¿Qué es un Castrum Doloris?

¿Qué es un Castrum Doloris?

¿Qué es un Castrum Doloris?

Ya hablamos en el blog acerca de los catafalcos, y nombramos los Castrum Doloris, así que hoy veremos qué son.

Tenemos que remontarnos hasta la Edad Media, época en la que la muerte pasa a ser de una pequeña celebración privada al vehículo para que la clase poderosa y dominante pudiera demostrar su status públicamente. Los rituales funerarios de los más ricos, que podían llevar hasta un mes de preparativos y ejecución, tenían sus coros de plañideras, cortejo de pobres (cuantos más hubiese mayor benefactor se le consideraba), los parientes, la procesión de gente con cirios encendidos, y además, su catafalco estaba decorado con un dosel en el que se incluían velas, flores, escudos de armas y esculturas alegóricas, los Castrum Doloris, cuya traducción sería algo así como “castillo de la pena” .

En 1558, por ejemplo, en la Catedral de Santiago se preparó un doloris castrum con forma de torre, de una altura de tres pisos que llegaba hasta el cimborrio, decorado con pendones colgantes y cien hachas de cera; sobre él pendían doce candelabros sujetos de una gran corona que remataba aquella obra de arquitectura efímera. 41 personas trabajaron durante 32 días para participar en las exequias de Carlos I.

No es hasta los siglos XVII y XVIII cuando vuelven a ponerse de moda en la sociedad, donde además se incluyen los “trumienny portret”, (“retrato ataúd” en polaco), que consiste en poner en el féretro un retrato del difunto, hecho en estaño y con forma de hexágono y octógono, que se retiraría antes de enterrarlo, y este solía colgarse en las paredes de la iglesia a la que el difunto había pertenecido en vida.

Sin duda se convirtió en el elemento más emblemático de la arquitectura efímera barroca, ya que en sí encerraba el significado de lo transitorio, la fugacidad de la vida. La decoración principal de estos siempre lleva referencias a la muerte, a través de calaveras, esqueletos… Hasta 1696 estaba reservado sólo para la familia real, pero Carlos II aprobó que también pudiese ser utilizado por la aristocracia y la jerarquía eclesiástica.

Se pone tan de moda que los más resonados escultores realizan proyectos en vida de los deseos de los futuros ilustres difuntos; algunos tienen hasta portfolios con diferentes diseños por si alguno puede interesar. Así encontramos este boceto del siglo XVII para un futurible deceso papal:

 

O este otro para un miembro de los Borbones:

 

Churriguera realizó el catafalco de Maria Luisa de Orleans en la iglesia del Real Monasterio de la Encarnación:

No hace falta destacar que debido a su fragilidad temporal, no existen más que dibujos y bocetos de lo que fueron aquellos majestuosos templetes.

 

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

El perro Paco

El perro Paco

El perro Paco

Como buenos gatos madrileños, hubo una época en la que nuestra vida fue “dirigida” por los gustos de un perro.

“En apariencia es un perro; pero no puede asegurarse que no sea otra cosa o haya sido. Lo mismo puede ser un ex personaje que un ex bohemio. Es negro azabache, de regular tamaño, y lana entrefina; de raza mezclada de Terranova, y no sé si asturiana. Sus ojos brillantes tienen más expresión que los de un tenor de ópera italiana. Ha viajado mucho, según suponen algunos hombres que alternan con él”

 

Paco, antes de serlo, era un perro callejero al que le gustaba pasear entre la Carrera de San Jerónimo y la Puerta del Sol. Un día, decidió entrar en el Café de Fornos a ver si sacaba un mendrugo de pan. El marqués de Bogaraya, que llegó a ser alcalde de Madrid, le ofreció un hueso, que el perro aceptó de sumo grado. Las buenas lenguas dicen que le puso al perro de nombre Paco por ser el día de San Francisco de Asís cuando entró en el Café; las malas, que le puso ese nombre por recordarle su cara a uno de sus enemigos.

Como el marqués era asiduo comensal del Café Fornos, Paco se pasaba por allí todos los días a ver si conseguía algo. Si no pillaba cacho, cruzaba al Café Suizo a probar suerte, donde siempre encontraba un terrón de azúcar o un trozo de bizcocho ofrecido por los tertulianos allí congregados. Así que Paco se fue haciendo asiduo parroquiano, y adoptado, sin casa, primero por la aristocracia y al final, por el pueblo de Madrid entero. Fue objeto de poemas, artículos, una polka (que fue compuesta con el perro delante, y dio su beneplácito a la pieza al final de esta) y canciones; incluso el rey Alfonso XII le escribió un pequeño libro, Memorias autobiográficas de don Paco.

Paco se relacionó con lo más distinguido de la sociedad madrileña; tenía amigos y protectores en todos lados. Le invitaban al teatro, la zarzuela y los toros. Estos últimos eran lo que más le gustaba. Los días que había corrida, llegaba hasta la plaza caminando con el resto de aficionados, y ocupaba su localidad en el tendido del 9. Se hizo también crítico taurino, ya que si la faena no le gustaba, llenaba de ladridos la plaza, que enseguida eran acompañados por los silbidos del personal.

