dos años.

Mary volvió de este viaje embarazada, denostada por su padre, y sumida la pareja en una tremenda pobreza.

Esta situación, unida al fallecimiento de su hija a muy corta edad, sumió a Mary en una gran depresión. No fue hasta 1816, tras el suicidio de la mujer de Percy, que pudieron casarse y así adoptar el apellido de su marido, por el que ha sido reconocida en el tiempo.

Ese mismo año, la pareja decide pasar el verano cerca de Ginebra, en una casa de campo junto a Lord Byron y John Willian Polidori. El clima del lugar elegido para pasar estas vacaciones dejaba mucho que desear, ya que las tormentas eran constantes, y debían pasar días encerrados en casa. Fue en uno de estos momentos de hastío, en los que hasta al mismo Lord Byron se le habrían acabado las ganas de escribir poemas bucólicos viendo la lluvia resbalar por el cristal, cuando él mismo propuso escribir a los allí congregados, una historia de terror que más tarde leerían. De esa hartura de lluvia, nació Frankenstein o el moderno Prometeo, que en un principio iba a tratarse de un relato corto.

Pero la vida de Mary Shelley no fue más que un cúmulo de desgracias. En 1818, los Shelley se marchan a Italia, donde Mary tiene varios partos prematuros hasta nace el único hijo que sobrevivió, Percy Florence (llamado así por haber nacido en la ciudad de Florencia). En 1822, su marido muere al volcar su velero. Sumida en una gran tristeza, manda incinerar su cuerpo pero conserva su corazón, que mantendrá en su escritorio hasta el final de su vida.

Feminista, polémica y gran escritora, no sólo Frankenstein está entre sus obras, si no que varios ensayos, novelas históricas y apocalípticas, además de biografías y libros de viajes, forman parte de la prolífica obra de Shelley.

Pero no sólo publicó bajo su nombre de casada, Mary Wollstonecraft publicó La Vindicación de los derechos de la mujer (1792) considerada una de las primeras obras de la literatura y filosofía feministas.

Fallece a los 53 años aquejada de un tumor cerebral, que desde 1839 llevaba haciendo estragos en su cuerpo, provocándole fuertes dolores de cabeza y parálisis en distintas partes del cuerpo.

May había pedido ser enterrada junto a sus padres, pero su hijo Percy, alegando que el cementerio de St. Pancras estaba en mal estado, deciden darle sepultura en la iglesia de St. Peter en Bournemouth, cerca de donde había pasado una parte de su vida.

En el primer aniversario del fallecimiento de Mary, su familia revisó el escritorio en el que trabajaba: allí encontraron trozos de cabello de sus hijos fallecidos, un cuaderno que había compartido con su marido, y dentro de este, envuelto en una hoja de seda, una copia del poema Adonaïs, escrito por Percy y restos de sus cenizas y corazón.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

“Mira, por ahí vienen las dos Marías”. ¿Os lo han dicho alguna vez? Sobre todo a las mujeres, que somos más de ir enhebradas del brazo de una amiga. ¿Pero sabemos de dónde proviene este particular dicho? Hoy queremos homenajear a dos mujeres, o a una, porque era tal la simbiosis entre estas dos hermanas, que podríamos decir que eran una sola. Eran como el Yin y el Yang; Maruxa (el Yin) falleció en 1980 y Coralia (el Yang) el 30 de enero de 1983. Ese día, el símbolo de armonía se volvió a unir para complementarse allá donde quiera que estén.

Maruxa y Coralia provenían de cuna obrera, de una gran cuna, pues eran 11 hermanos. Corría el año 1925 cuando la Confederación Nacional del Trabajo abre su sede regional en Santiago de Compostela. Uno de los hermanos, Manolo Fandiño Ricart se convierte en su secretario general, y se unen a la causa dos hermanos más; Alfonso y Antonio, que se convierten en militantes activos del movimiento anarquista.

