Mujeres Ilustres: Clara Campoamor

Mujeres Ilustres: Clara Campoamor

Mujeres Ilustres: Clara Campoamor

Clara Campoamor fue una mujer muy importante en la historia de España que luchó por los derechos femeninos, hecho que caracterizó su andadura política, y que ha sido casi ninguneada a lo largo de la historia.

Nace en la capital española el 12 de febrero de 1888, en el barrio madrileño de Maravillas, dentro de una familia humilde. Debido a la muerte de su padre, tiene que abandonar sus estudios y ponerse a trabajar a edad temprana. A los 33 años comienza a estudiar bachillerato y posteriormente Derecho. En 1925 Clara, junto a Victoria Kent, se convierten en las primeras mujeres que abren un bufete de abogados en Madrid. Clara se especializó en el Reconocimiento de hijos naturales. Ya desde 1918 entra en contacto con organizaciones de mujeres que se van constituyendo en España y en 1928 funda, con otras 4 mujeres más, la Federación internacional de Mujeres de carreras Jurídicas en Paris. Y en 1930 participa en la fundación de la Liga Femenina Española por la Paz.

Tras la dictadura de primo de Rivera, forma parte del Partido Radical y se presenta a las elecciones de 1931 para las Cortes constituyentes de la Segunda República y obtiene un escaño como diputada por Madrid, siendo la primera mujer que habla en las Cortes Españolas. Con un magistral discurso, el día 1 de octubre de 1931 en él defiende a toda costa el sufragio femenino (con la oposición incluso de sus propios compañeros de partido) y de la diputada socialista Victoria Kent, quien defendía que era peligroso conceder el voto a la mujer; había que aplazarlo hasta que la mujer conviviera con la República durante un tiempo, antes de tener derecho al voto para no poner en peligro el proyecto político transformador; a pesar de ser las únicas mujeres presentes, mantenían posturas opuestas.

Además de tener que enfrentarse a opiniones tan absurdas como que “otorgar el voto a la mujer sería como dárselo al cura o la religión, que la mujer española era retrógrada en cuanto a política y darle el derecho al voto sería acabar con la República, que podría dársele el derecho a ser elegida pero nunca que fuera electora, incluso había quien afirmaba que la mujer era puramente “histerismo” y por ello voluble y versátil…a pesar de todo esto, gana la propuesta de Clara, “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”. Finalmente triunfó su ideal que se hizo realidad el 19 de Noviembre de 1933, día en el que las mujeres españolas participan por primera vez en un proceso electoral en las mismas condiciones que los hombres, pudiendo ejercer su derecho al voto.

Gana la derecha y los partidos de izquierdas y republicanos culpan de ello a Clara, apartándola de su partido. Solicita su ingreso en el Partido Izquierda Republicana, pero le es denegado tal ingreso.

En 1936 tras el golpe militar del General Franco contra la República Española, Clara se exilia en Francia, a casa de su amiga Antoinnete y empieza a ser víctima de la ceguera y enferma de cáncer.

Resulta curioso conocer la casualidad de que el cura que bautizó a Clara Campoamor, se llamara Francisco Franco, coincidiendo en nombre, con la persona que la persiguió por masona y que se encargó de borrar de un plumazo los logros conseguidos durante la República.

En 1938 se instala en Argentina, contaba entonces con 50 años. En 1947 visita España durante dos meses, anhelando su país, y en 1951 hace un segundo intento de regresar a España. Investiga sobre su situación y le comunican que, aparte de acusarle de haber permanecido a la masonería, existe también una orden de detención en todos los puestos fronterizos; para poder permanecer en España tendría que presentarse ante el tribunal, retractarse de sus ideas masónicas, delatar a compañeros masones y aportar pruebas contra ellos. Como Clara no estaba dispuesta a convertirse en delatora para ganar su libertad ni a asumir un delito que nunca cometió, supo desde entonces que jamás podría regresar a España, por lo que se marcha a Laussanne (Suiza), en 1955.

