I Aniversario de Guía de Cementerios

Hoy hace un año que pusimos en marcha la Guía de Cementerios. Escogimos este día porque es la fecha en la que Carlos III presentó la cédula que indicaba que todos los cementerios debían de ser extramuros. Que no se le hizo caso hasta varios años más tarde, pues también, que a cabezones no nos gana nadie.

Ha sido un año de arduo trabajo, con mucha, muchísima ilusión y la mismas ganas e ilusión de seguir haciendo que la web crezca hasta que metamos la última referencia en ella. Sólo nos quedan unas 16.000 entradas, pero ¿quién dijo miedo?, a cabezotas, como a los españoles del siglo XVIII, tampoco tenemos rival.

Queremos daros las gracias desde ya a todas las personas que nos estáis apoyando, bien desde el principio (tenemos unos maridos y unos hijos que son unos soles y que ya no flipan con nada) y a todos los que nos habéis ido conociendo y dando ánimos a lo largo de estos meses, porque sois un bastión para seguir con esto y nos demostráis que os gusta lo que hacemos; y a quién no le gusta un halago, oye.

Así que queremos darle las gracias (esperamos no olvidarnos a nadie), a Ángel, Paula y Victor, a Raúl y Diego, a Ramón, Sandra y Marcos y a Carla y Julio por ser nuestros fans incondicionales; a Nines y Marijose, que aunque ya no están trabajando con nosotras en la guía, han sido una pieza fundamental en este engranaje; a David, que fue la primera persona “ajena” que abrió los ojos como platos cuando le contamos nuestra idea y nos animó a continuar.

A Toni, Esther, Ainara, Fer y Javier por acogernos con los brazos abiertos y ayudarnos y enseñarnos un montón de cosas; hemos aprendido tanto de vosotros que no sabemos cómo agradecerlo, así que de momento os debemos unas cañas.

También le debemos unas cañas a Jose, que se hacía las rutas de la bici pasando siempre por los cementerios para aprovechar y sacar unas fotos; o a nuestro querido Jesús, barrendero de Ciudad Real, que cuando recogía el contenedor de la puerta nos hacía el favor de tomar unas fotos; al otro Jose, que tiene a la familia hasta las orejas de llevarles a cementerios cuando salen de excursión los fines de semana por hacernos las fotos; a Natalia, a quien alguien le contó nuestro proyecto y cada vez que sale, vuelve con fotos para nosotras; a German, por hacerse sus rutas de runner pasando por los cementerios de Colonia, y a Diego, que desde Portugal no hay semana que no nos mande cien mil enlaces que nos pueden interesar. Y en general, a todas aquellas personas a las que hemos acosado cada vez que sabíamos que se iban a ir de viaje a cualquier parte. Hemos llegado a pedir fotos a gente que habíamos conocido hacía diez minutos. Algunas nos hicieron caso.

También queremos dar las gracias a todas esas personas que nos han ayudado enviando fotos o contándonos historias al correo; en especial queremos agradecerles a todos los trabajadores de los cementerios que nos han escrito para darnos información acerca de los recintos en los que trabajan (y corregirnos algunas cosas, jaja).

Sin olvidarnos de Curro y Patricia, que nos dejaron un sitio en sus programas de radio para dar a conocer nuestro proyecto.

Y en general, a todos los que nos leéis y participáis con nosotras. Muchas gracias, de verdad. Y que sea por muchos años.

Bueno, que parece que nos han entregado un Oscar. Ahora vamos a la parte divertida. No sólo hemos mandado a todas las personas que conocemos con acceso a una cámara de fotos que nos las hicieran, nosotras también hemos salido a documentarnos. Han sido, y serán, muchos kilómetros recorridos, y como era de esperar, han surgido unas cuantas anécdotas. Nosotras llevamos meses riéndonos con ellas, así que esperamos que a vosotros os pase lo mismo.

Mari Ángeles

En una ocasión que acudimos Ángel y yo a un cementerio por el fallecimiento de un conocido a cierta hora de la tarde, después de dar el pésame y demás, salimos para hacer las respectivas fotos al cementerio.

