Grandes funerales: Eva Perón

Grandes funerales: Eva Perón

Grandes funerales: Eva Perón

“Son las 20:25, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”.

Con estas lapidarias palabras, varias emisoras radiofónicas de Argentina comunicaron la hora del fallecimiento de la única persona a quien el Congreso Nacional otorgó el título de “Jefa Espiritual de la Nación”.

¿Cómo escribir de una mujer cuyo origen fue humilde pero llegó a movilizar a una nación entera con su oratoria? De todo lo leído, oído y visto que ha caído en mis manos sólo saco una conclusión, Eva Perón “Evita”, como le gustaba que le llamasen, era una mujer excepcional que veló por los intereses de los más pobres, de los más necesitados; niños, mujeres, ancianos y toda la clase obrera eran su vida.

Por eso no es de extrañar que cuando un fatal cáncer de útero ganó la batalla a esta mujer peleona el país se echara literalmente a la calle para despedirla.

Eva Perón comenzó a sufrir los azotes del cáncer en 1950, lo que iba a ser una sencilla operación de apendicitis realizada en enero de ese año hizo ver a los médicos Oscar Ivanisevich y Abel Canónico que esa dolencia era unos de los primeros síntomas.

Aproximadamente un año más tarde fue intervenida quirúrgicamente por el afamado médico oncólogo estadounidense George Pack. Poco se pudo hacer, pues después de posteriores sesiones de radioterapia, un 18 de julio de 1952 Eva Perón entró en una espiral de estados comatosos de la cual no saldría airosa.

Eva Perón exhaló su último aliento un 26 de julio de 1952. Hacía frío y caía una fina lluvia; una hora más tarde el locutor J. Furnot informaba al pueblo de la República del óbito, y esa fina lluvia comenzó a caer de manera más incesante, toda Argentina llora la pérdida de su “Evita”. Empezaba la leyenda.

Esa misma noche se declararon tres días de paro y el gobierno estableció un duelo nacional de treinta días. Se apagaron las luces de la ciudad; los teatros, cine y demás salas de espectáculos cancelaron sus funciones, los restaurantes cerraron. Había llegado el momento de preparase para acudir a la capilla ardiente de quien dio tanto por ellos.

Los restos de Eva Perón fueron embalsamados por el Dr. Español Pedro Ara y conducidos al Ministerio de Trabajo y Previsión en donde se instaló la capilla ardiente y fue velada hasta el 9 de agosto. Dos millones de personas se congregaron en las inmediaciones para seguir el cortejo fúnebre; en ese momento Eva se dio su último baño de masas: claveles, orquídeas, crisantemos, alhelíes y rosas fueron cayendo desde todos los puntos cercanos al féretro.

También se contrató a Edward Cronjagar, cámara de la 20th Century Fox, para filmar y dejar para la posteridad el funeral de Evita. De este material recopilado vio la luz un documental llamado “Y la Argentina detuvo su corazón”. Las condolencias llegaban de todos los puntos del mundo, unos políticamente correctos, otros, tremendamente exagerados. Hubo quien comparo a Evita con Isabel la Católica o Marie Curie; también hubo reclamos al Papa para la canonización. Sin duda el discurso más ajustado a Eva Perón fueron las palabras de Juanita Larrauri: “Jamás tantos lloraron con tantas lágrimas una pena tan honda para su corazón”.

Mientras, el gobierno dio prioridad a la construcción del Monumento al Descamisado, proyectado en base a una idea de Evita y que hubiera debido ser su tumba definitiva.

Decimos hubiera porque de todos es bien sabido que Eva Perón no descansó. En ese momento Argentina vivía tiempos convulsos a nivel político; durante la Revolución Libertadora que se encargó de derrocar al presidente Juan Perón y una noche del 22 de noviembre de 1955 con premeditación, alevosía y ordenado por el dictador Pedro Eugenio Aramburu, un comando entra por la fuerza en el edificio de la CGT, y después de forcejear con fuerza bruta llegan a la segunda planta del edificio donde se encontraba la capilla con Evita.

