Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

¿Quién no ha soñado, alguna vez estar a bordo del Nautilus para derrotar al malvado Capitán Nemo, o dar una vuelta al mundo en tren, elefante, barco…o en globo, a pesar de que este medio de transporte no aparece en el libro, o llegar a la Luna en un súper cohete saliendo desde Cabo Cañaveral, o pasar una temporada atrapados en la Isla de Lincoln viviendo innumerables aventuras…

“De la Tierra a la Luna”, “La vuelta al mundo en ochenta días”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “Viaje al centro de la Tierra”, “La isla misteriosa”,…literatura juvenil que tuvo un gran auge durante los años 80.

Jules Verne, ávido lector de todas las innovaciones tecnológicas, supo plasmar en sus novelas muchos avances científicos de la época. No fue un visionario como le han descrito algunos, ni un profeta como le han descrito otros, simplemente fue un hombre, amante de las letras, precursor de las novelas de ciencia ficción, que supo crear una corriente cultural entre los jóvenes y que el gobierno francés, aprovechando la coyuntura, utilizó sus libros para la divulgación científica entre los estudiantes, creando, a mitad del siglo XIX, la prestigiosa Escuela Politécnica Francesa.

Su vida no fue un camino de rosas, ya que pasó importantes dificultades económicas, una vez que su padre le retiró la asignación por hacer oídos sordos y dedicarse a la escritura, y no a la abogacía.

Lamentablemente durante los últimos años de su vida y debido a la diabetes, fue perdiendo la audición y la visión, no pudiendo seguir con la gran pasión de su vida, la lectura.

Falleció el 24 de marzo de 1905 a la edad de 77 años, en Amiens, Francia. Ese día perdimos a uno de los escritores más imaginativos e influyentes que he conocido.

A su funeral, celebrado el 28 de marzo, acudieron más de 5000 personas. La comitiva partió desde su casa, situada en el boulevard Longueville hasta la iglesia de Sant-Martin, bajo honores militares ya que fue tuvo el honor de pertenecer a la “Legión de Honor”.

Una vez celebrado el funeral en la iglesia de Saint-Martin, el cortejo fúnebre encabezado por su hijo y su nieto, seguido por embajadores de muchos países, junto con la gente de a pie, se dirigió al cementerio de La Madeleine, en Amiens. Todos vestidos con levitas negras, algún que otro sombrero de copa, rostros pesarosos, siendo conscientes de la pérdida de una gran persona, amén de un gran escritor.

Una bella carroza fúnebre tirada por dos caballos, enjaezados para la ocasión, trasladaba los restos del novelista. Cinco crespones negros indicaban la importancia del finado que se encontraba en su interior.

En el cementerio de La Madeleine descansan sus restos. Una bella escultura de mármol blanco, obra de Albert Roze fue colocada sobre su tumba. Representa al escritor emergiendo de la tierra, con la mirada y el brazo derecho apuntando al cielo. No doblegándose a su muerte. Como así reza el nombre de la escultura: “Vers l’immortalité et le éternel jeunesse” (hacia la inmortalidad y la eterna juventud).

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Expulsado en edad escolar por ser “estéril e improductivo” (desde luego el profesor de nuestro protagonista no pudo realizar comentario más inexacto), Thomas Edison patentó más de mil inventos contribuyendo a perfilar los avances tecnológicos de los que hoy en día disfrutamos.

Fue su madre, Nancy Edison, la que después de recibir la carta “premonitoria” del profesor de Thomas, se encargó personalmente de la educación de su hijo. Años después el genial inventor no podía tener más que palabras de elogio ante su progenitora, diciendo que ella fue la que le hizo ser como era; la fe y lealtad que depositó su madre en él, hizo que le diera un motivo para vivir, tenía a alguien a quien no decepcionar.

Ávido lector gracias a las directrices de su madre, Thomas comenzó a frecuentar la Biblioteca de Detroit, que utilizaba bajo su propio método: comenzaba por el primer libro que encontraba en el estante inferior y seguía subiendo por orden hasta terminar con toda la hilera.

Pero como la lectura no apaciguaba sus inquietudes, también comenzó a realizar pequeños experimentos basados en los libros de Ciencias que caían en sus manos.