El sentimiento de ánimo y esperanza estaba instalándose en Santiago. Ya por aquellos años las hermanas Fandiño paseaban por la ciudad ataviadas con ropas hechas por ellas mismas: siempre vestían de colores vivos, muy vivos, una tremenda mezcla de tonos brillantes con complementos igualmente llamativos. Los estudiantes de la época, divididos entre republicanos y católicos, ya las apodaban según su conveniencia: para unos eran “Libertad, Igualdad y Fraternidad” mientras que para los otros eran “Fe, Esperanza y Caridad” (no creo que tenga que decir quién las llamaba de una manera o de otra, es evidente). Y diréis, ¿Por qué habla de tres, si eran dos? Al principio, las “Marías” eran tres, pues con Maruxa y Coralia paseaba también su hermana Sara. Sariña era más pequeña, y lamentablemente falleció a temprana edad, dejando el trío en un triste dueto.

A este amargo suceso, se le une otro que cambiaria sus vidas para siempre: El día 18 de julio de 1936, inicio de la Guerra Civil, la represión franquista fue durísima, el odio, los asesinatos, y sobre todo el miedo, fueron diluyendo los sueños revolucionarios de muchas personas.

Como podréis imaginar, en Santiago fueron directos a por la familia Fandiño Ricart. Los hermanos tuvieron suerte y pudieron escapar. Manolo se escondió durante muchos años. Antonio, que por aquel entonces había ido adquiriendo más responsabilidad en la organización, huyó, aunque fue apresado; sufrió la tortura en sus carnes y fue encarcelado durante más de veinte años por los franquistas. Alfonso cogió un barco en el puerto de Muros.

Y aquí es donde comienza la pesadilla de estas dos mujeres; la Policía Social se personó en casa de los Fandiño para “instarlas” a delatar el paradero de sus hermanos. ¿En serio? Tus hermanos consiguen escapar de una muerte segura y ¿Tú vas a delatarles? Como podréis imaginar Maruxa y Coralia no abrieron la boca. ¿Qué les supuso este silencio? Registros de madrugada, vejaciones como dejarlas desnudas en la calle para sufrir la mofa y pitorreo del personal, incluso se dice – aunque no está confirmado- que las llegaron a violar cuando las subían al monte Pedroso de Santiago.

Siguieron sin abrir la boca, pero esta humillación y los malos tratos continuados hicieron mella en ellas; su trabajo de costureras se vio dañado porque los clientes dejaron de llevarle ropa para arreglar, a ojos de todo el mundo “era una familia anarquista” y claro, no iban a identificarse con ellos. Las mujeres de la casa tuvieron que vivir durante décadas bajo la presión de las amenazas, el pelo rapado y el vacío social.

Aunque también hay que decir que hubo personas con corazón. Sus vecinos, los que las conocían de toda la vida, les dejaban pequeñas cantidades de dinero en los comercios para que ellas pudieran ir comprando lo necesario para sobrevivir. A principios de los años 60, un fuerte temporal destrozó el tejado de la casa familiar, y nuevamente los vecinos se organizaron para recaudar algo de dinero; la colecta fue tan impresionante que llegaron a reunir 250.000 pesetas de la época.

Maruxa y Coralia, que pasaron por penurias y humillaciones, habían conseguido hacerse un hueco en el corazón de los compostelanos, siempre juntas, agarraditas del brazo, paseaban por la ciudad sin importarles ya nada, ya lo habían sufrido todo. Aliviaron su locura y dolor a través de los colores de su ropa y piropeando a los estudiantes, eran un grito de libertad dentro de ese aire pesado del régimen.

Pero el círculo perfecto de amor entre hermanas, la amistad y la camaradería se truncó cuando falleció Maruxa. Fue inhumada en el cementerio de Boisaca, tumba número 991 junto a tres de sus hermanos y a su madre. Coralia, coja sin su sostén, se marchó a vivir con una hermana al puerto de A Coruña, pero no se adaptó. Sentía morriña, por su hermana, su ciudad y sus largos paseos diarios. Como Dorothy en el Mago de Oz, siempre preguntaba cual era el camino para volver a casa, y así estuvo hasta que dos años más tarde, un 30 de enero, falleció para por fin reunirse con su compañera de paseos.