Suele ser tal la emoción que nos embarga cuando encontramos un cementerio que pasamos dentro más tiempo de lo normal, porque además en este caso el camposanto era de tamaño considerable y necesitaba su tiempo, tanto que, cuando fuimos a salir la puerta estaba cerrada, sobrepasamos la hora de cierre sin darnos cuenta y… ¿Ahora qué hacemos? Descartamos la posibilidad de gritar para que nos escuchara alguien, a pesar de que el tanatorio estaba próximo…pues nada, sólo quedaba saltar la valla, que afortunadamente no tenía gran altura.

 

Cuando salimos de excursión o a hacer trabajo de campo, como decimos nosotras, para visitar el mayor número de cementerios posibles y traernos un buen reportaje de fotos, se ha convertido ya en un tópico (aparte de los bocatas para el camino) llevar una escalera de altura considerable, sencillamente porque dado que muchos cementerios están cerrados, y da mucha rabia tenerlo delante de las narices y no poder entrar, abrimos nuestra escalera a pie de muro y así, al menos, alguna foto conseguimos para documentarlo. Antes de pensar en la escalera, pegábamos el maletero del coche al muro, lo abríamos y subidas dentro hacíamos las fotos. Poco a poco vamos avanzando, y ahora nos hemos comprado un dron en Aliexpress para aprender a manejarlo y que ya no haya verja ni muro que se nos resista.

Y el otro instrumento que no puede faltar es el palo de Selfie, que también resulta muy útil, cuando la puerta del cementerio está cerrada, permite introducirlo a través de sus barrotes y hacer unas estupendas fotos como si hubiéramos estado dentro.

Pero no solo hemos encontrado dificultades con los muros, si no que también hemos tenido que bregar con algo a veces más robusto que una pared de piedra, que son los habitantes del pueblo que visitábamos. Todos los pueblos tienen su cementerio, y cuanto más pequeño sea, con más recelo lo guardan. Esto lo descubrió Marijose haciendo el Camino de Santiago este verano, que tardaba una media de 10 minutos en sonsacar el destino del camposanto al habitante del pueblo que preguntara, entre cien mil ¿Y para qué quieres saberlo? ¿ Y por qué haces una guía? Y un sentenciador “Pues vaya trabajo raro que tienes, hija”

Aprovechamos cualquier momento de nuestras vidas para coger el coche e irnos de excursión a hacer fotos. Donde sea. Como a la Soria más profunda en pleno mes de Julio. A unos 50 grados a la sombra. Y es que hay sitios a los que el coche de Google Maps no ha llegado en profundidad, tampoco la cobertura móvil, así que hay que tirar de autóctonos para llegar a los sitios, como se hacía en el siglo XX.

Paloma

Llegamos al primer pueblo pequeño. Vemos una señora mayor. Le pregunto:

– Hola, buenas tardes, ¿el cementerio por favor? 

(La señora me mira muy desconfiada de arriba a abajo, deteniéndose varias veces en mi pelo, que en aquel momento era rojo tomate) 

– ¿Tienen a alguien allí? 

(Recuerdo que a Marijose le han hecho esa pregunta en las aldeas gallegas)

– Ehhh…no, no lo sé. Estamos buscando a una tía de mi madre que sabemos que es de la zona, pero no estamos seguros de que esté aquí, vamos buscando. 

– ¿Cómo se llamaba? 

– María Martín (coño, que casualidad, como mi abuela) 

– No me suena 

– (Pues mire que he ido a buscar un nombre típico) Ya, bueno, por echar un ojo. 

– ¿Pero era de aquí? 

– (No señora, mi abuela era de Coín, Málaga) Creemos que sí, de la zona. No sé, cosas de mi madre. 

– ¿Estaba casada? 

– (Joder con la Stasi) : Sí, el marido se llamaba José García (coño, como el jefe de mi marido) 

– Pues no me suena 

(Ya, señora, menos mal porque es todo inventado, por dios, ¿me quiere dar las indicaciones para llegar al cementerio?) 

– ¿Me puede decir dónde está? 

– No vais a encontrar a quien buscas. 

– YA, pero por echar un ojo…. 

Después de 10 minutos consigo que la señora me diga dónde está.

 

Aldea 2

Señor sacando el coche de su garaje. Le preguntamos. Esta vez la conversación es con mi marido.

– Hola, buenas tardes, ¿el cementerio por favor? 

(Se asoma a mirar quiénes vamos dentro del coche) 

– ¿Tienen a alguien allí? 