Después de un fallido intento por montar su propia empresa, obtiene un puesto de telegrafista gracias a que salvó a un niño en las vías del tren; dentro de este entorno sería donde haría su primer invento: un repetidor automático que transmitía señales de telégrafo entre estaciones sin personal. Esto permitía una traducción fácil y precisa, pero Thomas nunca patentó el borrador de dicha idea.

Sí lo hizo en 1868, cuando patentó un contador eléctrico de votos; tenía dos botones, uno para el voto a favor y el otro para el voto en contra. Lo presento al comité del Congreso de Washington y el resultado no pudo ser más demoledor: el invento fue rechazado de manera categórica, ya que según el comité el invento favorecería los fraudes en las votaciones, algo que ellos querían evitar. Este honesto veredicto sirvió de lección al joven Thomas; ante todo, un invento tiene que ser necesario.

Tras este varapalo y sin un céntimo en el bolsillo se marcha a Nueva York, donde consigue un trabajo con muy buenas condiciones gracias a la rápida reparación de una grave avería en un transmisor telegráfico que se encargaba de informar a los abonados de las cotizaciones en bolsa.

Pero Thomas, lejos de asentarse en su nuevo empleo, aprovechó la ocasión para poder trabajar por su cuenta. La Western Union le encargó un nuevo proyecto que Thomas supo desarrollar sin problemas; así nació el Edison Universal Stock Printer, una impresora efectiva cuyo cometido era plasmar las cotizaciones en bolsa.

Con los ingresos originados por su invento, Thomas pudo casarse y formar una familia. Pero su prolífica mente no paraba y siguió inventando. Tanto desarrollo sus inventos que necesitaba un único espacio donde aunar todo el proceso y creó una verdadera fábrica de inventos: biblioteca, talleres, laboratorios y viviendas donde se establecerían él y sus colaboradores. Once años después, cuando dejo su Menlo Park y la fábrica de inventos, Thomas Edison ya tenía en su haber una lista con casi cuatrocientas patentes.

Aunque muchos seguramente piensen que Thomas fue el inventor de la bombilla es un dato erróneo, su inventor fue el químico británico Joseph Wilson aunque este no lo patentó en su momento. Los filamentos de la bombilla creada por Wilson se quemaban rápidamente haciendo que su iluminación fuera muy limitada (no llegaba a una hora). Thomas Edison cogió la idea primigenia e investigó hasta encontrar un material para prolongar la vida del filamento, y lo encontró en el bambú carbonizado. Después de patentar el nuevo prototipo de bombilla Thomas comenzó a elaborarla, consiguiendo que su bombilla iluminara más de cuarenta horas de manera ininterrumpida. Todo un hito en aquella época; tanto es así, que las acciones de las compañías de gas cayeron en picado.

Siguió perfeccionando su logro y creando otras muchas obras, suyas son:

.El fonógrafo, hoy no escucharíamos música si no es por este invento que reproducía sonidos ya grabados.

.El micrófono de carbón, vital en la telefonía de la época.

.El kintoscopio, gran aportación de Thomas al mundo del cine, el aparato proyectaba una banda de imágenes sin fin, aunque de manera individual.

.Las baterías recargables. Lo que hoy conocemos como pilas alcalinas, Thomas Edison las ideó en principio para alimentar los coches eléctricos.

Después de este breve resumen de sus múltiples inventos no es de extrañar que la población se echara literalmente a la calle el día de su fallecimiento. Thomas Alva Edison exhaló su último suspiro un 18 de octubre de 1847 en West Orange, Nueva Jersey. Como comienzo para homenajear al gran inventor, algunas ciudades apagaron sus luces durante un minuto; se apagaba la luz del inventor de la luz.

Después de instalar la capilla ardiente y en todo momento acompañado por su familia, el cuerpo de Thomas Edison estaba preparado para darse su merecido baño de multitudes. Antes de abrir las puertas al público, los compañeros del inventor tuvieron la preferencia de poder despedirse de Thomas en la intimidad. El ataúd llevaba una placa de bronce donde constaba la firma real de Edison y el inventor fue vestido con su habitual indumentaria, además de la pajarita que siempre le acompañó.

The Associated Edison Iluminating Empresas hizo llegar una corona con ochocientas orquídeas, y la mayoría de las flores presentadas durante el sepelio eran crisantemos. Según crónicas de la época, más de cuarenta mil personas acudieron a presentar sus respetos. Significativa fue la despedida de Henry Ford, amigo de Thomas, ya que se negó a entrar a la capilla ardiente a pesar de presentarse allí, alegando que quería seguir recordando a Edison como en la última charla que habían mantenido.