No pudo ser, a Coralia la enterraron en la tumba 3196 del mismo cementerio de Boisaca, junto a los restos de su padre. Fue en 2014 cuando el Ateneo de Santiago comienza una iniciativa popular para poder juntar a las dos hermanas y homenajearlas colocando una placa en su memoria.

En la Alameda de Santiago también existe una famosa escultura que representa a las dos Marías. Como no podría ser de otra manera, van juntas del brazo, su ropa de vivos colores e incluso Maruxa está guiñando un ojo de manera pícara para seguir piropeando al estudiante que se cruce con su mirada. Lo que no saben muchos, de la tierra o no, es la historia que se esconde detrás de estas dos mujeres que mostraron su rebeldía a golpe de maquillaje.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Gala

Mujeres Ilustres: Gala

Mujeres Ilustres: Gala

Escribir algo de nuestro protagonista de hoy es tarea complicada, muy complicada. ¿Fue un genio? ¿Un loco? ¿Hablamos de su vida? ¿Sus obras? Lo dicho, complicado. Así que para recordarle en el vigesimoctavo aniversario de su fallecimiento, y después de leer sobre él todo lo que ha caído en mis manos, finalmente he decidido escribir de su mayor pasión, una pasión que podríamos considerar en muchos aspectos enfermiza, y no eran sus cuadros, no era su arte, era su mujer, Gala.

Antes pongámonos un poco en situación, Dalí provenía de una cuna con posibles. Su madre le alentó en sus precoces inquietudes artísticas. En 1922 se aloja en la afamada Residencia de Estudiantes de Madrid, allí conoce a un ramillete de futuras figuras del arte como Luis Buñuel, Pepín Bello y sobre todo a Federico García Lorca, con quien mantiene una apasionada relación, aunque Dalí da por terminada la relación con Lorca, dicen las malas lenguas que debido a que el poeta granadino “quería más”.

Artísticamente, Dalí coquetea con el cubismo aunque hubo una corriente iniciada por Tristán Tzara que le marcó y que seguiría con ella el resto de su vida, el dadaísmo. Colabora con Buñuel en la redacción del cortometraje Un perro andaluz, donde el artista de Cadaqués comienza a mostrar ya claras inclinaciones al surrealismo, vertiente del dadaísmo y originada por André Bretón.

Mientras tanto Elena Ivanovna Diakonova, (su futura Gala) es una alumna brillante en Rusia. Aquejada de una tuberculosis ingresa en un sanatorio en Suiza donde conoce a Eugène Grindel, futuro poeta que sería conocido como Paul Eluard, se enamoran y se casan. Paul también comienza a relacionarse con el movimiento surrealista, y en este entorno Paul sabe de un joven español que está dando mucho que hablar, Salvador Dalí. El poeta interesado en conocer a Dalí, comienza a través de sus contactos a preparar un viaje a Cadaqués y conocer personalmente al genio. Craso error, pues no preveía que aquel viaje sería el fin de su matrimonio con Elena; ella tampoco es que fuera el estereotipo de la perfecta esposa para la época, mujer sexualmente muy activa, mantenía relaciones con jóvenes amantes. Paul lo sabía, puesto que uno de los amantes de su mujer fue su mejor amigo Max Ernst.

Volvemos a Cadaqués. Corría el año 1929, mes de agosto, calor, un entorno privilegiado, todo parecía ser perfecto para que por fin Eluard conociera a Dalí. En los momentos previos al viaje, el poeta fue alimentando de manera inconsciente los deseos de Elena; los continuos halagos vertidos hacia la buena planta del pintor, azuzaron más si cabe las ganas de la futura Gala para llegar a Cadaqués.

Para el pintor no dejaba de ser una reunión informal con un nexo en común, todos seguía la corriente del surrealismo. Así que poco o nada se esperaba que aquí conociera a su alma gemela, sobre todo porque, este genio loco con incipiente bigote era virgen reconocido, y de hecho en alguna ocasión confesó que se “temía” homosexual.

