La visión de la muerte en el continente africano

¿Por qué en los países occidentales somos tan reacios a aceptar la muerte? ¿Por qué hablar de ella es un tema tabú?, ¿Por qué somos tan reticentes a que nuestros niños pisen un tanatorio y mucho menos, un cementerio? ¿Cómo es posible que nuestros pequeños vean de forma mucho más natural la muerte, que nosotros mismos, los adultos?…”Mamá, se ha muerto el abuelo, ¿ahora es una estrella?….mientras nosotros solemos afirmar, con los ojos anegados en lágrimas…” ¿Por qué?

La forma de concebir la muerte es totalmente distinta dependiendo de la cultura de la que hablemos.

En los países, teóricamente “más desarrollados”, la muerte tiene una dimensión trágica.

Me ha llamado mucho la atención la religión más tradicional de los países africanos, la religión del terruño y cómo conciben sus habitantes, concretamente los del África subsahariana, la muerte de uno de los suyos. Hablo de los suyos pero realmente no es correcto, ya que cada aldea está concebida como un grupo único, como un todo. Cada individuo por sí mismo carece de valor. Lo importante es el grupo.

Por ello, la muerte es un fenómeno individual y como tal, no le dan tanta importancia como en Occidente.

Durante los rituales funerarios, los miembros del grupo se reúnen, comen, beben y ensalzan al difunto como una forma más de prolongar su existencia en este mundo. En algunos pueblos, los muertos presiden su propio funeral, sentándole en una silla para presenciar todos los rituales e incluso, como la tribu de los Merina de Madagascar dan “vuelta a los muertos”: abren la tumba cada siete años, sacan el cuerpo y lo llevan a través de las calles de la aldea, le cambian la mortaja por una nueva y la vieja se la reparten entre las mujeres ya que consideran que tiene un gran poder fecundante.

Cada niño que viene al mundo es portador del alma de alguno de sus antepasados. Para ellos la muerte no es el fin, es el comienzo en otro cuerpo, el comienzo de una nueva vida. Y no sólo esta idea es concebida en tribus remotas, en los pueblos más urbanizados aún puede observarse el respeto por cada niño recién nacido, en la creencia de ser poseedor de una sabiduría ancestral que no puede transmitirla porque aún no sabe comunicarse.

Los Ashanti de Ghana no conciben el alma como única e indivisible. Consideran que está formada por tres partes autónomas. Lo que renace es la “sangre”, lo que queda con los antepasados es el “principio masculino” y lo que ellos consideran el “alma” regresa al Creador. La muerte hace pasar del estado de “anciano”, en el mundo de los vivos, al estado de “antepasado”, en el mundo de los muertos y es el estado más sublime que todo individuo puede desear.

El Cristianismo y el Islam están empezando a desterrar las religiones de la tierra. Una de las consecuencias han sido las prácticas de inhumación que hasta ahora no existían en muchas tribus africanas.

En una población del Senegal, los Basauri ya tienen verdaderos cementerios. En su interior se entierran a los sacerdotes y a los jefes de aldea, eso sí en recintos funerarios distintos. Incluso identifican a los difuntos con lápidas e incluso existe algún panteón formado por una choza. Ya en las grandes ciudades se practican todos los enterramientos en los cementerios ya que las autoridades municipales lo establecieron por ley.

Este es, a grandes rasgos, el estudio de la muerte en la cultura africana pero es tan extensa que merece un artículo aparte.

No sé si será mejor o peor esta manera tan distinta de concebir la muerte, lo que tengo claro es que es una forma mucho más natural de entenderla.

Vicky delgado

Vicky delgado

vicky@guiadecementerios.com