Una vez dispuesto todo el cortejo fúnebre, salió a la calle donde las personar allí congregadas siguieron acompañando al gran inventor en su último paseo. Su sepultura se encuentra al lado de la de su mujer en su finca llamada Glenmont Thomas Edison; allí se puede comprobar cómo multitud de personas se acercan a lo que fue su hogar, hoy convertido en museo para seguir dándole las gracias por sus inventos. Aquella lección aprendida por el rechazo del Congreso a uno de sus inventos lo llevaría al límite el resto de su vida, no podemos decir que sus sucesivas creaciones no fueron superfluas, lo que creó desde entonces fue necesario, muy necesario para las futuras generaciones.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

María Guerrero. Su apellido lo dice todo. Fue una gran luchadora en su época, una mujer de carácter. Se dedicó al mundo de la farándula hasta que llegó a ser una ilustre actriz y una gran empresaria. Compró el Teatro de la Princesa que posteriormente pasó a llamarse Teatro María Guerrero, en el año 1909.Teatro que estuvo vinculado con su vida hasta la muerte, ya que allí fijó su residencia.

Estudió Arte Dramático de la mano de la actriz Teodora Lamadrid. Y cinco años después, con tan sólo 23 años debutó como primera actriz en el Teatro Español. Trabajó con denuedo hasta que, en el año 1894, consiguió crear su propia compañía. En el año 1896 se casó con el aristócrata Fernando Díaz de Mendoza, que a su vez era empresario, actor y director de teatro. Junto a María formó una nueva compañía teatral que recorrió América con un considerable éxito. Tuvieron dos hijos, Luis Fernando y Carlos Fernando, pero ello no les impidió realizar una espectacular gira por el continente americano, Francia, Bélgica e Italia. Más de cien obras teatrales con un gran éxito en todas ellas.

 A pesar de ser una mujer tan transgresora, fue tan dominante y  autoritaria que no reconoció a su nieto, Fernando Fernán-Gómez. Hijo de su primogénito con la actriz Carola Fernán-Gómez, María no aceptó que su hijo se quisiera casar con una actriz y consiguió que Carola fuera contratada en una larga gira por Latinoamérica, pero ella ya estaba embarazada.

A finales del año 1927 volvieron a instalarse en Madrid debido a la enfermedad de la empresaria: esclerosis de riñón.

El 23 de enero de 1928, a las 10 de la mañana, falleció María Guerrero de Mendoza, condesa de Balazote y de Lalaing, marquesa de Fontanar y primera actriz de todos los teatros españoles, cuando estaba a punto de estrenar la obra “Doña Diabla” de Luis Fernández Ardavín.

Falleció en el teatro que tanto amaba. La capilla ardiente se instaló al día siguiente sobre el escenario para que todo el que quisiera pudiera despedirse de tan admirable mujer.

En lo alto del escenario se habían colgado enormes cortinas de terciopelo negro con franjas amarillas, y en el centro, sobre un catafalco, el féretro; a los pies estaba la bandera de la Juventud Socialista Madrileña; en la cabecera se alzaba el estandarte del Sagrado Corazón de Jesús. Formando un círculo alrededor, se encontraban todos los ramos y coronas enviados por amigos y familiares, más de cien. La sala por completo estaba cubierta de paños blancos y a los pies de las plateas, los ramos y coronas, además de en el vestíbulo, se amontonaban. Miles de madrileños pasaron por el escenario del teatro para dar el último adiós a la gran actriz. Tal fue el tumulto, que incluso tuvieron que intervenir las fuerzas del orden pues se acercaba la hora del entierro y aún las colas kilométricas rodeaban el teatro. Esta partía desde la puerta del teatro y bajaba por las calles Tamayo, Almirante, Recoletos, Bárbara de Braganza, Marqués de la Ensenada y Génova.

Multitud de asistentes presenciaron los funerales: escritores, políticos, pintores, personas de a pie,…. Cabe destacar la ausencia de D. Ramón del Valle Inclán. Dicen que el escritor sentía tanta antipatía por María, que a pesar de que sus íntimos le suplicaron que hiciera acto de presencia, se negó en rotundo. Se calcula que desfilaron más de 100.000 personas.