Bueno, pues todo lo que él creía que era como hombre, toda su extravagancia, se fue con la brisa del mar cuando conoció a Elena. Todo, se enamoró de ella hasta la médula nada más verla; en ese mismo instante Dalí sólo tenía un objetivo, cautivar y conseguir a Gala. Ya desde aquí vamos a comenzar a llamarla con el nombre con el que ha pasado a la historia, pues para Dalí esa mujer con ese potente halo sexual era como Gradiva, la heroína del libro de W. Jensen con el mismo nombre en el que Sigmund Freud es rescatado de la locura por Gradiva.

Al principio Dalí no lo tuvo fácil, Gala tenía 10 año más que ella, pero el gusto de ella por los jóvenes le hizo tener un punto a su favor. Después de unos días de envío de señales amatorias por parte del joven pintor, viendo que no recibía lo que ansiaba se le ocurrió ir a lo dramático. Se untó de estiércol, se manchó la camisa con sangre y se introdujo flores en las orejas y la nariz. Lo que seguramente para otras mujeres dicha imagen les haría salir huyendo, a Gala le enterneció de tal manera que automáticamente le brotó un fuerte sentimiento maternal; necesitaba cuidar, proteger, mimar y consentir a Dalí.

Comenzaron a conocerse mejor, largos paseos por la playa, charlas interminables, hasta que se dieron cuenta de que el nexo entre ellos era tan fuerte que nadie jamás podría romperlo. Mientras el marido de Gala había sido testigo del comienzo de la relación, y aunque sabía que su mujer había tenido amantes a lo largo de su matrimonio, tuvo la suficiente coherencia para ver que entre ellos dos había algo mágico. Con un saber estar impresionante, el poeta, igual que llegó se fue, él no iba a ser el causante de la amargura de Gala, quería que fuera feliz.

La pareja no lo tuvo fácil, la familia de Dalí rechazaba de manera categórica la relación; que ella fuera diez años mayor, casada y con una libertad sexual impropia en la época no ayudaron. El padre de Dalí llegó a desheredarle, pero poco le importó, de hecho no le importó nada, igual que no le importaba el prestigio, sus obras o sus esculturas, tenía a Gala.

En agosto (era su mes fetiche) de 1934 contraen matrimonio civil en París. El matrimonio comienza a viajar y la carrera de Dalí empieza a dar sus frutos. Juntos, siempre juntos, Gala se convierte en su compañera, su sacerdotisa, su confidente, su todo. Se puede pensar que lo que Dalí sentía por Gala era un fuerte complejo de Edipo, y seguramente fuera así porque a pesar de estar enamorados no era un amor carnal. De hecho nunca mantuvieron relaciones sexuales con penetración. ¿Juegos amorosos? Sí, pero Gala siguió con su costumbre de tener relaciones íntimas con otros hombres durante todo su matrimonio. Lo que tenía ellos estaba por encima, para Dalí tener sexo con su mujer era deshonrarla, él la consideraba un ser tan puro que no osaba tocarla de manera íntima y por eso consentía los escarceos de ella.

No consiguieron contraer matrimonio católico hasta 1958, después de conseguir una bula papal por la que exoneraba a Gala de su anterior matrimonio. Así que un 8 de agosto (su mes) se vuelven a casar, esta vez en Sant Martí Vell, Girona. El matrimonio sigue viajando por el mundo y dilapidando el dinero, los caprichos de ambos comenzaban a pasar factura, haciéndoles tener algunos apuros económicos. Tampoco importó, incluso Gala en un arrebato de pomposidad le pide a su marido un castillo. Y como para Dalí lo que pidiera su diosa era ordeno y mando, pues le compró uno, el elegido sería el Castillo de Púbol. El castillo no se encontraba en su mejor momento de conservación, así que iniciaron unas obras de restauración llevadas personalmente por el genial pintor. Incluso diseñó y mandó construir un sepulcro con dos sepulturas juntas; ambas en cada lateral tenía un agujero para que uno y otro pudieran continuar yendo de la mano allá donde estuvieran.

