Historia de los coches fúnebres

Historia de los coches fúnebres

Historia de los coches fúnebres

Como solemos tener la manía de morir en lugares distantes a donde vamos a ser enterrados (no como los elefantes, que para eso son mucho más organizados), la necesidad de trasladar los restos del difunto hasta su morada final ha estado presente a lo largo de la historia.

No es hasta mitad del siglo XVII, cuando las poblaciones empiezan a crecer y las iglesias empiezan a quedar más lejos de las casas, cuando estos carromatos empiezan a ser tirados por caballos. El problema que había es que los entierros no se hacían inmediatamente y al dejar el féretro expuesto a las inclemencias durante días, provocaba que estos se deterioraran, por lo que se empezaron a construir las carrozas fúnebres para evitar que se estropeara la madera. Pero es a partir del siglo XIX cuando estas carrozas empiezan a ser más sofisticadas, con adornos de madera tallada, palomas y pergaminos, además de las pesadas cortinas de terciopelo, siempre construidos a mano en madera de caoba.

Como era de esperar, su mayor auge tuvo durante la época victoriana; después de la muerte del Principe Alberto en 1861, a los ingleses les fascinó el tema de los funerales y las prácticas de duelo, convirtiéndose en un gran negocio de la época, como vimos en el post sobre la moda y el luto.

George Shillibeer fue reconocido como el inventor de este tipo de vehículo grande tirado por caballos en el que se podían transportar también a los familiares. Estos fueron llamados Shillibeer’s Funeral Coaches y fueron muy populares en toda Europa.

Durante esta época también se puso de moda el uso de plumas de avestruz para decorarlos: cuantas más plumas hubiese, más posibles tenía el finado o su familia. El coche era tirado por caballos negros si el dufunto era un hombre; las mujeres y los hombres solteros, blancos. Si el dueño de la funeraria no disponía del caballo del color correspondiente, lo teñía.

El primer coche fúnebre motorizado, eléctrico para ser más exactos, no fue creado hasta 1907, para el funeral de Wilfrid A. Pruyn. Fue inventado por HD Ludlow, que encargó la construcción del vehículo basado en la carroza de caballos y el chasis del autobús. Esto hizo que los clientes más pudientes de Ludlow se interesaran por él, y se utilizó hasta en 13 funerales antes de construir uno más grande. Debido a que su coste era bastante caro, este tipo de vehículo no se formalizó hasta los años 20, cuando los motores de combustión se hicieron más poderosos. En 1915, Geissel & Sons integraron la cabina del conductor al resto del coche, por lo que este se hizo menos pesado y más asequible. El formato que todos conocemos, el de grandes limusinas, fue patentado en los años 30 y con modificaciones, es el estilo que se mantiene hasta nuestros días.

Con la revolución del motor ya instaurada en nuestras vidas, fueron las marcas de coches de lujo los que se decantaron por este estilo de coches: Cadillac y Lincoln en EEUU y Canadá, y Mercedez Benz en Europa; hasta 1970, era común utilizar el coche fúnebre como ambulancia, hasta que en 1979 se prohibió por cuestiones de higiene.

Como curiosidad, en Japón, existen dos tipos de coches: el de estilo “extranjero”, el que todos conocemos, o con la parte de atrás modificada en forma de pequeño templo budista.

Pero no sólo de coches vive el hombre, y también existen las motos fúnebres. En 2011, una de estas motos consiguió entrar en el libro de los récord Guinnes como el coche fúnebre más veloz. Su diseño es una moto con una especie de sidecar que va junto a ella. En esta caso la moto elegida fue una Hayabusa que alcanzó los 193km/h

Próximamente: Los coches fúnebres más famosos de la Historia.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

María Guerrero. Su apellido lo dice todo. Fue una gran luchadora en su época, una mujer de carácter. Se dedicó al mundo de la farándula hasta que llegó a ser una ilustre actriz y una gran empresaria. Compró el Teatro de la Princesa que posteriormente pasó a llamarse Teatro María Guerrero, en el año 1909.Teatro que estuvo vinculado con su vida hasta la muerte, ya que allí fijó su residencia.