Los Reyes de España enviaron una corona de flores con cintas de los colores de la nación, con la siguiente inscripción: “Sus Majestades a María Guerrero” y un crespón negro: “Alfonso XIII, Rey de España”.

A las tres y media de la tarde, el arca fue bajada a hombros del escenario por sus hijos, Fernando y Carlos; a estos los acompañaban el conde de San Luis, don Juan Ignacio Luca de Tena, Luis Fernández Ardavia y Eduardo Marquina. La carroza, tirada por seis caballos, fue decorada en los costados con las coronas enviadas por Alfonso XIII, Jacinto Benavente, el Ayuntamiento de Madrid, la compañía de teatro del Calderón y una enorme cruz de claveles blancos de sus hijos.

La calle Alcalá dirección a Cibeles estaba repleta de gente esperando la comitiva; el homenaje que le rindieron los diferentes teatros de la ciudad fue espectacular: el teatro Alcázar crespones negros de sus balcones; al pasar por el Infanta Isabel, una orquesta interpretó la marcha fúnebre mientras que los artistas de la compañía lanzaban ramos de flores al carruaje; en el teatro Apolo, la orquesta del teatro interpretó la marcha solemne de Benamor, del maestro Luna, y los integrantes de las compañías se iban integrando al duelo, que lo formaban ya más de 10.000 personas. Todo, todo Madrid, se unió al cortejo fúnebre. El momento más emocionante fue la llegada al teatro Español, el teatro en el que había cosechado sus mayores triunfos; la plaza de Santa Ana, abarrotada, rompió en un silencio que sólo fue roto por los cascos de los caballos y el sonido de los coches fúnebres, sobre los que caía una lluvia de pétalos de rosa lanzada por sus acongojadas compañeras de profesión.

Fue tal la afluencia de público que llegó a la Almudena, donde tuvo lugar el entierro, que el camposanto tuvo que ser cerrado. Más de 1.000 coches formaron el cortejo fúnebre, más las 5.000 que llegaron a acercarse andando.

Anochecía ya, y los criados y porteros y ordenanzas de la Sociedad de Autores encendieron antorchas que hicieron más majestuoso aún el entierro si cabe. De coche fúnebre descargaron el féretro a hombros Eduardo Marquina, los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches t Luis Linares de Becerra.

El momento más emotivo fue la presencia de su marido, que los médicos, por su delicado estado de salud, le aconsejaron no asistir al sepelio. Llegó en un taxi en el momento en que el arca iba a ser colocada. Se abrazó desconsolado a Jacinto Benavente exclamando: “Se acabó para siempre”.

.Sus restos mortales descansan en el cuartel número 8, manzana primera, letra A. Su marido, Fernando Díaz de Mendoza se encuentra enterrado junto a ella, en una sencilla sepultura.

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

John Fitzgerald Kennedy nació en Brookline el 29 de mayo de 1917. En 1960 se convirtió en el presidente más joven de los Estados Unidos. Es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX. Impulsó una política de reformas destinadas a recuperar para su país la primacía mundial. Pero sus proyectos quedaron incompletos tras ser asesinado tres años más tarde. En este año 2017 se cumplen 54 años de su muerte.

El 22 de noviembre de 1963 John Fitzgerald Kennedy se encontraba de gira política en Dallas, promoviendo su reelección para 1964, cuando poco después de su llegada y de dar el que fuera su último discurso, fue asesinado por dos disparos.

Se encaminaba hacia el centro de Dallas en un coche descapotable, acompañado por un agente-conductor como chófer y otro agente de seguridad. Tras ellos se encontraba el gobernador Connally, y en los asientos traseros, John Kennedy a la derecha y su esposa Jacqueline Kennedy a su izquierda. Durante el camino, la comitiva hacia breves paradas para que pudiesen saludar a las masas.

Tras pasar un almacén de libros escolares se realizan los disparos que acabarían con la vida del presidente. Gracias a un árbol, el primer disparo es desviado y rebota en el cemento de la calzada. A los 3 segundos llega el segundo disparo que impacta sobre la espalda del presidente y que atraviesa su cuerpo hasta salir por su garganta. Automáticamente John Kennedy se lleva las manos a la garganta mientras su esposa lo observa asombrada. Llega el momento del que sería el último disparo. Éste último impacta sobre el hueso occipital de la cabeza del presidente. Jacqueline Kennedy suelta a su esposo y se abalanza a horcajadas a la parte trasera del coche, donde recoge una sección del cráneo de su marido. El presidente es trasladado a Parkldand Hospital, donde declaran oficialmente su muerte a las 13:38h. Nunca tuvieron esperanza de salvar su vida.