Pero una cosa es robar el cadáver y otra cebarse; estos personajes no sólo quemaron las banderas argentinas que había sobre el cuerpo, sino que también orinaron sobre ella antes de llevárselo. Aquí comenzó el periplo macabro y perverso de los restos. El cabecilla del comando Moori Koening dejó el cuerpo inerte de Eva en una camioneta, para hacer más sangre a la ya conmocionada población por el robo de su Evita. La furgoneta estuvo durante meses aparcada por distintas calles de Buenos Aires, nunca los argentinos habían estado tan cerca de Eva Perón sin saberlo.

La paranoia del comando era tal que una noche asesinaron a una mujer embarazada que pasaba por allí al confundirla con un miembro del comando peronista. Ante esto Koening no tuvo mejor idea que llevarse el féretro a su oficina y ponerlo de pie a modo de elemento decorativo, todo un despropósito.

El dictador destituye a Koening y el cometido de sepultar en el anonimato a Eva Perón recae en las manos del coronel Héctor Cabanillas. El 23 de abril de 1957, Eva comienza un viaje a bordo de un barco hacia Génova; en el féretro y para despistar a quien la buscaba rezaba otro nombre: María Maggi de Magistris, y con ese nombre fue enterrada en la tumba número 41 del campo 86 del Cementerio Mayor de Milán.

No fue hasta 1971 cuando Alejandro Agustín Lanusse, dictador por aquel entonces, ordenó al coronel Cabanillas la vuelta del cuerpo de Evita. Después de tantos años, las especulaciones y el mito se habían agrandado tanto que ya nadie podía contrastar lo ocurrido. Lo que se sabe que los restos de Evita fueron exhumados y devuelto a Perón en la Embajada Argentina en Madrid. Examinados los restos, contrastan que falta un dedo cortado premeditadamente y que presenta un pequeño aplastamiento en la nariz. Pero el viaje de Eva Perón aún no había terminado, había que regresar a Argentina.

Fue un 17 de noviembre de 1974 cuando la presidente María Estela Martínez de Perón retorna los restos de Eva al país. Lo dispone todo para que Eva descanse temporalmente en la quinta presidencial de Olivos, mientras se comienza a proyectar el Altar de la Patria, un gran mausoleo que acogería el descanso eterno (esta vez puede que sí) de Eva, Juan Perón y todos los próceres de Argentina.

Tampoco pudo ser y en 1976 la dictadura militar toma el poder, un 24 de marzo entregan el vapuleado y agotado de tanto viaje cuerpo de Eva a la familia Duarte. Por fin llega su ansiado descanso y es enterrada en la bóveda de la familia posee en el Cementerio de la Recoleta, donde descansa desde entonces.

Eva, descansa en paz que te lo has ganado con creces.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes Funerales: Bob Marley

Grandes Funerales: Bob Marley

Grandes Funerales: Bob Marley

Robert Nesta Marley Booker, más conocido como Bob Marley, personaje emblemático donde los haya, supo hacer llegar al pueblo una nueva corriente musical, la música reggae y tocar su corazón a través de la letra de sus canciones.

Fueron varios los precursores de esta nueva música jamaicana, pero el que verdaderamente supo transmitir sus acordes, sus mensajes, su cadencia, fue Bob Marley.

Hijo de un jamaiquino blanco de ascendencia inglesa, Norval Marley, y Cedella Booker, una mujer afro jamaiquina, su infancia y adolescencia se vio llena de burlas y desprecios por su condición de mulato, y no era aceptado ni por blancos ni por negros como su semejante. Pero llegó un momento en el que le dio todo igual y decía no avergonzarse de su mezcla racial, ya que él se identificaba como negro y sólo le prestó atención en su vida a esa parte de su herencia racial.

Quizá por ello se sumergió en el mundo de la música, a pesar de tener que trabajar duro para poder ayudar económicamente a su familia, primero en una fábrica de fundición y después en un concesionario de coches. Sus pocos ratos libres los dedicaba, junto con sus grandes amigos, Bunny Wailer y Peter Tosh, a quienes había conocido ya en Kingston, a aquello que realmente les apasionaba, a componer y a ensayar.