Estudió Arte Dramático de la mano de la actriz Teodora Lamadrid. Y cinco años después, con tan sólo 23 años debutó como primera actriz en el Teatro Español. Trabajó con denuedo hasta que, en el año 1894, consiguió crear su propia compañía. En el año 1896 se casó con el aristócrata Fernando Díaz de Mendoza, que a su vez era empresario, actor y director de teatro. Junto a María formó una nueva compañía teatral que recorrió América con un considerable éxito. Tuvieron dos hijos, Luis Fernando y Carlos Fernando, pero ello no les impidió realizar una espectacular gira por el continente americano, Francia, Bélgica e Italia. Más de cien obras teatrales con un gran éxito en todas ellas.

 A pesar de ser una mujer tan transgresora, fue tan dominante y  autoritaria que no reconoció a su nieto, Fernando Fernán-Gómez. Hijo de su primogénito con la actriz Carola Fernán-Gómez, María no aceptó que su hijo se quisiera casar con una actriz y consiguió que Carola fuera contratada en una larga gira por Latinoamérica, pero ella ya estaba embarazada.

A finales del año 1927 volvieron a instalarse en Madrid debido a la enfermedad de la empresaria: esclerosis de riñón.

El 23 de enero de 1928, a las 10 de la mañana, falleció María Guerrero de Mendoza, condesa de Balazote y de Lalaing, marquesa de Fontanar y primera actriz de todos los teatros españoles, cuando estaba a punto de estrenar la obra “Doña Diabla” de Luis Fernández Ardavín.

Falleció en el teatro que tanto amaba. La capilla ardiente se instaló al día siguiente sobre el escenario para que todo el que quisiera pudiera despedirse de tan admirable mujer.

En lo alto del escenario se habían colgado enormes cortinas de terciopelo negro con franjas amarillas, y en el centro, sobre un catafalco, el féretro; a los pies estaba la bandera de la Juventud Socialista Madrileña; en la cabecera se alzaba el estandarte del Sagrado Corazón de Jesús. Formando un círculo alrededor, se encontraban todos los ramos y coronas enviados por amigos y familiares, más de cien. La sala por completo estaba cubierta de paños blancos y a los pies de las plateas, los ramos y coronas, además de en el vestíbulo, se amontonaban. Miles de madrileños pasaron por el escenario del teatro para dar el último adiós a la gran actriz. Tal fue el tumulto, que incluso tuvieron que intervenir las fuerzas del orden pues se acercaba la hora del entierro y aún las colas kilométricas rodeaban el teatro. Esta partía desde la puerta del teatro y bajaba por las calles Tamayo, Almirante, Recoletos, Bárbara de Braganza, Marqués de la Ensenada y Génova.

Multitud de asistentes presenciaron los funerales: escritores, políticos, pintores, personas de a pie,…. Cabe destacar la ausencia de D. Ramón del Valle Inclán. Dicen que el escritor sentía tanta antipatía por María, que a pesar de que sus íntimos le suplicaron que hiciera acto de presencia, se negó en rotundo. Se calcula que desfilaron más de 100.000 personas.

Los Reyes de España enviaron una corona de flores con cintas de los colores de la nación, con la siguiente inscripción: “Sus Majestades a María Guerrero” y un crespón negro: “Alfonso XIII, Rey de España”.

A las tres y media de la tarde, el arca fue bajada a hombros del escenario por sus hijos, Fernando y Carlos; a estos los acompañaban el conde de San Luis, don Juan Ignacio Luca de Tena, Luis Fernández Ardavia y Eduardo Marquina. La carroza, tirada por seis caballos, fue decorada en los costados con las coronas enviadas por Alfonso XIII, Jacinto Benavente, el Ayuntamiento de Madrid, la compañía de teatro del Calderón y una enorme cruz de claveles blancos de sus hijos.

