Epitafios famosos (falsos)

Ya hemos hablado de los epitafios, de su significado y de lo que nos quieren transmitir, incluso os desgranamos algunos pequeños ejemplos de estos mensajes de las lápidas de conocidos escritores. Sin embargo, hay otros muchos epitafios que se han convertido en leyenda sin tener el honor de ser colocadas sobre la lápida de su morador. Pensamientos en voz alta sacados de contexto en entrevistas, o también, porque no decirlo, era lo que el sujeto en cuestión quería para su última morada, pero sus deseos no se vieron cumplidos.

La gran mayoría de ellos están cargados con un sarcasmo y una fina ironía que la verdad, hubiera estado bien que se cumplieran los deseos de los fallecidos. Hoy enseñaremos algunos de ellos.

Groucho Marx

Perdonen que no me levante.

Esta cita sólo se le podía ocurrir a unos de los cómicos más influyentes de todos los tiempos; sus frases a pesar del tiempo transcurrido siguen en boca de muchas generaciones. Pero la realidad es que este epitafio fue sacado de una entrevista que le realizaron, no llegando jamás a cumplirse. Puede que los deseos de Groucho fueran estrambóticos, pues también quería ser enterrado encima del féretro de Marilyn Monroe “porque sería la única vez que estaría encima de ella”. Incluso tenía preparado el epitafio para la sepultura de su suegra, la idea era grabar la frase, RIP.RIP. ¡Hurra!, hecho que por supuesto no se llevó a cabo, intuimos que a la mujer de Groucho no le debió hacer mucha gracia. En realidad su lápida es sencilla, sobre un negro intenso se encuentra el nombre del cómico, su año de nacimiento y de óbito y la estrella de David, de acuerdo con la religión que profesaba.

Marilyn Monroe

Mi viaje acaba aquí.

¿Quién no la conoce? Leyenda, considerada icono pop y símbolo sexual por excelencia. Realmente no se sabe de dónde sale lo que se cree que es su epitafio; la realidad es que Marilyn descansa en un sencillo nicho donde su principal ornamentación es la placa donde reza su nombre y los años de nacimiento y fallecimiento. Eso sí, anualmente la visitan miles de personas que la dejan regalos y tributos en su honor.

 

Miguel Mihura:

Ya decía yo que ese médico no valía mucho.

Este escritor y periodista español era hipocondríaco, además de ser una de sus características principales la ironía, así que está todo dicho. Seguramente antes de fallecer dijo esa frase mil veces, aunque la realidad es que en su lápida no consta frase alguna. Lo que sí está, es su cargo como miembro de la Real Academia de la Lengua.

Orson Welles:

No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores.

El genial y extravagante director, productor y actor de cine norteamericano, que hizo creer a toda una generación que estaban siendo invadidos por extraterrestres era un enamorado de España. Tanto es así, que cuando falleció de un ataque cardiaco en Los Ángeles en 1895, sus cenizas fueron trasladadas a Ronda, Málaga, y depositadas en el fondo de un pozo situado dentro de la finca de su amigo Antonio Ordóñez. Se dice que cuando se realizó la inhumación de los restos de Welles ya en el pozo había una placa en la que constaba lo siguiente: “Ronda, al maestro de maestros” pues éste había sido un regalo de la ciudad al matador de toros. Lo que sí se sabe es que la frase, que se cree que dijo el director, no consta en la placa donde reposan sus restos, tan solo está su nombre y los años correspondientes a su nacimiento y fallecimiento. ¿La frase? Pues seguramente debido a su enorme ego, la dijo en una entrevista.

 

John Wayne:

Feo, fuerte y formal.

Imposible no imaginar a este hombre a lomos de un caballo y con un sombrero en la cabeza, símbolo de la rudeza y la masculinidad. Su muerte está rodeada de misterio: se sabe que falleció de cáncer de estómago el 11 de junio de 1979, pero casi con toda seguridad el detonante de tal diagnostico fue la radiación a la que se vio expuesto mientras rodaba El conquistador de Mongolia. Los rodajes se realizaron en el desierto de Utah, cerca de un campo de pruebas nucleares; corría el año 1956 y por aquel entonces eran prácticamente desconocidas las secuelas a tal exposición. Del equipo de aquel maldito film fallecieron cuarenta personas, todas ellas aquejadas de cáncer, John Wayne también cayó. El actor hubiera deseado que en su lápida constara, además escrito en castellano, esos tres adjetivos; sin embargo su última esposa contraviniendo sus deseos hizo colocar en su lápida otras palabras:

Mañana es lo más importante en la vida. Ven a nosotros a medianoche muy limpio. Es perfecto cuando llega y se pone en nuestras manos. Espero que hayamos aprendido algo de ayer.

 

Miguel de Unamuno:

Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo.

Considerado uno de los autores más importantes de la generación del 98, rector de la Universidad de Salamanca y uno de los poco que se encaró públicamente con el General Millán Astray. De este encontronazo salió su ya famosa frase: Venceréis, pero no convenceréis, que le costó un arresto domiciliario, lo que no sabía Unamuno es que este retiro obligatorio le iba a costar la vida. Falleció al poco tiempo de manera repentina, sus restos reposan junto a los de su hija mayor en un nicho del cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca. Su epitafio no es el que ha pasado a la historia, sino que reza lo siguiente:

Acógeme, Padre Eterno, en tu seno, misterioso hogar, que aquí vengo cansado y deshecho del duro bregar.

 

Juan Ramón Jiménez:

…y cuando me vaya quedarán los pájaros cantando…

Bello epitafio, si fuera real. En la sepultura de este genial poeta, premio Nobel de Literatura no dice estas palabras. Sólo los nombres de él y de su mujer Zenobia Camprubí Aymar, que teniendo en cuenta lo que se amaban, no es poco. Su sepultura es sencilla, de piedra y está en el cementerio de Jesús, Moguer, Huelva.

Es una lástima que algunos de estos epitafios no llegaran a tallarse en las sepulturas de sus moradores, pues hoy podríamos disfrutarlas a la vez que ellos verían realizados algunos de sus últimos deseos.

 

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Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com