Fundaron el grupo Wailing Wailers para años más tarde transformarse en The Wailers.

Hasta que en el año 1966, influenciado por la corriente espiritual rastafari, su concepción musical da un pequeño giro. El movimiento espiritual rastafari estaba, y lo sigue estando, asociado al espíritu negro, a las discriminaciones sufridas por este colectivo y a los odios raciales de que eran objeto, por lo que se sintió totalmente identificado.

Ya en el cenit de su carrera, en el año 1977, le fue detectado un melanoma maligno, pero decidió seguir con su modo de vida, y confiar en la naturaleza.

Lamentablemente perdimos a este gran músico el 11 de mayo de 1981, en Miami. Sus últimas palabras fueron dirigidas a su hijo Ziggy, a quien le dijo “El dinero no puede comprar la felicidad” .

Su cuerpo voló hacia Kingston días más tarde. Una vez en tierra, fue conducido en un pesado féretro de bronce a la parte más alta de la ciudad y colocado en un mausoleo eventual, pintado con los colores verde amarillo y rojo, los colores de la bandera rastafari que tanto le definieron en vida, para que admiradores y curiosos le ofrecieran su último adiós.

Un día antes del funeral, el 20 de mayo de 1981, el arca fue depositada en dependencias municipales para que el pueblo le rindiera homenaje. Más de 100.000 personas desfilaron frente al féretro, que se encontraba abierto y se despidieron de tan insigne músico. Le colocaron una peluca imitando su pelo, con sus características rastas, necesaria por lo desmejorado que se encontraba debido al cáncer sufrido.

El día 21 de mayo de 1981, día del entierro, Abuna Yesehaq, líder de la iglesia ortodoxa etíope, ofició el funeral, de una hora de duración, en la iglesia ortodoxa etíope de la Santa Trinidad en Maxfield Avenue, siendo además la misma persona que le bautizó un año antes cuando se convirtió al cristianismo, adoptando el nombre de Berhane Selassie.

Al finalizar el servicio, el féretro fue trasladado, a hombros, por veinte guardias de la Fuerza de Defensa, con el uniforme de gala jamaicano, bajo los acordes de la música de Bob Marley, gracias a un potente sistema de megafonía que mandó instalar el Estado. El arca fue colocada en un gran escenario, donde se encontraban expuestas sus dos banderas: la jamaicana y la etíope, y allí se practicó el funeral de estado. El primer ministro de Jamaica, Edward Seaga, fue el encargado de presentar el discurso en honor a Bob Marley.

Su viuda, algunos de sus hijos, personalidades del gobierno, músicos y miembros de la iglesia etíope y de las 12 tribus de Israel ocuparon los asientos más próximos al escenario. Lo que empezó siendo un funeral serio y sombrío se transformó en una celebración en toda regla, con la música sonando en homenaje al fallecido y multitud de personas tarareando y bailando al ritmo cadencioso de los sones.

Una vez acabada la celebración, el arca fue izada por los músicos y llevada al coche fúnebre, un DMC descubierto en su parte trasera, que esperaba para acabar el sepelio 50 millas después, cerca del pueblecito que le vio nacer.

Multitud de personas se dieron cita para rendir este último homenaje, mientras un helicóptero sobrevolaba la zona y miles de guardias vigilaban a las masas.

Fue inhumado en una pequeña capilla, cerca del pueblecito jamaicano donde nació 36 años antes, en Nine Mile. Junto a él colocaron una guitarra Gibson Les Paul de color rojo (aunque algunas fuentes dicen que se trató de una Fender Stratocaster), una Biblia abierta en el Salmo 23 y una ramita de marihuana, que se encargó de colocar su mujer.

La casa que habitó en Jamaica, situada en Nine Mile, fue declarada monumento nacional por el gobierno de Jamaica y es visitada asiduamente por multitud de fervientes admiradores del cantautor.

Descanse, allá donde se encuentre, en paz.