La calle Alcalá dirección a Cibeles estaba repleta de gente esperando la comitiva; el homenaje que le rindieron los diferentes teatros de la ciudad fue espectacular: el teatro Alcázar crespones negros de sus balcones; al pasar por el Infanta Isabel, una orquesta interpretó la marcha fúnebre mientras que los artistas de la compañía lanzaban ramos de flores al carruaje; en el teatro Apolo, la orquesta del teatro interpretó la marcha solemne de Benamor, del maestro Luna, y los integrantes de las compañías se iban integrando al duelo, que lo formaban ya más de 10.000 personas. Todo, todo Madrid, se unió al cortejo fúnebre. El momento más emocionante fue la llegada al teatro Español, el teatro en el que había cosechado sus mayores triunfos; la plaza de Santa Ana, abarrotada, rompió en un silencio que sólo fue roto por los cascos de los caballos y el sonido de los coches fúnebres, sobre los que caía una lluvia de pétalos de rosa lanzada por sus acongojadas compañeras de profesión.

Fue tal la afluencia de público que llegó a la Almudena, donde tuvo lugar el entierro, que el camposanto tuvo que ser cerrado. Más de 1.000 coches formaron el cortejo fúnebre, más las 5.000 que llegaron a acercarse andando.

Anochecía ya, y los criados y porteros y ordenanzas de la Sociedad de Autores encendieron antorchas que hicieron más majestuoso aún el entierro si cabe. De coche fúnebre descargaron el féretro a hombros Eduardo Marquina, los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches t Luis Linares de Becerra.

El momento más emotivo fue la presencia de su marido, que los médicos, por su delicado estado de salud, le aconsejaron no asistir al sepelio. Llegó en un taxi en el momento en que el arca iba a ser colocada. Se abrazó desconsolado a Jacinto Benavente exclamando: “Se acabó para siempre”.

.Sus restos mortales descansan en el cuartel número 8, manzana primera, letra A. Su marido, Fernando Díaz de Mendoza se encuentra enterrado junto a ella, en una sencilla sepultura.

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

¿Qué son las macabrillas?

¿Qué son las macabrillas?

¿Qué son las macabrillas?

Como ya mencionamos en una ocasión, pasear por España es imbuirse de historia. Cuando vamos a una ciudad de turismo, nos enseñan o buscamos los monumentos más significativos: iglesias, castillos, fortalezas, (menos nosotras, que vamos primero a los cementerios).

Gracias a la impresionante historia que posee España y a otras culturas aquí asentadas a lo largo de su historia, hoy, podemos agradecer la gran herencia patrimonial que hemos recibido. Aunque a veces, vamos tan cuadriculados por la vida, que no nos percatamos de pequeños tesoros escondidos, en el lugar más insospechado, en el rincón menos esperado hay mucha historia que contar.

Hoy conoceremos las macabrillas, protagonistas de la historia de España y olvidadas en un rincón de nuestra cultura. Pero, ¿qué son las macabrillas?

Viajamos en el tiempo hasta el siglo XIII para situarnos en la ciudad de Granada, una ciudad ocupada por los musulmanes durante su etapa del Reino Nazarí. En aquellos momentos era una de las ciudades más pobladas de todo el viejo continente, una Granada nazarita habitada por musulmanes con sus creencias y sus costumbres funerarias.

Adelantados a la época, ya los musulmanes enterraban a sus difuntos a extramuros: solían ser recintos ubicados cerca de los caminos que guiaban a las principales puertas de acceso a la ciudad. En aquellos años de esplendor, la ciudad de Granada llegó a contar con siete cementerios, éstos recibían el nombre de maqbara, siendo el más importante de ellos el que está próximo a Puerta Elvira.