– No lo sabemos, estamos buscando a una tía de su madre que sabemos que era de la zona. 

– Pues no está aquí seguro. 

– Vaya, ¿nos puede decir dónde está el cementerio y lo miramos nosotros?

 – ¿Cómo se llamaba? 

– María Martín. 

– Aquí había una María… ¿Cuál era el mote? 

– (Señor, no me voy a inventar un mote ahora mismo que estoy ya cansado) Ni idea, oiga. ¿Me puede decir dónde está el cementerio? 

– No van a encontrarla. 

– Bueno, vale, pero ¿me dice dónde está? 

Cuando ya nos entraron ganas de decirle “mire, ya lo busco yo”, se dignó a decirlo.

 

Aldea 3

Llegamos y tienen dos cementerios. El municipal y el viejo. Es una aldea de unos 30 habitantes. 

10 de ellos estaban en la puerta del cementerio viejo. No nos bajamos. No podíamos enfrentarnos a una decena de interrogadores. Seguimos hasta el cementerio nuevo sin mirar atrás.

 

Aldea 4

Llegamos al cementerio municipal. Hay alguien dentro, y unas llaves por fuera. Nos acercamos.

– Hola, ¿tenéis llave? 

– No.

– ¿Tenéis alguien enterrado aquí? 

– No, pero estoy haciendo una web sobre los cementerios de España y si me dejas hacer unas fotos te estaría muy agradecida. 

– Sí mujer. (lo de la web suena guay y queda impactante)

(No me lo podía creer. Entro, hago las fotos y me paro a hablar con ella frente a la tumba que estaba limpiando) 

– Muchas gracias, llevo ya unos cuantos hechos a través de los barrotes y así es mucho más cómodo. 

– De nada, de nada. (Me quita el estropajo y el cubo de la tumba que estaba limpiando para que le haga una foto) Hazle fotos si quieres. 

– No tranquila, sólo hago fotos panorámicas para que no se vean los nombres. 

Me fijo en su lápida. “Familia Contreras Noseque” me fijo en la de al lado “Familia Noseque Contreras” ; otra, “Familia Contreras Noseque”.

Le doy las gracias y me voy hacia el coche.

Joder, quizás me hubiese llevado menos interrogatorio en el resto de los pueblos si hubiese usado mi apellido desde el principio.

 

Aldea 5

Ya preparados como dos fieras para enfrentarnos a la Stasi, buscamos un Contreras, buscamos un Contreras, llegamos al pueblo y le preguntamos al primer señor que pillamos.

– Hola buenas tardes, ¿el cementerio? 

– Sí, suba por esa calle y al final, ahí lo tiene. 

– Gracias

Joder, cuando ya teníamos todos los cabos atados y el entrenamiento suficiente van y nos lo ponen fácil.

 

Todas este año hemos dirigido las vacaciones hacia las zonas de España de las que nos tocan los cementerios porque somos únicas mezclando ocio y trabajo; algunas de nuestras familias lo sospecharon desde el principio pero se hicieron los locos, así que hemos conseguido combinar piedra y playa. Una de nosotras también se fue de ruta por Europa y de los monumentos típicos os puede contar poco, pero los cementerios se los aprendió al dedillo.

Clara

Cádiz capital, buscamos el cementerio de San José, a la tercera vuelta lo encontramos. ¿Sitio para aparcar? Ninguno. Seguimos dando unas cuantas vueltas más y nada, en la última vuelta que dimos me fije que había mal aparcada una furgoneta con unos operarios al lado, ocupaba más espacio del que debía.

Así que le dije a mi marido que lo dejara en doble fila, que iba a hablar con uno de los hombres.

-Buenos días caballero.

-Bueeeenas.

-¿Le puedo pedir un favor?

-Dime “quilla”.

-Si achucha un poco la furgoneta, acoplo mi coche, es que mire, quiero ir al cementerio (quedaba justo de frente) voy a tardar ná y menos.

-¡Claro, mujer! Faltaría más, es que aquí para aparcar te puedes tirar la vida.

Pues el hombre lo hizo, ¡más majos y salaos los gaditanos!

Entré en el cementerio y resulta que estaba vacío, sólo quedaban las oficinas.

 

 

Cementerio viejo de Chiclana, entramos y veo que tienen oficinas. Decido hacer las cosas bien, presentarme y pedir permiso para hacer las fotos.