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

Grandes funerales: Julio Verne

¿Quién no ha soñado, alguna vez estar a bordo del Nautilus para derrotar al malvado Capitán Nemo, o dar una vuelta al mundo en tren, elefante, barco…o en globo, a pesar de que este medio de transporte no aparece en el libro, o llegar a la Luna en un súper cohete saliendo desde Cabo Cañaveral, o pasar una temporada atrapados en la Isla de Lincoln viviendo innumerables aventuras…

“De la Tierra a la Luna”, “La vuelta al mundo en ochenta días”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “Viaje al centro de la Tierra”, “La isla misteriosa”,…literatura juvenil que tuvo un gran auge durante los años 80.

Jules Verne, ávido lector de todas las innovaciones tecnológicas, supo plasmar en sus novelas muchos avances científicos de la época. No fue un visionario como le han descrito algunos, ni un profeta como le han descrito otros, simplemente fue un hombre, amante de las letras, precursor de las novelas de ciencia ficción, que supo crear una corriente cultural entre los jóvenes y que el gobierno francés, aprovechando la coyuntura, utilizó sus libros para la divulgación científica entre los estudiantes, creando, a mitad del siglo XIX, la prestigiosa Escuela Politécnica Francesa.

Su vida no fue un camino de rosas, ya que pasó importantes dificultades económicas, una vez que su padre le retiró la asignación por hacer oídos sordos y dedicarse a la escritura, y no a la abogacía.

Lamentablemente durante los últimos años de su vida y debido a la diabetes, fue perdiendo la audición y la visión, no pudiendo seguir con la gran pasión de su vida, la lectura.

Falleció el 24 de marzo de 1905 a la edad de 77 años, en Amiens, Francia. Ese día perdimos a uno de los escritores más imaginativos e influyentes que he conocido.

A su funeral, celebrado el 28 de marzo, acudieron más de 5000 personas. La comitiva partió desde su casa, situada en el boulevard Longueville hasta la iglesia de Sant-Martin, bajo honores militares ya que fue tuvo el honor de pertenecer a la “Legión de Honor”.

Una vez celebrado el funeral en la iglesia de Saint-Martin, el cortejo fúnebre encabezado por su hijo y su nieto, seguido por embajadores de muchos países, junto con la gente de a pie, se dirigió al cementerio de La Madeleine, en Amiens. Todos vestidos con levitas negras, algún que otro sombrero de copa, rostros pesarosos, siendo conscientes de la pérdida de una gran persona, amén de un gran escritor.

Una bella carroza fúnebre tirada por dos caballos, enjaezados para la ocasión, trasladaba los restos del novelista. Cinco crespones negros indicaban la importancia del finado que se encontraba en su interior.

En el cementerio de La Madeleine descansan sus restos. Una bella escultura de mármol blanco, obra de Albert Roze fue colocada sobre su tumba. Representa al escritor emergiendo de la tierra, con la mirada y el brazo derecho apuntando al cielo. No doblegándose a su muerte. Como así reza el nombre de la escultura: “Vers l’immortalité et le éternel jeunesse” (hacia la inmortalidad y la eterna juventud).

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Expulsado en edad escolar por ser “estéril e improductivo” (desde luego el profesor de nuestro protagonista no pudo realizar comentario más inexacto), Thomas Edison patentó más de mil inventos contribuyendo a perfilar los avances tecnológicos de los que hoy en día disfrutamos.

Fue su madre, Nancy Edison, la que después de recibir la carta “premonitoria” del profesor de Thomas, se encargó personalmente de la educación de su hijo. Años después el genial inventor no podía tener más que palabras de elogio ante su progenitora, diciendo que ella fue la que le hizo ser como era; la fe y lealtad que depositó su madre en él, hizo que le diera un motivo para vivir, tenía a alguien a quien no decepcionar.

Ávido lector gracias a las directrices de su madre, Thomas comenzó a frecuentar la Biblioteca de Detroit, que utilizaba bajo su propio método: comenzaba por el primer libro que encontraba en el estante inferior y seguía subiendo por orden hasta terminar con toda la hilera.

Pero como la lectura no apaciguaba sus inquietudes, también comenzó a realizar pequeños experimentos basados en los libros de Ciencias que caían en sus manos.