En el interior de estas “ciudades de los muertos” era muy común que las sepulturas estuvieran rodeadas por estelas de piedra, mármol o granito. Todo dependía del estatus del fallecido, en las inhumaciones más sencillas – ya sabemos que en la cultura árabe no hay cabida para la cremación- las estelas eran humildes bordillos que decoraban la tumba, no contaban con ornamentación alguna. No eran así las de las personas con mayor renombre en la comunidad: en su última morada era muy común que estas estelas funerarias tuvieran ricos grabados, inscripciones del Corán así como palabras relacionadas con su fe. También era habitual que se trabajara en ella la técnica de azo, representándose el nido de abeja o exquisitas letras cúficas con mensajes epigráficos.

Después de la Capitulaciones de Granada, los Reyes Católicos ordenaros mediante una Cédula Real clausurar los cementerios árabes para, después de pasar al ayuntamiento de la ciudad, utilizarlos como espacios de uso público.

Estas maqbaras granadinas que señalizaban las sepulturas quedaron desamparadas en la historia, y se aprovecharon en las construcciones de diferentes edificaciones que se realizaron por la ciudad. La palabra maqbara, comenzó a sonar por la ciudad, y como para los habitantes cristianos les sonaba algo parecido a “cabrilla”, unieron los dos términos (maqbara y qâbriya) para dar paso a macabrilla, nombre con el que se conoce desde entonces a estas estelas funerarias árabes.

En la actualidad, estas losas se pueden ver diseminadas por toda la ciudad de Granada, lo mismo da si la edificación es de índole civil o religioso, allí donde hiciera falta material de construcción utilizaban estas bellas macabrillas que a lo largo de los años han ido sufriendo un grave deterioro sin que nos demos cuenta de que pertenecen a la historia de España.

En la misma Alhambra y junto a la Puerta de la Justicia si nos fijamos bien podremos ver esos bellos trabajos en nido de abeja. Otro lugar donde se pueden visitar es en la Iglesia de San Cristóbal, o, los muros del Convento de las Carmelitas Descalzas.

Por eso si visitáis esta bella ciudad no dudéis de ir a verlas y al menos ponerlas en la parte de la historia de España que las corresponde.

 

Gracias a Diego Álvarez Peirú por cedernos las fotografías.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Sepultura de Lewis Carroll

Sepultura de Lewis Carroll

Sepultura de Lewis Carroll

Charles Lutwidge Dogson escritor, matemático y fotógrafo británico pasaría a la historia por haber escrito Alicia en el país de las maravillas y su continuación Alicia a través del espejo con el seudónimo de Lewis Carroll.

Hombre rodeado de controversia y especulaciones, antes de empezar a conocer a este gran autor debemos situarnos en la época que le tocó vivir: sus antepasados estaban dedicados en cuerpo y alma a dos de las profesiones con mayor jerarquía interna: la iglesia y el ejército. Su padre, escogió la rama eclesiástica, casándose con una prima y convirtiéndose en párroco rural. En este entorno rural y eclesiástico nació Charles. La familia siguió aumentando hasta tener una prole de once hijos; posteriormente el cabeza de familia fue trasladado a la rectoría de North Yorkshire donde vivirían los siguientes 25 años.

Educado en primera instancia en el domicilio familiar, el pequeño Charles demostró una precocidad intelectual no propia para un niño de su edad. Por ello a los doce años le enviaron a una escuela privada integrándose con normalidad a pesar de su timidez; más tarde es enviado a la Rugby School donde su integración no fue en este caso buena, ya que existen escritos donde indica que sufrió abusos; aún así despuntó académicamente recibiendo halagos en especial de su profesor de matemáticas. Terminados sus estudios llega a la Universidad de Oxford donde trabaja duramente obteniendo excelentes calificaciones a pesar de su extrema timidez y de haber sido diagnosticado como epiléptico.