Fue su afición a los toros la que lo mató. Una tarde, un novillero que tenía una mala tarde, se encontró que Paco bajó hasta el ruedo para recriminarle la faena. El novillero, nervioso ante la faena y la reprimenda, le metió un estocazo a Paco hiriéndolo casi de muerte. Imaginaos. Todos los allí reunidos querían matar al novillero torpe.

Pese a que intentaron recuperarle, Paco murió a los pocos días por culpa de las heridas causadas por el estoque. Fue disecado y expuesto en el Café, e incluso se decidió recaudar dinero para enterrarlo en El Retiro y hacerle un monumento conmemorativo. El pueblo de Madrid se volcó en esta ofrenda. Tanta fue la recaudación que … alguien desapareció con ella. Paco nunca tuvo su monumento conmemorativo. Ni su tumba señalizada. Está enterrado en el Parque de El Retiro, pero nadie sabe su ubicación.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com

Sepultura de Caroline Walter

Sepultura de Caroline Walter

Sepultura de Caroline Walter

A los que nos gustan los cementerios por defecto solemos tener cierta “predilección” por algunas sepulturas, esculturas o panteones. Si bien es cierto que muchas de ellas guardan los restos de personajes históricos o relevantes para la sociedad, hay muchas otras que son de personas anónimas que a lo largo de los años se ha ido conociendo su historia no por lo vivido, sino por lo significativo de su tumba.

Esto sucede en viejo cementerio de Friburgo de Brisgovia, una ciudad situada en Alemania. Este precioso camposanto estuvo acogiendo almas durante casi doscientos años hasta que en 1872 fue convertido en un hermoso parque, acondicionando el recinto y colocando bancos que invitan al descanso y una fuente. Desde entonces así conviven las tumbas que allí se encuentran; reciben visitas a diario, personas desconocidas que van al parque a pasear, tomar un respiro del trajín de la ciudad o simplemente meditar y acompañar a los difuntos allí congregados.

Pero hay una sepultura que destaca por encima de las demás, no posee gran altura pero es tan bella que llama poderosamente la atención, se trata de la tumba de Caroline Walters.

Tenemos que remontarnos a hace más de 140 años cuando nuestra joven protagonista vivía en una Prusia en pleno crecimiento. Hija de una familia acomodada, su infancia transcurre como las demás niñas. Caroline tenía una compañera de juegos, su hermana Selma. Las dos hermanas eran inseparables y todo apuntaba a que serían dos bellas mujeres el día de mañana.

Pero el destino quiso que sus padres fallecieran, todo el mundo de color de rosa en el que vivían las hermanas se transformó en un plomizo gris de un día para otro sumiendo a Caroline y a Selma en un estado de dolor del que pensaban que no saldrían adelante.

Ambas se trasladan a Friburgo con su abuela y a pesar del dolor intentan sobrellevarlo; se matriculan en la escuela de chicas de la localidad e intentar hacer una vida propia de su edad. Lo consiguieron con el tiempo y ambas se convirtieron en dos bellas señoritas a las que no les faltaban los admiradores.

Selma contrae matrimonio y se lleva consigo a su hermana para iniciar una nueva vida con ella. Por supuesto Caroline estaba encantada de que las dos siguieran juntas a pesar del nuevo rol adquirido por Selma.

Pero una vez más el destino les tenía un nuevo varapalo preparado: Caroline se comienza a encontrar mal, con apenas 16 años su estado de salud comenzaba a ser preocupante. Selma la lleva hasta el médico de la localidad que no pudo hacer más que dar un fatal diagnostico: tuberculosis.

La enfermedad se apoderó rápidamente de nuestra bella Caroline, que fue perdiendo su vitalidad hasta que una fría tarde de invierno exhaló su último aliento.

Si ya perder a los padres supuso un duro golpe para la familia Walters imaginar perder a una joven llena de vida, hermosa y muy querida por todos aquellos que tuvieron trato con ella. Pero para una persona fue especialmente duro vivir esos momentos: Selma quedó hundida; unidas desde siempre, ahora les tocaba separarse por culpa de una cruel enfermedad.

Caroline fue enterrada en el cementerio de Friburgo, en la muralla oriental del camposanto. Su hermana queriendo recordarla de por vida mandó a uno de los mejores escultores de la época una escultura de la joven Caroline, tenía que ser algo hermoso, que emanara la dulzura y candidez de la joven fallecida.

El escultor realizó una magnífica obra; en ella se representa a una Caroline que se acaba de quedar dormida después de haber estado leyendo en la cama. Se la puede ver semi incorporada en el lecho y con el libro todavía en la mano reposando en un lado de la cama. Tanto realismo tiene que en su día se llegó a pensar que era la misma joven bañada en bronce, pero es un hecho sin contrastar.

Una preciosa y conmovedora historia que no habría ido a mayores si no es porque a lo largo de los años siempre, siempre, siempre, en la sepultura de Carolina hay flores frescas.

¿Leyenda? Puede que sí, puede que no.

Al principio podemos pensar que era la misma familia la que le llevaba flores a Caroline, cosa lógica. Los admiradores de la joven y la gente que la conocía también dejaban aquellas flores frescas puntualmente cada mañana. Pero el tiempo pasó, Selma y la familia dejaron de acudir con tanta frecuencia a la tumba, los admiradores ya no admiraban tanto a Carolina y también dejaron de acudir, sin embargo las flores amanecían cada día reposando bajo el brazo de la bella durmiente.