Después de un fallido intento por montar su propia empresa, obtiene un puesto de telegrafista gracias a que salvó a un niño en las vías del tren; dentro de este entorno sería donde haría su primer invento: un repetidor automático que transmitía señales de telégrafo entre estaciones sin personal. Esto permitía una traducción fácil y precisa, pero Thomas nunca patentó el borrador de dicha idea.

Sí lo hizo en 1868, cuando patentó un contador eléctrico de votos; tenía dos botones, uno para el voto a favor y el otro para el voto en contra. Lo presento al comité del Congreso de Washington y el resultado no pudo ser más demoledor: el invento fue rechazado de manera categórica, ya que según el comité el invento favorecería los fraudes en las votaciones, algo que ellos querían evitar. Este honesto veredicto sirvió de lección al joven Thomas; ante todo, un invento tiene que ser necesario.

Tras este varapalo y sin un céntimo en el bolsillo se marcha a Nueva York, donde consigue un trabajo con muy buenas condiciones gracias a la rápida reparación de una grave avería en un transmisor telegráfico que se encargaba de informar a los abonados de las cotizaciones en bolsa.

Pero Thomas, lejos de asentarse en su nuevo empleo, aprovechó la ocasión para poder trabajar por su cuenta. La Western Union le encargó un nuevo proyecto que Thomas supo desarrollar sin problemas; así nació el Edison Universal Stock Printer, una impresora efectiva cuyo cometido era plasmar las cotizaciones en bolsa.

Con los ingresos originados por su invento, Thomas pudo casarse y formar una familia. Pero su prolífica mente no paraba y siguió inventando. Tanto desarrollo sus inventos que necesitaba un único espacio donde aunar todo el proceso y creó una verdadera fábrica de inventos: biblioteca, talleres, laboratorios y viviendas donde se establecerían él y sus colaboradores. Once años después, cuando dejo su Menlo Park y la fábrica de inventos, Thomas Edison ya tenía en su haber una lista con casi cuatrocientas patentes.

Aunque muchos seguramente piensen que Thomas fue el inventor de la bombilla es un dato erróneo, su inventor fue el químico británico Joseph Wilson aunque este no lo patentó en su momento. Los filamentos de la bombilla creada por Wilson se quemaban rápidamente haciendo que su iluminación fuera muy limitada (no llegaba a una hora). Thomas Edison cogió la idea primigenia e investigó hasta encontrar un material para prolongar la vida del filamento, y lo encontró en el bambú carbonizado. Después de patentar el nuevo prototipo de bombilla Thomas comenzó a elaborarla, consiguiendo que su bombilla iluminara más de cuarenta horas de manera ininterrumpida. Todo un hito en aquella época; tanto es así, que las acciones de las compañías de gas cayeron en picado.

Siguió perfeccionando su logro y creando otras muchas obras, suyas son:

.El fonógrafo, hoy no escucharíamos música si no es por este invento que reproducía sonidos ya grabados.

.El micrófono de carbón, vital en la telefonía de la época.

.El kintoscopio, gran aportación de Thomas al mundo del cine, el aparato proyectaba una banda de imágenes sin fin, aunque de manera individual.

.Las baterías recargables. Lo que hoy conocemos como pilas alcalinas, Thomas Edison las ideó en principio para alimentar los coches eléctricos.

Después de este breve resumen de sus múltiples inventos no es de extrañar que la población se echara literalmente a la calle el día de su fallecimiento. Thomas Alva Edison exhaló su último suspiro un 18 de octubre de 1847 en West Orange, Nueva Jersey. Como comienzo para homenajear al gran inventor, algunas ciudades apagaron sus luces durante un minuto; se apagaba la luz del inventor de la luz.

Después de instalar la capilla ardiente y en todo momento acompañado por su familia, el cuerpo de Thomas Edison estaba preparado para darse su merecido baño de multitudes. Antes de abrir las puertas al público, los compañeros del inventor tuvieron la preferencia de poder despedirse de Thomas en la intimidad. El ataúd llevaba una placa de bronce donde constaba la firma real de Edison y el inventor fue vestido con su habitual indumentaria, además de la pajarita que siempre le acompañó.