Nunca más se arriesgó a entrar en España y fue conociendo los acontecimientos de nuestro país gracias amigos que le iban informando y enviando recortes de periódicos donde le animaban, indicándole que el fin de Franco estaba cerca y de que podría volver a su país. Clara se deprimía viendo que aún en España las mujeres estaban sometidas a la obediencia y sumisión del marido; que tuvieran las puertas cerradas para cargos y empleos públicos, que necesitaran el permiso del marido para poder trabajar, abrir cuentas en bancos u obtener el carnet conducir. Se sentía entonces impotente para seguir luchando por las mujeres de su país y que éstas recuperaran lo que les habían robado, veía el retroceso de España y la vez era consciente de como su vida se apagaba poco a poco. Sólo pidió a su amiga Antoinette que ya que no podría pisar España viva, sus huesos pudieran descansar en nuestro país.

Clara Campoamor fallece el 30 de abril de 1972 a los 84 años y después de algunos años sus restos regresan a España, tal como ella quería, al cementerio de Polloe, en San Sebastián, conservándose en el Panteón de la familia Monsó Rui.

Es importante que las generaciones presentes y futuras no olviden el nombre de Clara Campoamor, una mujer tenaz, luchadora y valiente, defensora de la República y de los derechos de las personas, siempre firme en su convicciones y a la que tenemos mucho que agradecer porque a la vez que cambió su historia, también cambió la nuestra. Su gran legado fue el reconocimiento de un derecho y que todos los miembros de una sociedad tengan las mismas oportunidades

Al igual que otras mujeres lucharon posteriormente para que Clara tuviera un busto en el Congreso de los Diputados, y conseguirlo 75 años después, ella luchó también por que se levantara un monumento a Concepción Arenal, que finalmente se hizo realidad durante la dictadura de Franco, y que Clara Campoamor no llegó a ver nunca.

Mª Ángeles Moreno

Mª Ángeles Moreno

mangeles@guiadecementerios.com

Mujeres ilustres: Josefina Blanco Tejerina

Mujeres ilustres: Josefina Blanco Tejerina

Mujeres ilustres: Josefina Blanco Tejerina

Hoy, en el Día Mundial del Teatro, nos unimos a la conmemoración del día, escribiendo sobre Josefina Blanco Tejerina, una gran actriz de su época que por casarse con su esperpéntico marido, fue relegada a un segundo plano.

Nació en León en 1878 en una familia ya con antecedentes teatrales: su padre, Pedro Blanco, era un actor aficionado conocido en la capital leonesa. Su tía, Concha Suárez, también actriz, le introdujo en el mundo de la farándula ya desde muy niña, pues en 1886 se va de gira con ella por las ciudades de Cádiz y Barcelona.

Mujer pequeñita, de ojos rasgados y boca sensual, como era descrita, Josefina enseguida destacó como actriz de teatro, siendo al principio sus papeles encasillados en el papel de mujer ingenua y frágil, que según los críticos de la época, desempeñaba con grandeza sobre el escenario. La misma María Guerrero ya en 1894 hablaba maravillas de su potencial, tanto que años más tarde acabaron trabajando juntas.

Es en 1898 cuando representaba La Comida de Fieras de Jacinto Benavente, conoció a su futuro marido, con el que compartía escenario. Volvió a encontrarse con él en Diciembre de ese mismo año, cuando, otra vez representando una obra de Benavente, participó en un pequeño festival para recaudar fondos a favor de su compañero de escena hacía unos meses, el cual había perdido su brazo debido a la gangrena por una acalorada discusión con el periodista Manuel Bueno y se buscaba dinero para comprarle un brazo ortopédico.

 

Las alabanzas y buenas críticas eran constantes en cualquiera de los papeles que representara; poco a poco se fue despojando de su halo de ingenuidad en los personajes que se le daban. Cuando ya casi estaba a punto de convertirse en una gran dama de la escena española, como ya lo eran María Guerrero o Margarita Xirgú (a la que el marido de Josefina llegó a hacer llorar en público en un escenario cuando le espetó desde el patio de butacas, no su mala actuación, sino el mal texto que estaba interpretando), contrajo matrimonio el 24 de agosto de 1907, con quien ya imagino que habréis adivinado, Ramón Mª del Valle-Inclán. El nacimiento casi seguido de su primera hija hizo que su vuelta a los escenarios se complicara.

Mientras su carrera languidece, su marido va resplandeciendo, y reedita sus obras, que ella además, corrige.

No es hasta 1910 cuando Josefina vuelve a pisar las tablas, esta vez en Argentina, donde con Cuentos de Abril, ella vuelve a consagrarse como actriz y su marido, alcanza su reconocimiento como autor. Es en esta gira donde Josefina deja la compañía de teatro con la que llegó y se vuelve a la península formando parte de la de María Guerrero, donde vuelve a recaudar grandes éxitos hasta que en 1912 se retira nuevamente por el traslado de la familia a Galicia.