El misterio ha continuado a lo largo de estos años, muchos (sobre todo los trabajadores del recinto) han intentado descubrir quién pone las flores, pero todo ha sido en vano.

Han pasado 148 años y Caroline sigue recibiendo su presente cada día sin que el misterio haya sido resuelto. Podemos pensar que simplemente por la hermosura de su escultura o la tierna historia de su moradora siempre hay algún alma caritativa en este mundo que simplemente pone las flores en señal de respeto o porque le ha cogido cariño a la sepultura, pero realmente nunca lo sabremos, sólo lo sabe Caroline es que quien las recibe y estamos seguras de que estará agradecida de que después de tantos años, alguien se siga acordando de ella.

 

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

I Aniversario de Guía de Cementerios

I Aniversario de Guía de Cementerios

I Aniversario de Guía de Cementerios

Hoy hace un año que pusimos en marcha la Guía de Cementerios. Escogimos este día porque es la fecha en la que Carlos III presentó la cédula que indicaba que todos los cementerios debían de ser extramuros. Que no se le hizo caso hasta varios años más tarde, pues también, que a cabezones no nos gana nadie.

Ha sido un año de arduo trabajo, con mucha, muchísima ilusión y la mismas ganas e ilusión de seguir haciendo que la web crezca hasta que metamos la última referencia en ella. Sólo nos quedan unas 16.000 entradas, pero ¿quién dijo miedo?, a cabezotas, como a los españoles del siglo XVIII, tampoco tenemos rival.

Queremos daros las gracias desde ya a todas las personas que nos estáis apoyando, bien desde el principio (tenemos unos maridos y unos hijos que son unos soles y que ya no flipan con nada) y a todos los que nos habéis ido conociendo y dando ánimos a lo largo de estos meses, porque sois un bastión para seguir con esto y nos demostráis que os gusta lo que hacemos; y a quién no le gusta un halago, oye.

Así que queremos darle las gracias (esperamos no olvidarnos a nadie), a Ángel, Paula y Victor, a Raúl y Diego, a Ramón, Sandra y Marcos y a Carla y Julio por ser nuestros fans incondicionales; a Nines y Marijose, que aunque ya no están trabajando con nosotras en la guía, han sido una pieza fundamental en este engranaje; a David, que fue la primera persona “ajena” que abrió los ojos como platos cuando le contamos nuestra idea y nos animó a continuar.

A Toni, Esther, Ainara, Fer y Javier por acogernos con los brazos abiertos y ayudarnos y enseñarnos un montón de cosas; hemos aprendido tanto de vosotros que no sabemos cómo agradecerlo, así que de momento os debemos unas cañas.

También le debemos unas cañas a Jose, que se hacía las rutas de la bici pasando siempre por los cementerios para aprovechar y sacar unas fotos; o a nuestro querido Jesús, barrendero de Ciudad Real, que cuando recogía el contenedor de la puerta nos hacía el favor de tomar unas fotos; al otro Jose, que tiene a la familia hasta las orejas de llevarles a cementerios cuando salen de excursión los fines de semana por hacernos las fotos; a Natalia, a quien alguien le contó nuestro proyecto y cada vez que sale, vuelve con fotos para nosotras; a German, por hacerse sus rutas de runner pasando por los cementerios de Colonia, y a Diego, que desde Portugal no hay semana que no nos mande cien mil enlaces que nos pueden interesar. Y en general, a todas aquellas personas a las que hemos acosado cada vez que sabíamos que se iban a ir de viaje a cualquier parte. Hemos llegado a pedir fotos a gente que habíamos conocido hacía diez minutos. Algunas nos hicieron caso.

También queremos dar las gracias a todas esas personas que nos han ayudado enviando fotos o contándonos historias al correo; en especial queremos agradecerles a todos los trabajadores de los cementerios que nos han escrito para darnos información acerca de los recintos en los que trabajan (y corregirnos algunas cosas, jaja).

Sin olvidarnos de Curro y Patricia, que nos dejaron un sitio en sus programas de radio para dar a conocer nuestro proyecto.

Y en general, a todos los que nos leéis y participáis con nosotras. Muchas gracias, de verdad. Y que sea por muchos años.

Bueno, que parece que nos han entregado un Oscar. Ahora vamos a la parte divertida. No sólo hemos mandado a todas las personas que conocemos con acceso a una cámara de fotos que nos las hicieran, nosotras también hemos salido a documentarnos. Han sido, y serán, muchos kilómetros recorridos, y como era de esperar, han surgido unas cuantas anécdotas. Nosotras llevamos meses riéndonos con ellas, así que esperamos que a vosotros os pase lo mismo.

Mari Ángeles

En una ocasión que acudimos Ángel y yo a un cementerio por el fallecimiento de un conocido a cierta hora de la tarde, después de dar el pésame y demás, salimos para hacer las respectivas fotos al cementerio.