The Associated Edison Iluminating Empresas hizo llegar una corona con ochocientas orquídeas, y la mayoría de las flores presentadas durante el sepelio eran crisantemos. Según crónicas de la época, más de cuarenta mil personas acudieron a presentar sus respetos. Significativa fue la despedida de Henry Ford, amigo de Thomas, ya que se negó a entrar a la capilla ardiente a pesar de presentarse allí, alegando que quería seguir recordando a Edison como en la última charla que habían mantenido.

Una vez dispuesto todo el cortejo fúnebre, salió a la calle donde las personar allí congregadas siguieron acompañando al gran inventor en su último paseo. Su sepultura se encuentra al lado de la de su mujer en su finca llamada Glenmont Thomas Edison; allí se puede comprobar cómo multitud de personas se acercan a lo que fue su hogar, hoy convertido en museo para seguir dándole las gracias por sus inventos. Aquella lección aprendida por el rechazo del Congreso a uno de sus inventos lo llevaría al límite el resto de su vida, no podemos decir que sus sucesivas creaciones no fueron superfluas, lo que creó desde entonces fue necesario, muy necesario para las futuras generaciones.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

Grandes funerales: María Guerrero

María Guerrero. Su apellido lo dice todo. Fue una gran luchadora en su época, una mujer de carácter. Se dedicó al mundo de la farándula hasta que llegó a ser una ilustre actriz y una gran empresaria. Compró el Teatro de la Princesa que posteriormente pasó a llamarse Teatro María Guerrero, en el año 1909.Teatro que estuvo vinculado con su vida hasta la muerte, ya que allí fijó su residencia.

Estudió Arte Dramático de la mano de la actriz Teodora Lamadrid. Y cinco años después, con tan sólo 23 años debutó como primera actriz en el Teatro Español. Trabajó con denuedo hasta que, en el año 1894, consiguió crear su propia compañía. En el año 1896 se casó con el aristócrata Fernando Díaz de Mendoza, que a su vez era empresario, actor y director de teatro. Junto a María formó una nueva compañía teatral que recorrió América con un considerable éxito. Tuvieron dos hijos, Luis Fernando y Carlos Fernando, pero ello no les impidió realizar una espectacular gira por el continente americano, Francia, Bélgica e Italia. Más de cien obras teatrales con un gran éxito en todas ellas.

 A pesar de ser una mujer tan transgresora, fue tan dominante y  autoritaria que no reconoció a su nieto, Fernando Fernán-Gómez. Hijo de su primogénito con la actriz Carola Fernán-Gómez, María no aceptó que su hijo se quisiera casar con una actriz y consiguió que Carola fuera contratada en una larga gira por Latinoamérica, pero ella ya estaba embarazada.

A finales del año 1927 volvieron a instalarse en Madrid debido a la enfermedad de la empresaria: esclerosis de riñón.

El 23 de enero de 1928, a las 10 de la mañana, falleció María Guerrero de Mendoza, condesa de Balazote y de Lalaing, marquesa de Fontanar y primera actriz de todos los teatros españoles, cuando estaba a punto de estrenar la obra “Doña Diabla” de Luis Fernández Ardavín.

Falleció en el teatro que tanto amaba. La capilla ardiente se instaló al día siguiente sobre el escenario para que todo el que quisiera pudiera despedirse de tan admirable mujer.

En lo alto del escenario se habían colgado enormes cortinas de terciopelo negro con franjas amarillas, y en el centro, sobre un catafalco, el féretro; a los pies estaba la bandera de la Juventud Socialista Madrileña; en la cabecera se alzaba el estandarte del Sagrado Corazón de Jesús. Formando un círculo alrededor, se encontraban todos los ramos y coronas enviados por amigos y familiares, más de cien. La sala por completo estaba cubierta de paños blancos y a los pies de las plateas, los ramos y coronas, además de en el vestíbulo, se amontonaban. Miles de madrileños pasaron por el escenario del teatro para dar el último adiós a la gran actriz. Tal fue el tumulto, que incluso tuvieron que intervenir las fuerzas del orden pues se acercaba la hora del entierro y aún las colas kilométricas rodeaban el teatro. Esta partía desde la puerta del teatro y bajaba por las calles Tamayo, Almirante, Recoletos, Bárbara de Braganza, Marqués de la Ensenada y Génova.