A Josefina este destierro no le gusta nada, ya que pasa de estar sobre su adorado escenario a tener que encargarse ella sola de su familia pues su marido pasaba largas temporadas en Madrid. En 1918 vuelve a los escenarios, esta vez en la compañía de Margarita Xirgú con una obra de Galdós.

En 1932 decide divorciarse de su marido, y con la custodia de su hija pequeña, intenta volver a los escenarios, pero su momento ya había pasado,

En Enero de 1936 fallece Valle- Inclán, y Josefina ejerce todos sus derechos, con ayuda de su abogada, Clara Campoamor, para recuperar la custodia de todos sus hijos menores y el legado de su marido, y así editar todas las obras juntas. Pero su idea se va al traste cuando comienza la guerra y el Teatro de la Comedia, en el que trabajaba, cierra.

Se traslada a Barcelona durante los años de la guerra con sus hijos, y cuando acabó esta, se trasladó a Pontevedra. Allí luchó por preservar la memoria del que fuera su marido editando sus obras, cosa que a día de hoy sabemos que consiguió pues si no es probable que hoy no existiera ninguna estatua de su figura en las calles de España, ni le hubiesen puesto su nombre a institutos, etc… Este no fue un trabajo fácil, ya que su legado estaba repartido entre el último piso en el que había vivido en Madrid, saqueado durante la guerra, y sus obras en la Academia de España en Roma. Pero como mujer persistente y fuerte que era, consigue editar todas las obras de Valle-Inclán en 1944 .

Nunca le gustó hacer declaraciones ni mostrarse a la prensa; de hecho sólo se conservan dos entrevistas, en la que destaca su obra favorita de su marido, Tirano Banderas.

Josefina Blanco falleció en su piso de Pontevedra el 19 de Noviembre de 1957. Quiso ser enterrada junto a su hijo Joaquin, fallecido en 1914, y allí reposan juntos bajo los arcos de la preciosa iglesia de Santa Mariña de Dozo.

Genial, viva inteligente,

No hay cual la Blanquito, dos.

Con su arte, modestamente, dio triunfos a Benavente

Y laureles a Galdós.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Offtopic: No somos invisibles

Offtopic: No somos invisibles

Offtopic: No somos invisibles

“Las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes”

Esta perla no pertenece al Medievo, ni siquiera al siglo XIX, son palabras dichas por un eurodiputado hace unos días en pleno siglo XXI.

El 8 de marzo se reivindica el papel de la mujer en la sociedad, aunque en origen se comenzó este movimiento para reclamar la igualdad de la mujer en el trabajo, actualmente también se reivindica el derecho para todas las personas a trabajar el día 1 de Mayo, sea cual sea su sexo. Si aquellas mujeres en el Nueva York de 1857, cuando salieron a protestar por las calles condenando de manera enérgica sus míseras condiciones laborales, vieran que 160 años después la semilla de la diferencia entre sexos sigue vigente, seguramente alzarían más su protesta para llegar a todos los rincones del planeta.

Casualidades de la vida, el equipo de Guía de Cementerios está formado solo por mujeres. Por eso desde aquí nos sumamos a las protestas, que aunque pensamos que deberían ser a diario, nos gustaría que no se viera como un grito de rebeldía, sino como un pensamiento en voz alta, un pequeño alegato de incredulidad ante semejante panorama. Así pues, queremos rendir tributo a un grupo de mujeres cuya historia en su momento se escondió, pero que con los años se les ha ido dando cara y nombre, mujeres fuertes e inteligentes.

Empezaremos por una mujer cuyo deseo sólo era mantener a Egipto fuera del gran Imperio Romano. Última reina del Antiguo Egipto, para mantener su reino a salvo de la expansión romana, mantuvo sendas relaciones con dos de los mayores líderes romanos, Julio César y Marco Antonio. Ya imaginareis que estamos hablando de Cleopatra, las historias románticas que nos ha llegado a través de la historia nada tiene que ver con la realidad. Cleopatra fue una increíble estratega, capaz de realizar alianzas políticas con tan insignes caballeros para poder mantener su reinado.