Consigue un empleo en 1857 como profesor de matemáticas en la misma universidad desempañando este trabajo durante los siguientes 26 años; se inició en el mundo eclesiástico siendo ordenado diácono cuatro años después. Su afición a la fotografía comenzó gracias a las influencias de su tío y un amigo de Oxford. Para Charles una fotografía era la máxima expresión de la belleza interior de las personas, ya que en esas imágenes combinaba la esencia de la libertad y la inocencia. Llegó a obcecarse tanto que comenzó una obsesión por seguir a niñas para retratarlas en lo que él creía una obra de simbiosis entre pureza y belleza. Aunque en la actualidad esta tendencia nos parece aberrante, varios académicos han querido desmitificar el conocido “mito de Carroll” alegando que se debe comprender el contexto, el tiempo y el espacio de la cultura victoriana implantada en el siglo XIX.

Paralelamente Charles había comenzado a escribir en el año 1854, publicando en pequeñas revistas de poca difusión; su estilo era humorístico con retazos satíricos; hombre atormentado y con un nivel extremo de exigencia, llevaba años gestando escribir un cuento para niños. Por aquella época conoce a Henry Liddell, nuevo dean de la congregación que venía acompañado por su esposa y sus tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Al conocerlas, Charles, que por entonces ya publicaba bajo el nombre de Lewis Carroll, quedó prendado de las pequeñas instándolas a que le acompañaran en sus picnics en el río. Precisamente en una de estas salidas campestres, para entretener a las niñas Carroll improvisó una historia, un cuento absurdo, inocente y anárquico que las entusiasmó, en especial a Alice, la cual rogó al incipiente escritor que lo plasmara en un manuscrito. Lewis entonces trabajó con ahínco en la historia, regalándosela a Alice por Navidades. Tres años más tarde, el cuento había generado tanto interés que Carroll lo llevo al editor Macmillan, quien dio luz verde para su publicación. Barajaron varios nombres para su primera publicación, como Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, aunque finalmente en 1865 vio la luz como Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, primer ejemplar que contó con ilustraciones realizadas por sir John Tenniel, un dibujante británico que ilustró los dos libros.

Carroll, abrumado por el éxito de su primer cuento, tuvo que escribir una segunda parte, Alicia a través del espejo, aunque también publico con su verdadero nombre muchos artículos y libros sobre todo dentro del ámbito matemático.

Su vida demás estuvo rodeada de muchas especulaciones, ya que se comentaba que abusaba de los estupefacientes (de ahí la posible creatividad de la historia de Alicia) e incluso se llegó a comentar que estaba detrás del asesino Jack el Destripador.

Lo que si sabemos que Carroll falleció soltero en su casa de Guildford, el 14 de enero de 1898 y que fue enterrado en el cementerio viejo de la misma localidad; sus restos siguen reposando allí pero sus historias y su controvertida vida ha dado lugar a innumerables suposiciones. A pesar de ello, los ingleses no pueden estar más orgullosos del escritor y de sus obras, y tiene un recuerdo en la Abadía de Westminster, una piedra de color negro con un texto en verde pálido, diseñado de forma circular evocando el agujero del conejo; en el círculo exterior de la inscripción se ha tomado una pequeña estrofa de su poema Silvia y Bruno que dice: ¿Es toda nuestra vida entonces un sueño?. También a lo largo y ancho del planeta existen multitud de esculturas dedicadas una de las obras literarias más conocidas.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

Grandes funerales: Rodolfo Valentino

¿Quién a lo largo de su vida no ha sentido admiración por una persona dedicada al mundo del arte? Hoy vamos a saber lo que algunos admiradores son capaces de hacer cuando fallece uno de sus mitos.

Comenzamos en Italia, allí, hijo de una humilde familia nació Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi di Valentina – ya venía pisando fuerte el muchacho- un 6 de mayo de 1895. Niño mimado y problemático, Valentino era mal estudiante- solía saltarse las clases- hasta que un día su madre le envió a la una escuela de agricultura donde al menos aprendería un oficio. Una vez conseguido su título la vida le da un varapalo al perder a su madre. Con lo obtenido de la herencia parte hacia París en busca de fortuna, pero a Rodolfo le gustaba la buena vida y en menos de un año despilfarro su herencia. Sin posibles y derrotado tuvo que volver a Castellaneta donde pronto desesperó pues no encontraba trabajo. Su familia pensó que enviarle a América haría de Rodolfo un “hombre” pues allí, aunque fuera “la tierra de las oportunidades”, tendría que trabajar con ahínco si quería sobrevivir.