El funeral tuvo lugar durante los tres días siguientes. Tras la declaración de su muerte por los servicios sanitarios de Dallas, es trasladado a Washington D.C. y puesto en el Cuarto Este de la Casa Blanca durante 24 horas. Philip C.Wehle junto con los oficiales del Distrito Militar de Washington organizaron el funeral. El lunes siguiente del asesinato fue declarado Día Nacional de Luto, solo trabajarían personas en cargos de urgencia.

El cuerpo sin vida del presidente permaneció presente en la rotonda del Capitolio, donde aproximadamente 800.000 estadounidenses fueron revestimiento de la calle para su entierro. John Kennedy fue vestido con su traje azul favorito, camisa blanca y corbata azul. El féretro permaneció cerrado por decisión de su familia. Jacqueline Kennedy vestía de negó y su rostro fue cubierto por un velo de luto. Sus hijos la acompañaban agarrados a sus manos.

La hija mayor, Caroline, y Jacqueline se aproximaron al féretro, se inclinaron y dieron un último beso de despedida. El hijo pequeño del matrimonio era conocido como John-John. Era su tercer cumpleaños y el entierro de su padre. Se despidió de él con el saludo presidencial, llevándose la mano derecha a la frente y sacándola hacia fuera.

Los restos del presidente fueron colocados en una Cassion tirado por caballos. La Primera Dama, junto a los miembros de su familia y líderes mundiales, abandonaron sus limusinas para ir a pié hasta San Mateo. Black Jack, un caballo de 16 años sin jinete, se marchó cabalgando con una espada colgada de su silla vacía y unos estribos con unas botas señalando hacia atrás. Llegaron a la iglesia al medio día, donde el cardenal Richard Cushing dirigía la ceremonia.

El paseo de caballos hasta el cementerio estuvo escoltado por el cuerpo militar. El silencio era interrumpido por el clac constante de los cascos y el lento chirrido de las ruedas Cassion. La tumba fue excavada el día anterior por un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Una vez en la tumba del Cementerio Nacional de Arlington, Jacqueline camina entre sus cuñados Bobby y Teddy.

El homenaje por parte del cuerpo militar fue espectacular: Una escuadra de 50 aviones de combate volaba sobre el cementerio en formación de V, el último avión se ausenta en homenaje al presidente; la Fuerza Aérea Uno siguió con su piloto sumergiendo sus alas en el cielo y una salva de 21 disparos precedió los sonidos melancólicos de una corneta antes de que el féretro fuese bajando.

La bandera que tapaba el féretro fue entregada a la Primera Dama por el sargento Keith Clark. A las 3.32 John Kennedy fue sepultado cuando su familia ya se había marchado. Esa noche, Jacqueline retira unos lirios de un florero y se encamina al cementerio acompañado por RFK y dos agentes del Servicio Secreto. Un adiós necesario, íntimo, sin masas que los rodeasen.

Yolanda Molano

Yolanda Molano

yolanda@guiadecementerios.com

Grandes funerales: D. Enrique Tierno Galván

Grandes funerales: D. Enrique Tierno Galván

Grandes funerales: D. Enrique Tierno Galván

Tengo una pregunta. ¿A quién consideráis como el mejor alcalde de Madrid? Casi con toda seguridad muchos dirán que Carlos III, nuestro rey-alcalde. Y tenéis razón, pero en la historia de la Villa y Corte hubo un hombre que por méritos propios consiguió hacerse un hueco, tanto en la ciudad como en los corazones de los madrileños.

Alcalde por chiripa (consiguió el puesto gracias a una coalición), hombre sencillo e increíblemente culto, nunca renunció a su ideología política, y por su lucha contra el franquismo tuvo que pagar un caro peaje: dejar de ser lo que más amaba, el viejo profesor.

Ya habréis adivinado que estamos hablando de Don Enrique Tierno Galván, hombre que a golpe de mordaces bandos redactados por él mismo, por sus exquisitos modales a todo aquel que se le acercara sin diferenciar su status social y por su gran preocupación por su amada ciudad, supo meterse en el bolsillo a toda una generación de jóvenes ávidos de libertad.