Ya en el siglo XVIII las mujeres reivindicaban sus derechos, Mary Wollstonegraft, además de escribir Frankenstein, fue la primera mujer en decir públicamente que hombres y mujeres debían ser tratados como seres iguales y racionales, (y cuatro siglos más tarde se sigue reivindicando lo mismo). Su libro “Reivindicación de los derechos de la mujeres” argumentaba que las mujeres no eran inferiores por naturaleza, si no que la falta de medios como el no poder acceder a la educación generaba esa diferencia sustancial entre ambos sexos. Hoy en día la gran mayoría de las mujeres podemos acceder a la educación y aún así sigue habiendo esa diferencia en muchos campos. ¿Por qué?

¿Os imagináis la vida de hoy en día sin ordenadores, ni móviles? Yo no, pues fue una mujer la que se convirtió en pionera en el campo de la programación y la computación allá por principios del siglo XIX. Ella, Ada Lovelace fue la única que previó la capacidad que podrían tener las computadoras, mientras Babbage se centraba únicamente en los posibles cálculos numéricos de esta.

¿Y qué decir de Marie Curie? Mujer, física y química que fue pionera en el campo de la radiactividad y ser la primera persona en recibir dos premios Nobel. Para rematar también fue la primera mujer en ser profesora de la universidad de París.

Desconocida es Kherter Anchimaa-Toka, nacida en el seno de una familia humilde y analfabeta. Perseverante consiguió aprender a leer y llevar la alfabetización a su población. Esto le llevo a ser admitida en la Universidad Comunista del Este de Moscú, tras graduarse volvió a su país natal y en tan solo cinco años consiguió la presidencia del congreso de su país, convirtiéndose en la primera mujer en conseguir un puesto así en todo el mundo.

En España también muchas mujeres han pasado sin pena ni gloria por la historia. ¿Sabéis que la primera periodista permanente en un país extranjero y corresponsal de guerra fue una mujer? Si, Sofía Casanova, esta coruñesa fue trabajadora del diario ABC en Polonia y Rusia. Gracias a su trabajo entrevistó a personajes como Marie Curie, Tolstoi y Morel Fatio. Poetisa consagrada a los veinte años, el propio Alfonso XII costeó la edición de su libro “Poesías”.

Seguimos en el mundo de la prensa para darle los méritos que se merece a María Luz Morales. Dirigió el periódico La Vanguardia, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo en España, además en plena Guerra Civil. Un hito histórico si tenemos en cuenta que actualmente, ninguno de los principales periódicos está dirigidos por una mujer.

Y en plena Guerra Civil también llegó para hacerse cargo del ministerio de Sanidad una mujer, Federica Montseny. Ella es la que estableció las reformas necesarias en el Gobierno sobre la salud pública. Adelantada en el tiempo fue pionera sobre la prevención de la enfermedad, el control de natalidad y reguló el decreto de la interrupción voluntaria del embarazo. Pensando en las mujeres quiso acabar con la prostitución, creó unos espacios donde las prostitutas podían entrar y salir sin coacción, en estos conocidos liberatorios estudiaban, recibían tratamiento médico y era preparadas para incorporarse al mundo laboral con la autoestima necesaria.

Y no queremos dejar de mencionar a nuestras Sinsombrero, tenemos que reconocer que estamos completamente enamoradas de estas mujeres. Cada una de ellas esconde una historia, “su” historia que por desgracia fue quedando en el olvido y que poco a poco se va desempolvando para darlas a conocer. Maruja Mallo, Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez o Ángeles Santos; pintoras, escultoras, poetisas, artistas que estaban profundamente comprometidas en el tiempo que las tocó vivir, aunque su actitud rompedora y abierta en un España convulsa a muchas de ellas no les trajo más que desgracias.

Para terminar nuestro más profundo respeto a todas las mujeres anónimas, las que se levantan a las cinco de la madrugada para sacar adelante a su familia, las que a pesar de trabajar multitud de horas aún sacan tiempo para jugar con sus hijos, las que estudian y trabajan al mismo tiempo, todas aquellas mujeres que a pesar de los tiempos modernos que vivimos aún tienen que oír y sentir atrocidades sólo por el simple hecho de ser mujer.

 

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Mujeres Ilustres: Irena Sendler

Hay personas que nacen con un don. El don de poseer una bondad infinita, donde tú no eres lo importante, son más importantes los demás. Si a eso le sumamos que los beneficiarios de esa bondad son los niños me atrevo a decir que estamos hablando de un ángel de la guarda.