Ahora tenemos a Rodolfo llegando a Nueva York en el año 1913, pero la suerte no iba a correr de su lado: el poco dinero que llevó en el viaje lo dilapidó rápido, teniendo que buscar trabajos como camarero, bailarín e incluso gigoló.

Con este último trabajo tuvo más suerte, pues comenzó a ser conocido por personas de la alta sociedad. Entre sus conquistas atrajo a Blanca Errázuriz, aristócrata chilena, la cual se divorció de su esposo alegando que él había sido infiel; Valentino respaldó el alegato de la aristócrata, por lo que se vio envuelto en su tormentoso divorcio el cual culminó con el asesinato del marido por parte de Blanca. Valentino decidió poner tierra de por medio y se traslada a Hollywood donde se cambia el nombre para desligarse del escándalo de Nueva York. Aquí nace Rodolfo Valentino.

En aquellos años – 1920 – la ciudad de Los Ángeles comenzaba su andadura cinematográfica. El gremio de actores era muy cerrado y Rodolfo conseguía pequeños papeles de galán romántico, era el nuevo “latin lover”. Pronto su fama subió como la espuma y toda una legión de fans tenían como objetivo verle o tocarle, convirtiendo a Rodolfo en un mito.

Su vida personal fue bastante desastrosa, se casó dos veces, que sumado a su tendencia al derroche, hizo que el nuevo ídolo de masas nunca madurara, por lo que rodar con él se convertía en un calvario para sus compañeros de reparto.

El 15 de agosto de 1926, Rodolfo comenzó a encontrarse mal y fue hospitalizado en Nueva York bajo el diagnóstico de apendicitis, pero, había más causas. Una úlcera de estómago que padecía hace tiempo se perforó, extendiendo la infección por todo su cuerpo. Rodolfo falleció de septicemia y peritonitis el 23 de agosto de 1926.

Cuando los medios dieron a conocer el fallecimiento del actor, miles de personas quedaron en estado de shock. Se bloquearon las calles aledañas a la iglesia de Saint Malachy, una verdadera marea humana se empujaban los unos a los otros para poder acercarse la capilla ardiente de uno de los galanes de cine más famosos de la historia. Fue imposible, nadie llego hasta el féretro. Su viuda Jean Jacker lloraba rota por el dolor mientras fuera se agolpaban las masas causando desmayos y suicidios de algunas de sus admiradoras. Sí, la gente- hombres y mujeres- comenzaron a suicidarse al saber que su amado Rodolfo había fallecido. Sus cuerpos aparecían sin vida, junto a una foto del actor, y envenenados, como manda la tradición romántica.

Tuvo un entierro multitudinario, lleno del glamur de los años 20, rodeado por miles de arreglos florales llegados de todas las partes del mundo y sufragado por una familia de admiradores. La actriz Pola negri, compañera y amante, envió 4.000 rosas a su funeral.

Como ya hemos mencionado Rodolfo Valentino era un malgastador, por lo que al abrir su testamento, en el que se esperaba encontrar cierta fortuna, tan sólo fue un compendio de deudas. El único dólar del que disponía, lo dejó para su viuda.

El cuerpo de este italiano que logró hacer historia en el mundo cinematográfico americano se encuentra en la Hollywood Forever Cemetery, en California.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Jornadas Ad Eternum del Sacramental de San Isidro

Jornadas Ad Eternum del Sacramental de San Isidro

Jornadas Ad Eternum del Sacramental de San Isidro

El jueves pasado dos de nosotras nos acercamos al cementerio de San Isidro, donde se estaban celebrando las jornadas Ad Eternum, en las que dos (maravillosas) guías, Ana y Ainara, tenían preparadas para los asistentes, dos rutas igual de fantásticas por diferentes sepulturas de este precioso cementerio.