Suele ser tal la emoción que nos embarga cuando encontramos un cementerio que pasamos dentro más tiempo de lo normal, porque además en este caso el camposanto era de tamaño considerable y necesitaba su tiempo, tanto que, cuando fuimos a salir la puerta estaba cerrada, sobrepasamos la hora de cierre sin darnos cuenta y… ¿Ahora qué hacemos? Descartamos la posibilidad de gritar para que nos escuchara alguien, a pesar de que el tanatorio estaba próximo…pues nada, sólo quedaba saltar la valla, que afortunadamente no tenía gran altura.

 

Cuando salimos de excursión o a hacer trabajo de campo, como decimos nosotras, para visitar el mayor número de cementerios posibles y traernos un buen reportaje de fotos, se ha convertido ya en un tópico (aparte de los bocatas para el camino) llevar una escalera de altura considerable, sencillamente porque dado que muchos cementerios están cerrados, y da mucha rabia tenerlo delante de las narices y no poder entrar, abrimos nuestra escalera a pie de muro y así, al menos, alguna foto conseguimos para documentarlo. Antes de pensar en la escalera, pegábamos el maletero del coche al muro, lo abríamos y subidas dentro hacíamos las fotos. Poco a poco vamos avanzando, y ahora nos hemos comprado un dron en Aliexpress para aprender a manejarlo y que ya no haya verja ni muro que se nos resista.

Y el otro instrumento que no puede faltar es el palo de Selfie, que también resulta muy útil, cuando la puerta del cementerio está cerrada, permite introducirlo a través de sus barrotes y hacer unas estupendas fotos como si hubiéramos estado dentro.

Pero no solo hemos encontrado dificultades con los muros, si no que también hemos tenido que bregar con algo a veces más robusto que una pared de piedra, que son los habitantes del pueblo que visitábamos. Todos los pueblos tienen su cementerio, y cuanto más pequeño sea, con más recelo lo guardan. Esto lo descubrió Marijose haciendo el Camino de Santiago este verano, que tardaba una media de 10 minutos en sonsacar el destino del camposanto al habitante del pueblo que preguntara, entre cien mil ¿Y para qué quieres saberlo? ¿ Y por qué haces una guía? Y un sentenciador “Pues vaya trabajo raro que tienes, hija”

Aprovechamos cualquier momento de nuestras vidas para coger el coche e irnos de excursión a hacer fotos. Donde sea. Como a la Soria más profunda en pleno mes de Julio. A unos 50 grados a la sombra. Y es que hay sitios a los que el coche de Google Maps no ha llegado en profundidad, tampoco la cobertura móvil, así que hay que tirar de autóctonos para llegar a los sitios, como se hacía en el siglo XX.

Paloma

Llegamos al primer pueblo pequeño. Vemos una señora mayor. Le pregunto:

– Hola, buenas tardes, ¿el cementerio por favor? 

(La señora me mira muy desconfiada de arriba a abajo, deteniéndose varias veces en mi pelo, que en aquel momento era rojo tomate) 

– ¿Tienen a alguien allí? 

(Recuerdo que a Marijose le han hecho esa pregunta en las aldeas gallegas)

– Ehhh…no, no lo sé. Estamos buscando a una tía de mi madre que sabemos que es de la zona, pero no estamos seguros de que esté aquí, vamos buscando. 

– ¿Cómo se llamaba? 

– María Martín (coño, que casualidad, como mi abuela) 

– No me suena 

– (Pues mire que he ido a buscar un nombre típico) Ya, bueno, por echar un ojo. 

– ¿Pero era de aquí? 

– (No señora, mi abuela era de Coín, Málaga) Creemos que sí, de la zona. No sé, cosas de mi madre. 

– ¿Estaba casada? 

– (Joder con la Stasi) : Sí, el marido se llamaba José García (coño, como el jefe de mi marido) 

– Pues no me suena 

(Ya, señora, menos mal porque es todo inventado, por dios, ¿me quiere dar las indicaciones para llegar al cementerio?) 

– ¿Me puede decir dónde está? 

– No vais a encontrar a quien buscas. 

– YA, pero por echar un ojo…. 

Después de 10 minutos consigo que la señora me diga dónde está.

 

Aldea 2

Señor sacando el coche de su garaje. Le preguntamos. Esta vez la conversación es con mi marido.

– Hola, buenas tardes, ¿el cementerio por favor? 

(Se asoma a mirar quiénes vamos dentro del coche) 

– ¿Tienen a alguien allí? 

– No lo sabemos, estamos buscando a una tía de su madre que sabemos que era de la zona. 

– Pues no está aquí seguro. 

– Vaya, ¿nos puede decir dónde está el cementerio y lo miramos nosotros?

 – ¿Cómo se llamaba? 

– María Martín. 

– Aquí había una María… ¿Cuál era el mote? 

– (Señor, no me voy a inventar un mote ahora mismo que estoy ya cansado) Ni idea, oiga. ¿Me puede decir dónde está el cementerio? 

– No van a encontrarla. 

– Bueno, vale, pero ¿me dice dónde está? 

Cuando ya nos entraron ganas de decirle “mire, ya lo busco yo”, se dignó a decirlo.

 

Aldea 3

Llegamos y tienen dos cementerios. El municipal y el viejo. Es una aldea de unos 30 habitantes. 

10 de ellos estaban en la puerta del cementerio viejo. No nos bajamos. No podíamos enfrentarnos a una decena de interrogadores. Seguimos hasta el cementerio nuevo sin mirar atrás.