Nuestro ángel era tan humilde y discreto, que su historia se mantuvo agazapada en los recovecos de la historia por más de medio siglo. No era mujer de aladear lo que hizo, pues el periodo que le tocó vivir fue duro, de hecho uno de los más negros de la historia de la humanidad. Por eso cuando su historia fue desempolvada en 1999 por un grupo de estudiantes de Kansas, decidieron darla a conocer. Hecho que nosotras agradecemos infinitamente pues hoy, hubiera sido el cumpleaños de Irena Sendler, y que mejor manera de felicitarla que dando a conocer todo el bien que hizo.

Irena nació un 15 de febrero en Varsovia y su don se vio fortalecido gracias a la educación recibida por su padre, un reconocido médico que atendía a sus pacientes sin hacer distinciones de credos ni de razas. Es más, la comunidad judía constituían su mayor número de pacientes, mientras otros colegas los rechazaban, el doctor Stanislaw los atendía con la mayor premura posible. Bajo este entorno de no juzgues y no serás juzgado creció Irena.

Por desgracia su padre contrajo el tifus por cumplir con su trabajo, y falleció dejando a Irena huérfana con tan sólo 7 años. Le dejó una gran herencia, dos reglas que cumpliría hasta el final de sus días: las personas se dividen en buenas o malas, independientemente de sus creencias o sus culturas, se las juzga por sus actos y siempre ayudar a quien lo necesite. Bajo esta premisa y gracias a que la comunidad judía le sufragó los estudios en agradecimiento por los servicios de su padre, Irena pudo estudiar y hacerse enfermera.

En cuanto cumplió la edad necesaria comenzó a trabajar en los servicios sociales de Varsovia, llegando a ser muy conocida por ayudar a todo aquel que lo necesitara. Seguramente así hubiera sido su vida, sino es porque en el año 1939 Alemania invade Polonia; entonces el trabajo realizado por Irena se intensifica: comedores sociales, reparto de ropa y dinero para los judíos que ya comenzaban a ser capturados y llevados a campos de concentración nazis.

Lo que ya no pudo soportar esta gran mujer es que los soldados alemanes comprimieran a la comunidad judía en un reducto de la ciudad separado por un muro, el que sería conocido como el Gueto de Varsovia. Irena quería ayudar y sobre todo intentar salvar a quien sería el futuro: los niños.

De primeras, consiguió identificaciones de la oficina sanitaria; el tifus no había desaparecido y como los alemanes tenían miedo de contagiarse, dejaban que los polacos controlaran sanitariamente el gueto. Esto Irena lo aprovechó al máximo.

Habló con las madres y abuelas que tenían niños a su cargo. No podía prometer que los niños llegaran sanos y salvo a ningún lugar, pero al menos tenía que intentarlo y siempre sería mejor que acabar en un campo de concentración nazi. Imaginaros el momento, esas madres y abuelas que han perdido a sus hombres tienen que decidir separarse de sus niños aún sabiendo que no es seguro que tendrán una oportunidad, duro, durísimo

No siempre las familias accedían a la primera, y muchas veces en el periodo de tiempo en que Irena salía del gueto y volvía para replantear a las familias el intentar salvar a los niños se encontraba que esas familiar ya habían sido llevados en tren a los campos de la muerte. Esto hacía que Irena luchara con más fuerza aún por salvar a los pequeños. Tanta fuerza sacó que cualquier medio era válido para salvar a los niños: sacos de patatas, restos de basura, cajas de herramientas, féretros a los que hacía pequeños agujeros para que los niños pudieran respirar, incluso sacó a algún pequeño haciéndolo pasar por un enfermo de tifus. Esta mujer con un corazón que no le cabía en el pecho, siempre pensando en los demás, consiguió con una tenacidad enorme poder dar una pequeña esperanza a 2500 niños. Sí, 2500 niños. Oskar Schindler, salvó a 1.200 judíos.

A los niños sacados del gueto les iba asignando un nombre católico a la vez que los ubicaba donde pudiera: monasterios, conventos, familias católicas que los acogieron. Pero Irena no sólo los salvo la vida, ella quería que el día de mañana cuando todo el infierno se hubiera terminado “sus” niños supieran de donde provenían, sus verdaderos nombres, sus raíces.