Hoy en el aniversario de su fallecimiento, queremos recordar el funeral que se organizó para este gran hombre. Quizás él, por su innata humildad no lo hubiera deseado así, pero Madrid necesitaba agradecerle de alguna manera que la ciudad comenzara a ser moderna, limpia y acogedora.

Nuestro viejo profesor nos dejó un 19 de enero de 1986, en una habitación de la Clínica Ruber de Madrid; según las monjas que le atendieron hasta su último suspiro, Don Enrique dijo que se sentía en paz porque iba a estar con Dios. No está contrastado y dado su trayectoria política nos sorprende que fuera así, pero bueno, no sería ni el primero ni el último que en sus últimos momentos se acogiera a los designios de Señor.

Ya desde el mismo momento de su óbito, comenzaron a activarse todos los engranajes necesarios para rendirle tributo. Hay que decir que las pompas fúnebres organizadas para Don Enrique no están exentas de controversia, pero eso lo iremos viendo más adelante.

Una vez dada públicamente la noticia del fallecimiento, no solo Madrid, sino toda a toda España se le despertó un gran sentimiento de duelo; comenzaron a oficiar misas por el alma de Don Enrique, daba igual que él fuera un reconocido agnóstico, aquí no se juzgaba el credo, se homenajeaba a un gran hombre.

Paralelamente comenzaban los tramites del cortejo fúnebre, al principio los encargados de preparar la mascarilla funeraria del viejo profesor fueron los escultores Juan de Ávalos y Santiago de Santiago. No fue así, al día siguiente el Ayuntamiento de Madrid tiene que hacer una nota aclaratoria, en ella se explica que tal encargo será realizado por Fermín Ortega Encina quien ya había realizado la del Premio Nobel de Literatura, Vicente Aleixandre.

Se decide instalar su capilla ardiente en la Casa de la Villa de Madrid. Juan Barranco, su sucesor y muy unido a Don Enrique, quería que la ciudad pudiera despedirse de él. Así fue, Madrid se echó literalmente a la calle, más de quinientas mil personar hicieron ordenadamente una fila que duró 29 horas, allí estuvieron hasta el día 21 de enero.

Pero no iban a dejar de acompañarle hasta el último momento, estuvieron con él cuando lo sacaron el féretro a hombros del Patio de Cristales, donde fue introducido en una carroza fúnebre cedida por el Ayuntamiento de Barcelona, cubriendo el trayecto hasta la Plaza de Cibeles.

Debemos hacer un inciso en este punto, pues mucho se hablado y escrito respecto a este tema. La primera carroza que iba a transportar al fallecido alcalde fue solicitada a Vic, aunque rechazada en el último momento por llevar el escudo de la ciudad en ambos costados. Finalmente la elegida sería la carroza Imperial, cuajada de simbología funeraria del romanticismo, (mucha pomposidad para un hombre tan sencillo): construida en la última década del siglo XIX, con cuatro metros de largo por dos y medio de ancho, su traslado a Madrid para cubrir el funeral de Don Enrique fue dificultoso, tuvieron que desmontarla en piezas para meterla en un tráiler hacia Madrid. En la ciudad tampoco fue fácil su rearme, ya que tuvieron que poner las ruedas en remojo varias horas para que al hincharse no se salieran.

Salvados todos estos escollos, Don Enrique paseó en tan importante carruaje dándose un “garbeo” por su Madrid. La Calle Mayor, la Puerta del Sol y la calle Alcalá, fueron testigos de cómo más de un millón de madrileños se congregaron para terminar de despedirse del que había sido su alcalde. Provistos de reventones claveles rojos hicieron que comenzara una impresionante lluvia de flores, miles de flores para el hombre que hizo miles de bienes a la ciudad.

Ya en la Plaza de Cibeles el féretro fue traslado a un vehículo más rápido, pues la inhumación se realizaría en la gran necrópolis del Este, esta vez el elegido fue un Dodge, propiedad de los servicios funerarios de Madrid.

Curiosamente este librepensador no quiso ser enterrado en el cementerio civil, descansa en la parte católica del cementerio de La Almudena bajo una pesada losa y una sencilla inscripción. A lo largo de este último año todas las veces que hemos ido al cementerio de la Almudena (y han sido muchas) siempre, siempre, la sepultura del viejo profesor se encuentra cuajada de claveles rojos. Claramente los madrileños seguimos acordándonos de él. Como en dijo en una entrevista cuando le preguntaron el porqué de su simbiosis con los madrileños:

“En el fondo soy también un pobre, yo soy también uno de los que protestan moralmente, estoy con ellos. Esto es lo que ha hecho que el pueblo me entienda y que yo entienda al pueblo”.