 

Aldea 4

Llegamos al cementerio municipal. Hay alguien dentro, y unas llaves por fuera. Nos acercamos.

– Hola, ¿tenéis llave? 

– No.

– ¿Tenéis alguien enterrado aquí? 

– No, pero estoy haciendo una web sobre los cementerios de España y si me dejas hacer unas fotos te estaría muy agradecida. 

– Sí mujer. (lo de la web suena guay y queda impactante)

(No me lo podía creer. Entro, hago las fotos y me paro a hablar con ella frente a la tumba que estaba limpiando) 

– Muchas gracias, llevo ya unos cuantos hechos a través de los barrotes y así es mucho más cómodo. 

– De nada, de nada. (Me quita el estropajo y el cubo de la tumba que estaba limpiando para que le haga una foto) Hazle fotos si quieres. 

– No tranquila, sólo hago fotos panorámicas para que no se vean los nombres. 

Me fijo en su lápida. “Familia Contreras Noseque” me fijo en la de al lado “Familia Noseque Contreras” ; otra, “Familia Contreras Noseque”.

Le doy las gracias y me voy hacia el coche.

Joder, quizás me hubiese llevado menos interrogatorio en el resto de los pueblos si hubiese usado mi apellido desde el principio.

 

Aldea 5

Ya preparados como dos fieras para enfrentarnos a la Stasi, buscamos un Contreras, buscamos un Contreras, llegamos al pueblo y le preguntamos al primer señor que pillamos.

– Hola buenas tardes, ¿el cementerio? 

– Sí, suba por esa calle y al final, ahí lo tiene. 

– Gracias

Joder, cuando ya teníamos todos los cabos atados y el entrenamiento suficiente van y nos lo ponen fácil.

 

Todas este año hemos dirigido las vacaciones hacia las zonas de España de las que nos tocan los cementerios porque somos únicas mezclando ocio y trabajo; algunas de nuestras familias lo sospecharon desde el principio pero se hicieron los locos, así que hemos conseguido combinar piedra y playa. Una de nosotras también se fue de ruta por Europa y de los monumentos típicos os puede contar poco, pero los cementerios se los aprendió al dedillo.

Clara

Cádiz capital, buscamos el cementerio de San José, a la tercera vuelta lo encontramos. ¿Sitio para aparcar? Ninguno. Seguimos dando unas cuantas vueltas más y nada, en la última vuelta que dimos me fije que había mal aparcada una furgoneta con unos operarios al lado, ocupaba más espacio del que debía.

Así que le dije a mi marido que lo dejara en doble fila, que iba a hablar con uno de los hombres.

-Buenos días caballero.

-Bueeeenas.

-¿Le puedo pedir un favor?

-Dime “quilla”.

-Si achucha un poco la furgoneta, acoplo mi coche, es que mire, quiero ir al cementerio (quedaba justo de frente) voy a tardar ná y menos.

-¡Claro, mujer! Faltaría más, es que aquí para aparcar te puedes tirar la vida.

Pues el hombre lo hizo, ¡más majos y salaos los gaditanos!

Entré en el cementerio y resulta que estaba vacío, sólo quedaban las oficinas.

 

 

Cementerio viejo de Chiclana, entramos y veo que tienen oficinas. Decido hacer las cosas bien, presentarme y pedir permiso para hacer las fotos.

-Buenas, mire soy de Guía de Cementerios, una web que está documentando todos los cementerios de España. ¿Le importa que haga fotos?

-Noo, a mi no, pero a los parroquianos seguro que si (palabras textuales).

-Bueno, pues si no le importa yo las hago con discreción, tampoco quiero molestar a las familias.

-Bueno hija, pero con cuidado, si viene alguien a quejarse dejas de hacer fotos.

-Si si, claro.

Así que entramos en el cementerio, para tardar menos y que no nos pillaran haciendo fotos nos dividimos: los chicos por un lado y yo por el otro.

Parecíamos paparazzi, haciendo fotos casi escondidos entre los matorrales, y detrás de los árboles para que los parroquianos no nos echaran el alto.

 

Vacaciones familiares, antes de irnos a la playa tenemos previsto ir a Véjer para visitar el cementerio y hacer las fotos. Los tres con ropa de playa; bañadores, chanclas, bolsa etc.

Llegamos a Véjer y vemos que hay una oficina de información de turismo, entramos con la intención de preguntar directamente por el cementerio.

-Buenos días

La chica saca el plano de rigor y comienza con la perorata.

-Buenos días, si suben por aquí encontraran el castillo, luego a la derecha está el mirador y…

-Para para, sólo quiero saber dónde está el cementerio.

-¿El cementerio?

-Sí, el cementerio.

– Ahh!! Pues suba la calle y en una rotonda pequeñita que hay a la derecha.

-Gracias y buenos días.

Total, que subimos la calle y cuando llegamos a la rotonda vemos que a la derecha nacen dos calles, y la muchacha de turismo no nos ha especificado si era derecha o derecha derecha.

Casualmente hay dos policías en la rotonda y les pregunto.

-Buenas, ¿el cementerio?

– ¿El cementerio?