Multitud de asistentes presenciaron los funerales: escritores, políticos, pintores, personas de a pie,…. Cabe destacar la ausencia de D. Ramón del Valle Inclán. Dicen que el escritor sentía tanta antipatía por María, que a pesar de que sus íntimos le suplicaron que hiciera acto de presencia, se negó en rotundo. Se calcula que desfilaron más de 100.000 personas.

Los Reyes de España enviaron una corona de flores con cintas de los colores de la nación, con la siguiente inscripción: “Sus Majestades a María Guerrero” y un crespón negro: “Alfonso XIII, Rey de España”.

A las tres y media de la tarde, el arca fue bajada a hombros del escenario por sus hijos, Fernando y Carlos; a estos los acompañaban el conde de San Luis, don Juan Ignacio Luca de Tena, Luis Fernández Ardavia y Eduardo Marquina. La carroza, tirada por seis caballos, fue decorada en los costados con las coronas enviadas por Alfonso XIII, Jacinto Benavente, el Ayuntamiento de Madrid, la compañía de teatro del Calderón y una enorme cruz de claveles blancos de sus hijos.

La calle Alcalá dirección a Cibeles estaba repleta de gente esperando la comitiva; el homenaje que le rindieron los diferentes teatros de la ciudad fue espectacular: el teatro Alcázar crespones negros de sus balcones; al pasar por el Infanta Isabel, una orquesta interpretó la marcha fúnebre mientras que los artistas de la compañía lanzaban ramos de flores al carruaje; en el teatro Apolo, la orquesta del teatro interpretó la marcha solemne de Benamor, del maestro Luna, y los integrantes de las compañías se iban integrando al duelo, que lo formaban ya más de 10.000 personas. Todo, todo Madrid, se unió al cortejo fúnebre. El momento más emocionante fue la llegada al teatro Español, el teatro en el que había cosechado sus mayores triunfos; la plaza de Santa Ana, abarrotada, rompió en un silencio que sólo fue roto por los cascos de los caballos y el sonido de los coches fúnebres, sobre los que caía una lluvia de pétalos de rosa lanzada por sus acongojadas compañeras de profesión.

Fue tal la afluencia de público que llegó a la Almudena, donde tuvo lugar el entierro, que el camposanto tuvo que ser cerrado. Más de 1.000 coches formaron el cortejo fúnebre, más las 5.000 que llegaron a acercarse andando.

Anochecía ya, y los criados y porteros y ordenanzas de la Sociedad de Autores encendieron antorchas que hicieron más majestuoso aún el entierro si cabe. De coche fúnebre descargaron el féretro a hombros Eduardo Marquina, los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches t Luis Linares de Becerra.

El momento más emotivo fue la presencia de su marido, que los médicos, por su delicado estado de salud, le aconsejaron no asistir al sepelio. Llegó en un taxi en el momento en que el arca iba a ser colocada. Se abrazó desconsolado a Jacinto Benavente exclamando: “Se acabó para siempre”.

.Sus restos mortales descansan en el cuartel número 8, manzana primera, letra A. Su marido, Fernando Díaz de Mendoza se encuentra enterrado junto a ella, en una sencilla sepultura.

Vicky Delgado

Vicky Delgado

vicky@guiadecementerios.com

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

Grandes funerales: JFK

John Fitzgerald Kennedy nació en Brookline el 29 de mayo de 1917. En 1960 se convirtió en el presidente más joven de los Estados Unidos. Es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX. Impulsó una política de reformas destinadas a recuperar para su país la primacía mundial. Pero sus proyectos quedaron incompletos tras ser asesinado tres años más tarde. En este año 2017 se cumplen 54 años de su muerte.

El 22 de noviembre de 1963 John Fitzgerald Kennedy se encontraba de gira política en Dallas, promoviendo su reelección para 1964, cuando poco después de su llegada y de dar el que fuera su último discurso, fue asesinado por dos disparos.