Después de una vida llena de cariño, amor,dedicación el uno por el otro, incluso diremos que veneración, Gala fallece el 10 de junio de 1982. Cómo podréis imaginar Dalí se sumió en un estado de dolor profundo, su alma gemela ya no estaba con él. Muy deprimido se recluyó en el castillo. Dos años más tarde tuvo que salir pues se produjo un incendio que le provocó graves quemaduras. Se traslada a la Torre Galatea del museo de Figueras, y herido en el alma y en el cuerpo, Dalí se niega a comer y a beber, de tal manera que ingresa en el hospital con una severa desnutrición. Según estoy escribiendo me lo puedo imaginar, como un niño pequeño, desorientado, asustado, expectante ante la vida porque no tiene quien le lleve de la mano.

Por eso no entiendo como en el último momento antes de fallecer, Dalí quiso ser enterrado en el museo de Figueras, mientras su diosa estaba enterrada a 40 kilómetros de distancia. Y así están, él descansa en el Museo-Teatro de Figueras, y ella en la cripta del Castillo de Púbol. Quizás sea porque él incluso después de muerto, no quería mancillar a la que había considerado el ser más puro de la tierra. Es como si quisiera venerarla desde la distancia, y a mí me da pena, están tan cerca y a la vez tan lejos.

Por ello, hoy queremos rendirle tributo a uno de los mejores artistas de la historia de España, escribiendo de lo que a él más le importaba, su musa, su Gala.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Anaïs Nin

Mujeres Ilustres: Anaïs Nin

Mujeres Ilustres: Anaïs Nin

Venga, reconocedlo. ¿A que todos en algún momento de vuestra vida, habéis comenzado a escribir un diario? Ese pequeño cuaderno en el que vomitar lo que llevamos dentro, y dar forma de alguna manera a las causas de nuestros desvelos. Eso sí, bien escondido para que ningún ojo ajeno pudiera entrar en nuestro mundo más íntimo y personal.

Poco o nada se imaginaba nuestra protagonista de hoy, que comenzar con ese hábito le convertiría en un referente en la literatura mundial. Pero una literatura un poco peculiar para la época en la que la tocó vivir, hablamos de la literatura erótica.

Mañana, 14 de Enero, hará cuarenta años que falleció una mujer a la que se la ha reconocido como pionera en la liberación de la mujer. Hoy queremos recodarla y conocer un poco más a Anaïs Nin, mujer transgresora que poco le importó vivir la vida a su manera. Ella sólo tenía una regla: saltárselas todas.

Provenía de una familia de artistas: su padre Joaquín Nin, era compositor y pianista de origen cubano y español, y su madre, Rosa Culmell, fue una cantante cubana de origen francés y danés.

Con estos antecedentes familiares, no es de extrañar que cuando un 21 de febrero de 1903, en la ciudad de Neuilly viniera al mundo la pequeña, le pusieran un nombre con carácter y poderoso: Ángela Anaïs Juan Antolina Rosa Edelmira Nin.

Su infancia trascurrió entre las bambalinas de escenarios donde actuaban sus padres, pero cuando Anaïs tenía once años su padre las abandona. Este hecho marcó su adolescencia; la rabia y la impotencia por el abandono, la nueva situación en la que se quedaban su madre y ella, en definitiva, la ira. Todo esto que cocía en su cuerpo necesitaba plasmarlo, y no se le ocurrió mejor manera de hacerlo que escribiendo una carta dedicada a su padre. En esas primeras líneas de blanco sobre negro, Anaïs mostró una crudeza inusual para una niña de su edad, aunque le sirvió de alivio y le ayudó para comenzar a escribir diariamente sus vivencias.

Hastiada de la monotonía de los estudios, los abandona para comenzar una incipiente carrera de modelo y bailadora de flamenco; sí continua con su costumbre de escribir a diario esos manuscritos que todavía no han de ver la luz. Con 19 años se casa con el banquero Hugh Guiler; el matrimonio se instala en París donde nuestra protagonista poco amiga de la rutina, sigue escribiendo y comienza a tomar clases de danza española con Francisco Miralles Arnau.