(Sí, queremos ir al cementerio, verlo, hacer las fotos e irnos a la playa, si es hoy mejor que mañana).

-Sí señor.

-Ahhh, pues esta primera calle a la derecha…

Según me está indicando veo el final de un cortejo fúnebre, así que corto la palabra al policía, le doy las gracias y tiramos detrás del cortejo, seguro que con ellos llegamos al cementerio.

Los seguimos con discreción, no queremos molestar pero las calles adoquinadas y el ruido que hacían las chanclas no nos ayudaron. Llegamos al cementerio, esperamos fuera a que se realizara el entierro y cuando salió la gente entramos nosotros a verlo y a hacer las fotos.

 

Vamos a pasar el día a un pueblo de Salamanca para ir a ver a unos familiares, antes, paramos en Zorita de la Frontera. Llegamos al cementerio y vemos que está abierto, dentro hay un hombre y una mujer trabajando en una fosa.

Entro y me pongo a pasear viendo que fotos puedo hacer.

-¿Buscas a alguien?

-Sí, a un familiar de mi padre, aunque no sé si está aquí.

-¿Cómo se apellida?

Le digo Del Águila, es el apellido de mi padre y es raro encontrarlo. Me dice el hombre

-¿Del Águila? ¿No tendrás familia en Peñaranda?

-Sí, tengo familia allí.

– ¿Y algunas de tus familiares no serán…..? Me dice los nombre de 3 de mis tías.

-Sí, son mis tías.

-Andaaa, pero si hemos ido juntos al colegio, los conozco a todos.

Pues na, el hombre me dejo hacer fotos, me enseño la sepultura de su padre, me explicó el porqué de su lápida y me contó toda su vida. Llegamos tarde a comer.

 

Voy a unos cuantos cementerios próximos a mi localidad, primera parada, Serranillos del Valle. Según el GPS el cementerio está situado a la derecha de la carretera, siguiendo un camino rural. Bueno, pues me meto (haciendo casito al GPS) y tiro, tiro, tiro, tiro, y ni rastro del cementerio ni los cipreses. Llevaría como 10 min por ese camino cuando veo venir de frente un todoterreno, me echo a un lado del camino para dejarle pasar y cuando llega a mi altura se para.

-¿Dónde vas?

-Al cementerio, pero parece que no llego nunca.

-Es que por aquí no hay ningún cementerio.

-Joder, pues el GPS me pone que sí.

-Pues por aquí no hay nada. Date la vuelta y síguenos porque a partir de aquí el camino se pone mucho peor y no llevas el coche adecuado.

Total, que tuve que maniobrar cien veces para poder dar la vuelta, y seguir a esos buenos hombres que me salvaron de acabar vete tú a saber dónde. ¿El cementerio? Ni lo encontré.

No solo de saturar a nuestras familias vivimos, también hemos empezado a hacer excursiones nosotras a lo Telma y Louise.

Clara

Viaje previsto con Nines para irnos por Cataluña y Aragón en busca de documentación y fotos para la web.

Día de salida, seis de la mañana, me presento a recogerla en la puerta de su casa y me la encuentro vestida como un pincel (yo iba en plan batalla de campo).

-Nines, ¿Dónde te crees que vas con tacones y todo?

– Ayyy, nunca se sabe, a lo mejor encontramos a alguien para hablarle de la web.

(Vale, son las 6 de la mañana, me quedan 400km por delante y 4 días contigo, te vas con tacones).

Llevaba lloviendo toda la noche y la lluvia nos acompañó todo el viaje, no paró. Llegamos al primer cementerio de nuestro itinerario previsto. La lluvia había parado pero el suelo estaba encharcado por todos los lados, y el del cementerio, más. Bajamos para hacer las fotos y Nines con sus tacones por todo el recinto, tac, tac, tac, tac, tac, tac. Se le oía por donde fueras.

-Nines, ahora mismo te quitas los tacones que yo no te aguanto cuatro días con la matraca.

-Nooo, si he traído más calzado, mañana me pongo otro.

-Más te vale porque como no sea así te quedas por tierras mañas.

Continuamos nuestro camino, eso sí, con los tacones llenos de barro, y mi coche también.

 

Mismo día, después de desayunar en Tarazona seguimos nuestro camino, serían las 10 de la mañana, estaba comenzando a bajar la niebla. Llegamos a un pueblo y no encontramos a nadie a quien preguntar por el cementerio. Después de unas cuantas vueltas lo encontramos, estaba cerrado.

Como eso nunca ha sido un impedimento para hacer aunque sea 4 fotos, me pongo en la puerta, meto el brazo con la cámara y comienzo a hacer las fotografías.

Nines se fue por uno de los laterales y al rato de no oír el tracatraca de sus tacones, la llamo.

-Nines! ¿Dónde estás?

Nada.

-Nines!

Silencio.

Al minuto empiezo a oír (a todo esto la niebla había bajado del todo y se podía cortar con cuchillo)

-Estoy aquíííííí.

-¿Dónde?

-Aquííííííí

Tiro para uno de los laterales del cementerio y allí me la encuentro encaramada encima de la tapia, con tacones y todo. Le pasó como a los gatos, que para subir, bien pero para bajar, es otra historia.

Así que la tuve que coger en brazos para bajarla, menos más que es recogidita. Eso sí, allí mismo se quito los tacones.