Desde aquí nuestro homenaje, Madrid te echa de menos viejo profesor, le haces falta.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Martin Luther King

Grandes funerales: Martin Luther King

Grandes funerales: Martin Luther King

Hoy asistimos a las honras fúnebres de uno de los hombres que más han marcado la historia de la humanidad. Este pastor estadounidense, desarrolló una labor crucial al frente del movimiento de los derechos civiles de los afroestadounidenses, así como su participación activa en protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general.

Premio Nobel de la Paz en 1964, su liderazgo en la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad un año antes pasara a los anales de la historia por pronunciar su famoso discurso “I have a dream”, considerado junto al de Abraham Lincoln, como uno de los mejores discursos de la historia de los Estados Unidos. Su asesinato, el 4 de abril de 1968 supuso un duro golpe para la comunidad negra. Luther King, se había desplazado a Memphis, para apoyar a los basureros negros locales que estaban en huelga para obtener un mejor trato y una igualdad salarial.

Alojado en el Motel Lorraine, King estaba asomado al balcón cuando un segregacionista blanco llamado James Earl Ray le disparó. La trayectoria de la bala entró por el lado derecho de la mandíbula, continúo por la médula espinal, y terminó alojándose en el hombro. Rápido se dio la voz de alarma y los servicios médicos acudieron a la habitación 306 del motel. Martín Luther King fue trasladado al Hospital St. Joseph donde a los facultativos sólo les quedó confirmar la muerte del reverendo. ¿Hora del fallecimiento? Las 19:05.

En cuanto se hizo eco del fallecimiento una onda de emoción y rabia sacudió al país. Ese día se originaron disturbios raciales en más de 100 ciudades de Estados Unidos, provocando muertes y la intervención de la Guardia Nacional. Rápidamente entro en escena la política (cómo no), y el presidente Johnson decretó por primera vez para un afroamericano un día nacional de luto por el líder de los derechos civiles.

Debido a que el reverendo fue muy crítico en su postura respecto a la Guerra de Vietnam, (era considerado “enemigo del país”), se le negó un funeral de Estado. También inicialmente se negó el permiso para que la bandera del estado ondeara a media asta en señal de duelo, pero el gobierno se vio obligado a ello cuando se le comunico que era un mandato federal.

Dos servicios funerarios se ofrecieron en memoria del Dr. King, el primero de ellos se realizó el 9 de abril a las 10:30 en la pequeña iglesia Bautista Ebenezer, donde tanto él como su padre habían realizado el servicio de pastores durante muchos años. De capacidad limitada, la asistencia de innumerables personas anónimas para despedirse del pastor hizo que se temiera por la seguridad de algunos mandatarios allí presentes. Dentro de esta iglesia y por expreso deseo de su viuda se reprodujo el famoso sermón de King, “Drum Major”. El eco de la voz de este gran hombre invadió el espacio para oírle decir, con el cuerpo allí presente, que el día de su entierro no quería ser recordado por sus premios y honores, quería ser recordado por haber intentado alimentar al hambriento, vestir al desnudo y sobre todo por amar y servir a la humanidad.

Terminado este servicio comenzó un cortejo fúnebre de tres millas, la distancia entre Ebenezer y Morehose. El féretro de Luther King fue colocado sobre una humilde carreta de madera, y más de 100.000 personas siguieron con profundo dolor al reverendo en su último paseo. Durante la marcha, las personas allí congregadas entonaban canciones de libertad, habían perdido a su bastión.

El último servicio se celebró en Morehouse College, tras el funeral trasladaron los restos al cementerio del Sur, donde moraban mayoritariamente afroamericanos. Allí estuvo nueve años hasta que en 1977 exhumaron los restos y lo trasladaron a su ubicación actual, el King Center de Atlanta. Allí descansa junto a su amada Coretta, que continúo luchando por mantener vivo el legado de su marido.

Como dijo el reverendo en su discurso “I have a dream”:

«Cuatro hijos vivirán un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su persona»

Esperamos que así sea.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com