Así que ideó un archivo muy peculiar, en pequeños trozos de papel iba escribiendo los nombres reales de los niños, lugar de nacimiento, nombres de los padres, lugar al que era reubicado. Todo esto lo fue metiendo en pequeños botes de cristal, y los enterró bajo el manzano de una vecina, allí se quedarían hasta que los nazis se marcharan.

Pero los nazis no se marcharon tan pronto como Irena se esperaba, al contrario, se enteraron de la labor que hacía esta mujer y la detuvieron un 20 de octubre de 1943. Irena pasó su propio infierno personal, los nazis la torturaron por horas, le partieron los pies y piernas; pasó a ser trasladada a la prisión de Pawlak, donde los carceleros alemanes la tenían atemorizada. Ella, poseedora de una preciosa información para los alemanes, no abrió la boca, no traiciono a sus niños ni a los que la ayudaron en esta peligrosa tarea. Nada, no dijo nada, ni siquiera dijo nada cuanto la condenaron a muerte.

Pero como bien dijo su padre, hay personas buenas y personas malas; se salvó de la muerte gracias a sobornos de los miembros de Zegota, que vieron en Irena una esperanza para los niños. El día marcado para su ejecución fue un soldado alemán para según él, llevarla a un interrogatorio “de última hora”; nada más salir le dijo en polaco que corriese sin mirar atrás. Y así fue, corrió hasta ponerse a salvo, para todo el mundo el nombre de Irena constaba en la lista de polacos ejecutados, pero la realidad es que Jolanta – su nombre en clave- continuó trabajando con una identidad falsa en la resistencia.

Una vez terminada la guerra, pudo desenterrar esos pequeños frascos donde estaban los orígenes de sus niños, esas identidades olvidadas ya se podían poner junto a un rostro y una historia. Se las entregó al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos supervivientes. Descubrieron con pena que la gran mayoría de las familias de los pequeños habían sido asesinadas en los campos de concentración, aunque unos pocos pudieron volver a reencontrarse con algún miembro de las desmembradas familias.

Irena continuo con su vida, se casó, tuvo familia y jamás dijo nada de lo vivido, pero una vez que fue dada a conocer llegaron los reconocimientos públicos. Ella tímida y humilde hasta la saciedad, pudo volver a ver a algunos de sus pequeños ángeles, esta vez ya eran adultos y pudieron agradecer a “Jolanta” el haberles salvado la vida.

Aún así cuando le preguntaron por qué hizo lo que hizo, su respuesta fue rápida: sólo hacia mi trabajo. Incluso dijo que siempre le acompañó la pena de no haber salvado más niños. Irina falleció el 12 de mayo de 2008 y sus restos descansan en el cementerio Powazki, en su Varsovia natal.

Desde aquí, muchas felicidades Irena, y como dijiste en una ocasión:

No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades.

Traten de hacer un círculo de bondades, éstas las rodearán y las harán crecer más y más”.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Mujeres Ilustres: Mary Shelley

Imaginad una tarde aburrida y lluviosa. De domingo, por ejemplo, para hacerla más aburrida aún. Ahora, trasladadla al siglo XIX, no podéis mirar ni Facebook ni Twitter. ¿Qué haríais?

La mujer de la que hablamos hoy, en esa situación, lejos de quedarse babeando en un sofá hasta la hora de acostarse, escribió Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Wollstonecraft Shelley fue una niña que recibió una educación muy avanzada para su época, gracias a que su padre, siempre en contacto con intelectuales, le instruyó en diferentes materias, además de tener una institutriz y una tutora que le acercaron a la historia clásica leída en su idioma original. Gracias a esta cultura recibida, Mary destacó enseguida como una adolescente inteligente y curiosa, de libre pensamiento y con un ansia voraz por estar siempre aprendiendo.

Viaja mucho a Escocia por recomendación de su padre, y allí conoce a Percy Bysshe Shelley, poeta que visitaba mucho a su padre por mitivos económicos. Ambos acabaron peleados, pero el amor entre Mary y Percy surgió y ambos huyeron a Francia, para viajar por Europa durante dos años.

Mary volvió de este viaje embarazada, denostada por su padre, y sumida la pareja en una tremenda pobreza.