Se encaminaba hacia el centro de Dallas en un coche descapotable, acompañado por un agente-conductor como chófer y otro agente de seguridad. Tras ellos se encontraba el gobernador Connally, y en los asientos traseros, John Kennedy a la derecha y su esposa Jacqueline Kennedy a su izquierda. Durante el camino, la comitiva hacia breves paradas para que pudiesen saludar a las masas.

Tras pasar un almacén de libros escolares se realizan los disparos que acabarían con la vida del presidente. Gracias a un árbol, el primer disparo es desviado y rebota en el cemento de la calzada. A los 3 segundos llega el segundo disparo que impacta sobre la espalda del presidente y que atraviesa su cuerpo hasta salir por su garganta. Automáticamente John Kennedy se lleva las manos a la garganta mientras su esposa lo observa asombrada. Llega el momento del que sería el último disparo. Éste último impacta sobre el hueso occipital de la cabeza del presidente. Jacqueline Kennedy suelta a su esposo y se abalanza a horcajadas a la parte trasera del coche, donde recoge una sección del cráneo de su marido. El presidente es trasladado a Parkldand Hospital, donde declaran oficialmente su muerte a las 13:38h. Nunca tuvieron esperanza de salvar su vida.

El funeral tuvo lugar durante los tres días siguientes. Tras la declaración de su muerte por los servicios sanitarios de Dallas, es trasladado a Washington D.C. y puesto en el Cuarto Este de la Casa Blanca durante 24 horas. Philip C.Wehle junto con los oficiales del Distrito Militar de Washington organizaron el funeral. El lunes siguiente del asesinato fue declarado Día Nacional de Luto, solo trabajarían personas en cargos de urgencia.

El cuerpo sin vida del presidente permaneció presente en la rotonda del Capitolio, donde aproximadamente 800.000 estadounidenses fueron revestimiento de la calle para su entierro. John Kennedy fue vestido con su traje azul favorito, camisa blanca y corbata azul. El féretro permaneció cerrado por decisión de su familia. Jacqueline Kennedy vestía de negó y su rostro fue cubierto por un velo de luto. Sus hijos la acompañaban agarrados a sus manos.

La hija mayor, Caroline, y Jacqueline se aproximaron al féretro, se inclinaron y dieron un último beso de despedida. El hijo pequeño del matrimonio era conocido como John-John. Era su tercer cumpleaños y el entierro de su padre. Se despidió de él con el saludo presidencial, llevándose la mano derecha a la frente y sacándola hacia fuera.

Los restos del presidente fueron colocados en una Cassion tirado por caballos. La Primera Dama, junto a los miembros de su familia y líderes mundiales, abandonaron sus limusinas para ir a pié hasta San Mateo. Black Jack, un caballo de 16 años sin jinete, se marchó cabalgando con una espada colgada de su silla vacía y unos estribos con unas botas señalando hacia atrás. Llegaron a la iglesia al medio día, donde el cardenal Richard Cushing dirigía la ceremonia.

El paseo de caballos hasta el cementerio estuvo escoltado por el cuerpo militar. El silencio era interrumpido por el clac constante de los cascos y el lento chirrido de las ruedas Cassion. La tumba fue excavada el día anterior por un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Una vez en la tumba del Cementerio Nacional de Arlington, Jacqueline camina entre sus cuñados Bobby y Teddy.

El homenaje por parte del cuerpo militar fue espectacular: Una escuadra de 50 aviones de combate volaba sobre el cementerio en formación de V, el último avión se ausenta en homenaje al presidente; la Fuerza Aérea Uno siguió con su piloto sumergiendo sus alas en el cielo y una salva de 21 disparos precedió los sonidos melancólicos de una corneta antes de que el féretro fuese bajando.

La bandera que tapaba el féretro fue entregada a la Primera Dama por el sargento Keith Clark. A las 3.32 John Kennedy fue sepultado cuando su familia ya se había marchado. Esa noche, Jacqueline retira unos lirios de un florero y se encamina al cementerio acompañado por RFK y dos agentes del Servicio Secreto. Un adiós necesario, íntimo, sin masas que los rodeasen.

Yolanda Molano

Yolanda Molano

yolanda@guiadecementerios.com