-Buenas, mire soy de Guía de Cementerios, una web que está documentando todos los cementerios de España. ¿Le importa que haga fotos?

-Noo, a mi no, pero a los parroquianos seguro que si (palabras textuales).

-Bueno, pues si no le importa yo las hago con discreción, tampoco quiero molestar a las familias.

-Bueno hija, pero con cuidado, si viene alguien a quejarse dejas de hacer fotos.

-Si si, claro.

Así que entramos en el cementerio, para tardar menos y que no nos pillaran haciendo fotos nos dividimos: los chicos por un lado y yo por el otro.

Parecíamos paparazzi, haciendo fotos casi escondidos entre los matorrales, y detrás de los árboles para que los parroquianos no nos echaran el alto.

 

Vacaciones familiares, antes de irnos a la playa tenemos previsto ir a Véjer para visitar el cementerio y hacer las fotos. Los tres con ropa de playa; bañadores, chanclas, bolsa etc.

Llegamos a Véjer y vemos que hay una oficina de información de turismo, entramos con la intención de preguntar directamente por el cementerio.

-Buenos días

La chica saca el plano de rigor y comienza con la perorata.

-Buenos días, si suben por aquí encontraran el castillo, luego a la derecha está el mirador y…

-Para para, sólo quiero saber dónde está el cementerio.

-¿El cementerio?

-Sí, el cementerio.

– Ahh!! Pues suba la calle y en una rotonda pequeñita que hay a la derecha.

-Gracias y buenos días.

Total, que subimos la calle y cuando llegamos a la rotonda vemos que a la derecha nacen dos calles, y la muchacha de turismo no nos ha especificado si era derecha o derecha derecha.

Casualmente hay dos policías en la rotonda y les pregunto.

-Buenas, ¿el cementerio?

– ¿El cementerio?

(Sí, queremos ir al cementerio, verlo, hacer las fotos e irnos a la playa, si es hoy mejor que mañana).

-Sí señor.

-Ahhh, pues esta primera calle a la derecha…

Según me está indicando veo el final de un cortejo fúnebre, así que corto la palabra al policía, le doy las gracias y tiramos detrás del cortejo, seguro que con ellos llegamos al cementerio.

Los seguimos con discreción, no queremos molestar pero las calles adoquinadas y el ruido que hacían las chanclas no nos ayudaron. Llegamos al cementerio, esperamos fuera a que se realizara el entierro y cuando salió la gente entramos nosotros a verlo y a hacer las fotos.

 

Vamos a pasar el día a un pueblo de Salamanca para ir a ver a unos familiares, antes, paramos en Zorita de la Frontera. Llegamos al cementerio y vemos que está abierto, dentro hay un hombre y una mujer trabajando en una fosa.

Entro y me pongo a pasear viendo que fotos puedo hacer.

-¿Buscas a alguien?

-Sí, a un familiar de mi padre, aunque no sé si está aquí.

-¿Cómo se apellida?

Le digo Del Águila, es el apellido de mi padre y es raro encontrarlo. Me dice el hombre

-¿Del Águila? ¿No tendrás familia en Peñaranda?

-Sí, tengo familia allí.

– ¿Y algunas de tus familiares no serán…..? Me dice los nombre de 3 de mis tías.

-Sí, son mis tías.

-Andaaa, pero si hemos ido juntos al colegio, los conozco a todos.

Pues na, el hombre me dejo hacer fotos, me enseño la sepultura de su padre, me explicó el porqué de su lápida y me contó toda su vida. Llegamos tarde a comer.

 

Voy a unos cuantos cementerios próximos a mi localidad, primera parada, Serranillos del Valle. Según el GPS el cementerio está situado a la derecha de la carretera, siguiendo un camino rural. Bueno, pues me meto (haciendo casito al GPS) y tiro, tiro, tiro, tiro, y ni rastro del cementerio ni los cipreses. Llevaría como 10 min por ese camino cuando veo venir de frente un todoterreno, me echo a un lado del camino para dejarle pasar y cuando llega a mi altura se para.

-¿Dónde vas?

-Al cementerio, pero parece que no llego nunca.

-Es que por aquí no hay ningún cementerio.

-Joder, pues el GPS me pone que sí.