Esta situación, unida al fallecimiento de su hija a muy corta edad, sumió a Mary en una gran depresión. No fue hasta 1816, tras el suicidio de la mujer de Percy, que pudieron casarse y así adoptar el apellido de su marido, por el que ha sido reconocida en el tiempo.

Ese mismo año, la pareja decide pasar el verano cerca de Ginebra, en una casa de campo junto a Lord Byron y John Willian Polidori. El clima del lugar elegido para pasar estas vacaciones dejaba mucho que desear, ya que las tormentas eran constantes, y debían pasar días encerrados en casa. Fue en uno de estos momentos de hastío, en los que hasta al mismo Lord Byron se le habrían acabado las ganas de escribir poemas bucólicos viendo la lluvia resbalar por el cristal, cuando él mismo propuso escribir a los allí congregados, una historia de terror que más tarde leerían. De esa hartura de lluvia, nació Frankenstein o el moderno Prometeo, que en un principio iba a tratarse de un relato corto.

Pero la vida de Mary Shelley no fue más que un cúmulo de desgracias. En 1818, los Shelley se marchan a Italia, donde Mary tiene varios partos prematuros hasta nace el único hijo que sobrevivió, Percy Florence (llamado así por haber nacido en la ciudad de Florencia). En 1822, su marido muere al volcar su velero. Sumida en una gran tristeza, manda incinerar su cuerpo pero conserva su corazón, que mantendrá en su escritorio hasta el final de su vida.

Feminista, polémica y gran escritora, no sólo Frankenstein está entre sus obras, si no que varios ensayos, novelas históricas y apocalípticas, además de biografías y libros de viajes, forman parte de la prolífica obra de Shelley.

Pero no sólo publicó bajo su nombre de casada, Mary Wollstonecraft publicó La Vindicación de los derechos de la mujer (1792) considerada una de las primeras obras de la literatura y filosofía feministas.

Fallece a los 53 años aquejada de un tumor cerebral, que desde 1839 llevaba haciendo estragos en su cuerpo, provocándole fuertes dolores de cabeza y parálisis en distintas partes del cuerpo.

May había pedido ser enterrada junto a sus padres, pero su hijo Percy, alegando que el cementerio de St. Pancras estaba en mal estado, deciden darle sepultura en la iglesia de St. Peter en Bournemouth, cerca de donde había pasado una parte de su vida.

En el primer aniversario del fallecimiento de Mary, su familia revisó el escritorio en el que trabajaba: allí encontraron trozos de cabello de sus hijos fallecidos, un cuaderno que había compartido con su marido, y dentro de este, envuelto en una hoja de seda, una copia del poema Adonaïs, escrito por Percy y restos de sus cenizas y corazón.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

Mujeres Ilustres: Las dos Marías

“Mira, por ahí vienen las dos Marías”. ¿Os lo han dicho alguna vez? Sobre todo a las mujeres, que somos más de ir enhebradas del brazo de una amiga. ¿Pero sabemos de dónde proviene este particular dicho? Hoy queremos homenajear a dos mujeres, o a una, porque era tal la simbiosis entre estas dos hermanas, que podríamos decir que eran una sola. Eran como el Yin y el Yang; Maruxa (el Yin) falleció en 1980 y Coralia (el Yang) el 30 de enero de 1983. Ese día, el símbolo de armonía se volvió a unir para complementarse allá donde quiera que estén.

Maruxa y Coralia provenían de cuna obrera, de una gran cuna, pues eran 11 hermanos. Corría el año 1925 cuando la Confederación Nacional del Trabajo abre su sede regional en Santiago de Compostela. Uno de los hermanos, Manolo Fandiño Ricart se convierte en su secretario general, y se unen a la causa dos hermanos más; Alfonso y Antonio, que se convierten en militantes activos del movimiento anarquista.

El sentimiento de ánimo y esperanza estaba instalándose en Santiago. Ya por aquellos años las hermanas Fandiño paseaban por la ciudad ataviadas con ropas hechas por ellas mismas: siempre vestían de colores vivos, muy vivos, una tremenda mezcla de tonos brillantes con complementos igualmente llamativos. Los estudiantes de la época, divididos entre republicanos y católicos, ya las apodaban según su conveniencia: para unos eran “Libertad, Igualdad y Fraternidad” mientras que para los otros eran “Fe, Esperanza y Caridad” (no creo que tenga que decir quién las llamaba de una manera o de otra, es evidente). Y diréis, ¿Por qué habla de tres, si eran dos? Al principio, las “Marías” eran tres, pues con Maruxa y Coralia paseaba también su hermana Sara. Sariña era más pequeña, y lamentablemente falleció a temprana edad, dejando el trío en un triste dueto.