 

Ultimo día del viaje de Nines y yo, llegamos a Teruel, las cinco y media de la tarde, cansadas de llevar todo el día parando de cementerio en cementerio. ¿ y qué es lo primero que hicimos? Buscar el cementerio, tardamos un rato y cuando llegamos era casi la hora de cierre, Nines se tuvo que quedar fuera con el coche y yo hacer unas cuantas fotos. Salimos disparadas y buscamos alojamiento, encontramos uno que parecía majo.

-Buenas tardes, ¿Tienen habitaciones libres?

-Sí, ¿quieren verla antes?

-Ahh, pues sí, genial.

El muchacho nos da la llave de la habitación, abrimos la puerta y me voy hacia la ventana, ¿las vistas? El cementerio, me salió del alma: ¡Perfecto!

Volvemos a recepción.

-Nos la quedamos.

-¿Sí? Las vistas no es que sean las mejores.

-No no, para nosotras son perfectas.

Claro, el chico flipó.

 

En resumen, que aunque a veces es cansado el trabajo y lleva muchas horas de investigación y coche, también solemos pasárnoslo bien. Nos divierte y amamos nuestro trabajo, qué más podemos pedir. Otros diez años de anécdotas como poco, quizás.

Gracias a todos por estar ahí.

Clara, Paloma, Vicky, Mari Ángeles y Yoli

Clara, Paloma, Vicky, Mari Ángeles y Yoli

Epitafios famosos (falsos)

Epitafios famosos (falsos)

Epitafios famosos (falsos)

Ya hemos hablado de los epitafios, de su significado y de lo que nos quieren transmitir, incluso os desgranamos algunos pequeños ejemplos de estos mensajes de las lápidas de conocidos escritores. Sin embargo, hay otros muchos epitafios que se han convertido en leyenda sin tener el honor de ser colocadas sobre la lápida de su morador. Pensamientos en voz alta sacados de contexto en entrevistas, o también, porque no decirlo, era lo que el sujeto en cuestión quería para su última morada, pero sus deseos no se vieron cumplidos.

La gran mayoría de ellos están cargados con un sarcasmo y una fina ironía que la verdad, hubiera estado bien que se cumplieran los deseos de los fallecidos. Hoy enseñaremos algunos de ellos.

Groucho Marx

Perdonen que no me levante.

Esta cita sólo se le podía ocurrir a unos de los cómicos más influyentes de todos los tiempos; sus frases a pesar del tiempo transcurrido siguen en boca de muchas generaciones. Pero la realidad es que este epitafio fue sacado de una entrevista que le realizaron, no llegando jamás a cumplirse. Puede que los deseos de Groucho fueran estrambóticos, pues también quería ser enterrado encima del féretro de Marilyn Monroe “porque sería la única vez que estaría encima de ella”. Incluso tenía preparado el epitafio para la sepultura de su suegra, la idea era grabar la frase, RIP.RIP. ¡Hurra!, hecho que por supuesto no se llevó a cabo, intuimos que a la mujer de Groucho no le debió hacer mucha gracia. En realidad su lápida es sencilla, sobre un negro intenso se encuentra el nombre del cómico, su año de nacimiento y de óbito y la estrella de David, de acuerdo con la religión que profesaba.

Marilyn Monroe

Mi viaje acaba aquí.

¿Quién no la conoce? Leyenda, considerada icono pop y símbolo sexual por excelencia. Realmente no se sabe de dónde sale lo que se cree que es su epitafio; la realidad es que Marilyn descansa en un sencillo nicho donde su principal ornamentación es la placa donde reza su nombre y los años de nacimiento y fallecimiento. Eso sí, anualmente la visitan miles de personas que la dejan regalos y tributos en su honor.

 

Miguel Mihura:

Ya decía yo que ese médico no valía mucho.

Este escritor y periodista español era hipocondríaco, además de ser una de sus características principales la ironía, así que está todo dicho. Seguramente antes de fallecer dijo esa frase mil veces, aunque la realidad es que en su lápida no consta frase alguna. Lo que sí está, es su cargo como miembro de la Real Academia de la Lengua.

Orson Welles:

No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores.

El genial y extravagante director, productor y actor de cine norteamericano, que hizo creer a toda una generación que estaban siendo invadidos por extraterrestres era un enamorado de España. Tanto es así, que cuando falleció de un ataque cardiaco en Los Ángeles en 1895, sus cenizas fueron trasladadas a Ronda, Málaga, y depositadas en el fondo de un pozo situado dentro de la finca de su amigo Antonio Ordóñez. Se dice que cuando se realizó la inhumación de los restos de Welles ya en el pozo había una placa en la que constaba lo siguiente: “Ronda, al maestro de maestros” pues éste había sido un regalo de la ciudad al matador de toros. Lo que sí se sabe es que la frase, que se cree que dijo el director, no consta en la placa donde reposan sus restos, tan solo está su nombre y los años correspondientes a su nacimiento y fallecimiento. ¿La frase? Pues seguramente debido a su enorme ego, la dijo en una entrevista.

 

John Wayne:

Feo, fuerte y formal.