Las rutas se llamaban del Amor y de la Razón. Saber que solamente íbamos a poder asistir ese día (aunque han durado nueve días, era el único que teníamos libre) nos dio una rabia increíble, así que tardamos unos segundos en decidirnos, porque la presentación que hacen Ana y Ainara es tan atrapante que cuesta elegir una. Al final nos decantamos por la del Amor, y bueno, aún nos dura el buen sabor de boca que nos dejó.

Conocimos once historias preciosas, que me encantaría contar una a una pero preferimos que se las escuchéis a Aiznara directamente porque escritas no podemos darle ni la mitad de pasión que le pone ella al contarlas. Aún así, con su permiso, le dedicaremos a dos de ellas un post especial porque nos gustaron tanto que queremos ayudar a su propagación para que no caigan en el olvido.

Durante dos horas, que se nos hicieron cortas, muy cortas, gracias a Ainara pudimos conocer, entre otras,la historia de los Duques de Denia y su precioso mausoleo (vilipendidado por guerras y creencias) con las mejores vistas de Madrid (hasta la construcción del Calderón, ejem). En su interior, se puede ver un Cristo crucificado obra de Benlliure que ya sólo por poder admirar tan de cerca esta maravillosa obra de arte, merece la pena la visita.

Cada una de las sepulturas de la ruta está marcada por un jarrón con unos claveles rojos en los que nosotros también fuimos depositando los claveles que Ainara nos facilitaba. Nos ha gustado tanto ese detalle que cada vez que vayamos (porque con ruta o sin ella el cementerio de San Isidro es para visitarlo tumba a tumba), ya tenemos pensado llevar claveles para volver a dar las gracias, o saludar, u homenajear a las personas de las historias que hemos conocido, y a las que descubriremos.

También conocimos la historia de Paco, un perro del siglo XIX al que una mala crítica taurina sesgó la vida (esta historia es maravillosa) frente a la sepultura de Frascuelo; después nos quedamos prendadas de las diferentes historias de amor que han quedado enterradas (que no olvidadas) en este cementerio; amor de amantes, amor trágico a bordo del Titanic de origen español, mucho amor filial, de padres a sus hijos (entre la que se encuentra Anita, visita de la que es difícil salir sin lágrimas en los ojos), de hijos a sus padres y de desconocidos visitantes del cementerio a Gonzalo.

Tengo que reconocer que yo personalmente, escondida tras las gafas de sol, derramé unas cuantas lágrimas en algunas de las historias; no sólo por la historia en sí, si no por la pasión que transmite Ainara al contarla y que te envuelve de tal manera que es imposible no acabar con los ojos llorosos como ella. No tenemos más que palabras de admiración, de verdad.

Hubo dos historias que nos gustaron especialmente , que son de las que queremos hablar más detenidamente, pero os daremos una pista: como bien dijo Ana en la presentación, una de ellas pertenece a la que yo creo que todos, como niños, le debemos la vida, (y como padres ya no os quiero ni contar), una gran olvidada de la historia; la otra, dedicada al amor entre dos mujeres que pasó desapercibido en su época por eso, por ser mujeres.

Fueron dos horas maravillosas. Por un lado daba pena ver como el ramo de claveles se iba quedando cada vez más vacío, pero por otro lado teníamos la satisfacción de haberlos dejado a personas que se lo merecían. Y estábamos encantadas de haber podido participar en este pequeño homenaje.

Solo podemos dar mil gracias a Ainara por hacernos sentir lo que nos hizo sentir, todo lo que aprendimos y la buena sensación que nos dejó y que días más tarde aún nos dura. Ana, la siguiente vamos contigo porque de vez en cuando necesitamos algo de razón en nuestras vidas, aunque el jueves nos dominara la pasión.

Gracias, muchas gracias por todo.

 

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com