La lectura era otra de las pasiones de Anaïs; vislumbra un rayo de esperanza en los libros de D. H. Lawrence, cuando se sumerge en ellos se siente viva, fuera de lo establecido, y más aún, dueña de su propio universo. Esto le hace decidirse convertirse en escritora, publicando en 1930 un ensayo sobre el autor que le demostró de alguna manera el camino a seguir.

En ese momento, a la escritora se le abre un mundo bohemio en el que se sumerge con avidez. Lo que no se esperaba Anaïs era conocer a Henry Miller, con el que comienza un tórrido idilio que dura años. Ella amaba a Guiler, pero esta mujer que navegaba a contracorriente no podía callar la pasión se que sentía cuando estaba con Henry. Él también estaba casado, su esposa June no sólo dio el beneplácito a la relación entre ellos, sino que también se sintió atraída por la arrolladora sexualidad de Anaïs, iniciándola en el voyerismo y el safismo.

Entre tanto Guiler lejos de sentirse ofendido, le dejaba ir y venir a su antojo, amaba tanto a Anaïs que no quería perderla. En esta vorágine, otro hecho relevante se cruza en su vida, y es que después de 20 años del abandono de su padre, vuelven a reencontrarse. Hemos de suponer que Anaïs tenía un fuerte complejo de Edipo pues comienza con Padre (en sus diarios siempre le describe con este término) una relación incestuosa; en sus diarios describe estos encuentros con una alta carga sexual.

Paralelamente a su azarosa vida sentimental Anaïs seguía escribiendo; se traslada a Nueva York donde escribe Invierno de artificio y pone a la venta La casa del incesto, edición que realiza de manera totalmente artesanal en una pequeña imprenta instalada en una buhardilla de Macdougal Street.

Aquí es donde se convierte en la primera mujer que publica relatos eróticos, y los firma con su nombre real, cosa impensable en aquella época. Junto a Miller realiza una recopilación de relatos eróticos y pornográficos, nace con el nombre Delta de Venus y con un claro ejemplo de inspiración, el Kamasutra.

Ferviente feminista, no quería exclusividad con sus amantes, de hecho los incitaba a ver a otras mujeres; tampoco se divorció de Guiler que consentía sus devaneos sexuales y le ayudaba económicamente. Se negó a ser madre, decía que solo quería vivir para el amor del hombre y el de artista. Incluso aún estando casada con Guiler, contrajo matrimonio con Rupert Pole iniciando una doble vida. Una década paso entre su vida con Pole en Los Ángeles y con Guiler en Nueva York.

Por supuesto, su “oficial” marido sabía que Anaïs tenía una relación con Pole, lo que no imaginaba es que incluso habían contraído matrimonio. Por eso, cuando en 1966 fueron publicados los diarios donde había ido dando forma de a su mundo más íntimo, Anaïs se divorcia de Pole por miedo a que Guiler descubriera su poliandria.

El éxito de los diarios fue absoluto, leer los sentimientos más profundos de una mujer cuya vida fue la que ella eligió libremente, sin imposiciones, sin reglas, hizo que muchas mujeres oprimidas por la sociedad masculina se liberaran. Antes de ella muy pocas mujeres habían abordado la literatura erótica femenina, Anaïs lo consiguió.

Reconocida públicamente por sus diarios, a Anaïs aún le quedaba una última batalla por librar, ya que se le detectó un cáncer de ovarios. Estos últimos años Pole estuvo con ella, a pesar de haberse divorciado, seguían teniendo una excelente relación. Anaïs peleó, siempre había hecho lo que le daba la gana y no iba a permitir que un cáncer de ovarios le quebrara la vida, aunque no pudo ganar y el 14 de enero de 1977 falleció en Los Ángeles.

Como no podía ser de otra manera, Anaïs no fue enterrada, sus cenizas fueron esparcidas por el mar. Ella no era mujer para haber permanecido a dos metros bajo tierra, Anaïs era libre, siempre lo había sido y su espíritu se mueve libremente allá donde quiera que esté.

Clara Redondo

Clara Redondo

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