-Pues por aquí no hay nada. Date la vuelta y síguenos porque a partir de aquí el camino se pone mucho peor y no llevas el coche adecuado.

Total, que tuve que maniobrar cien veces para poder dar la vuelta, y seguir a esos buenos hombres que me salvaron de acabar vete tú a saber dónde. ¿El cementerio? Ni lo encontré.

No solo de saturar a nuestras familias vivimos, también hemos empezado a hacer excursiones nosotras a lo Telma y Louise.

Clara

Viaje previsto con Nines para irnos por Cataluña y Aragón en busca de documentación y fotos para la web.

Día de salida, seis de la mañana, me presento a recogerla en la puerta de su casa y me la encuentro vestida como un pincel (yo iba en plan batalla de campo).

-Nines, ¿Dónde te crees que vas con tacones y todo?

– Ayyy, nunca se sabe, a lo mejor encontramos a alguien para hablarle de la web.

(Vale, son las 6 de la mañana, me quedan 400km por delante y 4 días contigo, te vas con tacones).

Llevaba lloviendo toda la noche y la lluvia nos acompañó todo el viaje, no paró. Llegamos al primer cementerio de nuestro itinerario previsto. La lluvia había parado pero el suelo estaba encharcado por todos los lados, y el del cementerio, más. Bajamos para hacer las fotos y Nines con sus tacones por todo el recinto, tac, tac, tac, tac, tac, tac. Se le oía por donde fueras.

-Nines, ahora mismo te quitas los tacones que yo no te aguanto cuatro días con la matraca.

-Nooo, si he traído más calzado, mañana me pongo otro.

-Más te vale porque como no sea así te quedas por tierras mañas.

Continuamos nuestro camino, eso sí, con los tacones llenos de barro, y mi coche también.

 

Mismo día, después de desayunar en Tarazona seguimos nuestro camino, serían las 10 de la mañana, estaba comenzando a bajar la niebla. Llegamos a un pueblo y no encontramos a nadie a quien preguntar por el cementerio. Después de unas cuantas vueltas lo encontramos, estaba cerrado.

Como eso nunca ha sido un impedimento para hacer aunque sea 4 fotos, me pongo en la puerta, meto el brazo con la cámara y comienzo a hacer las fotografías.

Nines se fue por uno de los laterales y al rato de no oír el tracatraca de sus tacones, la llamo.

-Nines! ¿Dónde estás?

Nada.

-Nines!

Silencio.

Al minuto empiezo a oír (a todo esto la niebla había bajado del todo y se podía cortar con cuchillo)

-Estoy aquíííííí.

-¿Dónde?

-Aquííííííí

Tiro para uno de los laterales del cementerio y allí me la encuentro encaramada encima de la tapia, con tacones y todo. Le pasó como a los gatos, que para subir, bien pero para bajar, es otra historia.

Así que la tuve que coger en brazos para bajarla, menos más que es recogidita. Eso sí, allí mismo se quito los tacones.

 

Ultimo día del viaje de Nines y yo, llegamos a Teruel, las cinco y media de la tarde, cansadas de llevar todo el día parando de cementerio en cementerio. ¿ y qué es lo primero que hicimos? Buscar el cementerio, tardamos un rato y cuando llegamos era casi la hora de cierre, Nines se tuvo que quedar fuera con el coche y yo hacer unas cuantas fotos. Salimos disparadas y buscamos alojamiento, encontramos uno que parecía majo.

-Buenas tardes, ¿Tienen habitaciones libres?

-Sí, ¿quieren verla antes?

-Ahh, pues sí, genial.

El muchacho nos da la llave de la habitación, abrimos la puerta y me voy hacia la ventana, ¿las vistas? El cementerio, me salió del alma: ¡Perfecto!

Volvemos a recepción.

-Nos la quedamos.

-¿Sí? Las vistas no es que sean las mejores.

-No no, para nosotras son perfectas.

Claro, el chico flipó.

 

En resumen, que aunque a veces es cansado el trabajo y lleva muchas horas de investigación y coche, también solemos pasárnoslo bien. Nos divierte y amamos nuestro trabajo, qué más podemos pedir. Otros diez años de anécdotas como poco, quizás.

Gracias a todos por estar ahí.

Clara, Paloma, Vicky, Mari Ángeles y Yoli

Clara, Paloma, Vicky, Mari Ángeles y Yoli