Ajuares funerarios (I)

Todas las culturas y creencias de una manera o de otra piensan que después de la muerte existe alguna forma de vida. Por ello, desde los orígenes de la historia los muertos se han llevado consigo objetos y provisiones para facilitar su tránsito hacia la otra vida.

Generalmente dichos objetos son inorgánicos: vasijas, ánforas, utensilios de piedra y metal; pero existen también los que se hicieron acompañar de otros seres humanos. Estos ajuares siempre han sido un indicador bastante fiable del estatus social del fallecido, y ayudan a determinar el país, gente, tipo de sociedad, ciudad o cementerios, haciendo una configuración sociológica a raíz de los restos encontrados.

 

El rico ajuar hallado en la cámara funeraria del Príncipe Íbero de Arjona en Jaén, está datado en el siglo I a.C.; distintos elementos como recipientes de cerámica, un carro funerario adornado con bronce e inscripciones y ánforas para albergar líquido como el vino o el agua, han hecho que haya podido documentar por primera vez el nombre de un íbero.

Otra civilización que agasajaba a sus muertos era la sociedad romana. Para ellos el paso de la vida terrenal a nueva vida había que celebrarlo y llorarlo al mismo tiempo. Los romanos debido a la Ley de las XII Tablas tenían prohibido enterrar a sus fallecidos dentro de la ciudad por cuestiones higiénicas, por lo que debido a ello siglos después se han encontrado verdaderas necrópolis. Antes de enterrarlos o incinerarlos según su costumbre, había que poner una moneda en la boca para que el muerto pagara a Caronte, el barquero de Hades; pero este detalle sólo se hacía entre la gente pudiente. Por supuesto el fallecido se iba con su ajuar, estos utensilios solían ser elementos que describían la vida del muerto: herramientas o armas si era un guerrero. También llevaban ofrendas para las divinidades, ungüentos, y pequeños recipientes con alimentos.

Pero sin duda una de las civilizaciones que más ajuar llevaban a su viaje hacia la otra vida fueron los egipcios. Según su creencia la vida en el “Más Allá” transcurría de la misma manera que antes de abandonar el mundo en el que vivían, por ello los ajuares para los egipcios eran de suma importancia.

Para procurar que una vez llegado a su destino tuviera todo lo necesario al fallecido le acompañaban productos de belleza, joyas, amuletos, vestidos e incluso calzado. También eran consideradas parte del ajuar las pinturas o relieves, para ellos era la manera de dejar constancia de lo que el difunto se llevaba al “Más Allá”. Además de todos estos utensilios era muy común añadir a las tumbas figuritas cargadas de magia para proteger a los muertos ante cualquier daño que pudiera venir.

Como podréis comprobar el ajuar funerario ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Hoy en día tampoco es muy raro que el difunto se lleve “algo” de ajuar, aunque desde luego nada tiene que ver con lo que se llevaban las antiguas civilizaciones. Tabaco, fotografías incluso alguna que otra bebida espirituosa puede acompañar a nuestros difuntos en el viaje hacia la otra vida.

Clara Redondo

Clara Redondo

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