A este amargo suceso, se le une otro que cambiaria sus vidas para siempre: El día 18 de julio de 1936, inicio de la Guerra Civil, la represión franquista fue durísima, el odio, los asesinatos, y sobre todo el miedo, fueron diluyendo los sueños revolucionarios de muchas personas.

Como podréis imaginar, en Santiago fueron directos a por la familia Fandiño Ricart. Los hermanos tuvieron suerte y pudieron escapar. Manolo se escondió durante muchos años. Antonio, que por aquel entonces había ido adquiriendo más responsabilidad en la organización, huyó, aunque fue apresado; sufrió la tortura en sus carnes y fue encarcelado durante más de veinte años por los franquistas. Alfonso cogió un barco en el puerto de Muros.

Y aquí es donde comienza la pesadilla de estas dos mujeres; la Policía Social se personó en casa de los Fandiño para “instarlas” a delatar el paradero de sus hermanos. ¿En serio? Tus hermanos consiguen escapar de una muerte segura y ¿Tú vas a delatarles? Como podréis imaginar Maruxa y Coralia no abrieron la boca. ¿Qué les supuso este silencio? Registros de madrugada, vejaciones como dejarlas desnudas en la calle para sufrir la mofa y pitorreo del personal, incluso se dice – aunque no está confirmado- que las llegaron a violar cuando las subían al monte Pedroso de Santiago.

Siguieron sin abrir la boca, pero esta humillación y los malos tratos continuados hicieron mella en ellas; su trabajo de costureras se vio dañado porque los clientes dejaron de llevarle ropa para arreglar, a ojos de todo el mundo “era una familia anarquista” y claro, no iban a identificarse con ellos. Las mujeres de la casa tuvieron que vivir durante décadas bajo la presión de las amenazas, el pelo rapado y el vacío social.

Aunque también hay que decir que hubo personas con corazón. Sus vecinos, los que las conocían de toda la vida, les dejaban pequeñas cantidades de dinero en los comercios para que ellas pudieran ir comprando lo necesario para sobrevivir. A principios de los años 60, un fuerte temporal destrozó el tejado de la casa familiar, y nuevamente los vecinos se organizaron para recaudar algo de dinero; la colecta fue tan impresionante que llegaron a reunir 250.000 pesetas de la época.

Maruxa y Coralia, que pasaron por penurias y humillaciones, habían conseguido hacerse un hueco en el corazón de los compostelanos, siempre juntas, agarraditas del brazo, paseaban por la ciudad sin importarles ya nada, ya lo habían sufrido todo. Aliviaron su locura y dolor a través de los colores de su ropa y piropeando a los estudiantes, eran un grito de libertad dentro de ese aire pesado del régimen.

Pero el círculo perfecto de amor entre hermanas, la amistad y la camaradería se truncó cuando falleció Maruxa. Fue inhumada en el cementerio de Boisaca, tumba número 991 junto a tres de sus hermanos y a su madre. Coralia, coja sin su sostén, se marchó a vivir con una hermana al puerto de A Coruña, pero no se adaptó. Sentía morriña, por su hermana, su ciudad y sus largos paseos diarios. Como Dorothy en el Mago de Oz, siempre preguntaba cual era el camino para volver a casa, y así estuvo hasta que dos años más tarde, un 30 de enero, falleció para por fin reunirse con su compañera de paseos.

No pudo ser, a Coralia la enterraron en la tumba 3196 del mismo cementerio de Boisaca, junto a los restos de su padre. Fue en 2014 cuando el Ateneo de Santiago comienza una iniciativa popular para poder juntar a las dos hermanas y homenajearlas colocando una placa en su memoria.

En la Alameda de Santiago también existe una famosa escultura que representa a las dos Marías. Como no podría ser de otra manera, van juntas del brazo, su ropa de vivos colores e incluso Maruxa está guiñando un ojo de manera pícara para seguir piropeando al estudiante que se cruce con su mirada. Lo que no saben muchos, de la tierra o no, es la historia que se esconde detrás de estas dos mujeres que mostraron su rebeldía a golpe de maquillaje.

Clara Redondo

Clara Redondo

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