Imposible no imaginar a este hombre a lomos de un caballo y con un sombrero en la cabeza, símbolo de la rudeza y la masculinidad. Su muerte está rodeada de misterio: se sabe que falleció de cáncer de estómago el 11 de junio de 1979, pero casi con toda seguridad el detonante de tal diagnostico fue la radiación a la que se vio expuesto mientras rodaba El conquistador de Mongolia. Los rodajes se realizaron en el desierto de Utah, cerca de un campo de pruebas nucleares; corría el año 1956 y por aquel entonces eran prácticamente desconocidas las secuelas a tal exposición. Del equipo de aquel maldito film fallecieron cuarenta personas, todas ellas aquejadas de cáncer, John Wayne también cayó. El actor hubiera deseado que en su lápida constara, además escrito en castellano, esos tres adjetivos; sin embargo su última esposa contraviniendo sus deseos hizo colocar en su lápida otras palabras:

Mañana es lo más importante en la vida. Ven a nosotros a medianoche muy limpio. Es perfecto cuando llega y se pone en nuestras manos. Espero que hayamos aprendido algo de ayer.

 

Miguel de Unamuno:

Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo.

Considerado uno de los autores más importantes de la generación del 98, rector de la Universidad de Salamanca y uno de los poco que se encaró públicamente con el General Millán Astray. De este encontronazo salió su ya famosa frase: Venceréis, pero no convenceréis, que le costó un arresto domiciliario, lo que no sabía Unamuno es que este retiro obligatorio le iba a costar la vida. Falleció al poco tiempo de manera repentina, sus restos reposan junto a los de su hija mayor en un nicho del cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca. Su epitafio no es el que ha pasado a la historia, sino que reza lo siguiente:

Acógeme, Padre Eterno, en tu seno, misterioso hogar, que aquí vengo cansado y deshecho del duro bregar.

 

Juan Ramón Jiménez:

…y cuando me vaya quedarán los pájaros cantando…

Bello epitafio, si fuera real. En la sepultura de este genial poeta, premio Nobel de Literatura no dice estas palabras. Sólo los nombres de él y de su mujer Zenobia Camprubí Aymar, que teniendo en cuenta lo que se amaban, no es poco. Su sepultura es sencilla, de piedra y está en el cementerio de Jesús, Moguer, Huelva.

Es una lástima que algunos de estos epitafios no llegaran a tallarse en las sepulturas de sus moradores, pues hoy podríamos disfrutarlas a la vez que ellos verían realizados algunos de sus últimos deseos.

 

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Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com

Despedidas originales

Despedidas originales

Despedidas originales

A principios de año conocimos que las cenizas de Carrie Fisher, la gran princesa Leia, habían sido recogidas en una urna en forma de píldora de Prozac, recipiente de porcelana que había comprado en los años 50. Carrie siempre tuvo un gran sentido del humor, y quiso pasar el resto de su existencia dentro de la medicina que tan bien le había hecho en vida.

El año pasado, Renato Bialetti, hijo de Alfonso Bialetti, el inventor de la cafetera Moka, o italiana, o la cafetera que todos hemos tenido en casa y que nos costó aprender a abrir, fue depositado dentro de una urna con el formato de la cafetera que representa el negocio de la familia.

 

Otro que fue enterrado “en” su invento, fue Fredric Baur. Ya en los ochenta, insinuó su deseo de ser enterrado dentro del tubo metálico que había inventado, tema que le pareció gracioso a la familia y que permaneció como anécdota hasta que llegó el día, y cumplieron el deseo. Veinte años después de su petición, lo que su familia tuvo que decidir era bajo qué sabor sería enterrado.. Fredric Baur fue el inventor de la lata de las patatas Pringles. Decidieron que el sabor original.

 

Y ya que estamos con los aperitivos, Archibald Clark West, el precursor de los Doritos (que no inventor, ya que estos surgieron de freír los recortes de las tortillas mexicanas caseras que preparaban en Casa de Fritos, el restaurante del dueño del aperitivo del mismo nombre y que el señor West descubrió un día comiendo allí) fue enterrado en un féretro sobre el que se vertieron estos triángulos de maíz para que se pudiera llevar con él su merienda favorita. En este caso se escogió también el sabor neutro, el de los nachos, pues su hija Jana, sabiamente, pensó que a nadie le gustaría llevarse del funeral la mano pringada de especias.

 

Puestos llevarse un recuerdo más agradable del funeral, Ed Headrick, el inventor del Frisbee, fue cremado y sus cenizas se mezclaron con plástico para hacer frisbees que fueron distribuidos entre sus parientes y familiares. Headrick le había dicho a su hijo que quería que sus cenizas “acabaran accidentalmente aterrizando en el tejado de alguien” . Uno de ellos fue lanzado por su mujer al tejado del museo conmemorativo que lleva su nombre en Colombia, Georgia.

 

Mark Gruenwald, editor de Marvel Comics y creador de Squadron Supreme, también cumplió el deseo de que sus cenizas fueran mezcladas con tinta; con esta tinta se reimprimió en edición limitada, claro, su cómic de 1985 y que fue puesto a la venta en los kioscos por 25 dólares.

 

Personalmente, nos gustan este tipo de homenajes, en los que la creatividad no está reñida con la pérdida y el recuerdo.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

paloma@guiadecementerios.com