Grandes funerales: Thomas Alva Edison

Expulsado en edad escolar por ser “estéril e improductivo” (desde luego el profesor de nuestro protagonista no pudo realizar comentario más inexacto), Thomas Edison patentó más de mil inventos contribuyendo a perfilar los avances tecnológicos de los que hoy en día disfrutamos.

Fue su madre, Nancy Edison, la que después de recibir la carta “premonitoria” del profesor de Thomas, se encargó personalmente de la educación de su hijo. Años después el genial inventor no podía tener más que palabras de elogio ante su progenitora, diciendo que ella fue la que le hizo ser como era; la fe y lealtad que depositó su madre en él, hizo que le diera un motivo para vivir, tenía a alguien a quien no decepcionar.

Ávido lector gracias a las directrices de su madre, Thomas comenzó a frecuentar la Biblioteca de Detroit, que utilizaba bajo su propio método: comenzaba por el primer libro que encontraba en el estante inferior y seguía subiendo por orden hasta terminar con toda la hilera.

Pero como la lectura no apaciguaba sus inquietudes, también comenzó a realizar pequeños experimentos basados en los libros de Ciencias que caían en sus manos.

Después de un fallido intento por montar su propia empresa, obtiene un puesto de telegrafista gracias a que salvó a un niño en las vías del tren; dentro de este entorno sería donde haría su primer invento: un repetidor automático que transmitía señales de telégrafo entre estaciones sin personal. Esto permitía una traducción fácil y precisa, pero Thomas nunca patentó el borrador de dicha idea.

Sí lo hizo en 1868, cuando patentó un contador eléctrico de votos; tenía dos botones, uno para el voto a favor y el otro para el voto en contra. Lo presento al comité del Congreso de Washington y el resultado no pudo ser más demoledor: el invento fue rechazado de manera categórica, ya que según el comité el invento favorecería los fraudes en las votaciones, algo que ellos querían evitar. Este honesto veredicto sirvió de lección al joven Thomas; ante todo, un invento tiene que ser necesario.

Tras este varapalo y sin un céntimo en el bolsillo se marcha a Nueva York, donde consigue un trabajo con muy buenas condiciones gracias a la rápida reparación de una grave avería en un transmisor telegráfico que se encargaba de informar a los abonados de las cotizaciones en bolsa.

Pero Thomas, lejos de asentarse en su nuevo empleo, aprovechó la ocasión para poder trabajar por su cuenta. La Western Union le encargó un nuevo proyecto que Thomas supo desarrollar sin problemas; así nació el Edison Universal Stock Printer, una impresora efectiva cuyo cometido era plasmar las cotizaciones en bolsa.

Con los ingresos originados por su invento, Thomas pudo casarse y formar una familia. Pero su prolífica mente no paraba y siguió inventando. Tanto desarrollo sus inventos que necesitaba un único espacio donde aunar todo el proceso y creó una verdadera fábrica de inventos: biblioteca, talleres, laboratorios y viviendas donde se establecerían él y sus colaboradores. Once años después, cuando dejo su Menlo Park y la fábrica de inventos, Thomas Edison ya tenía en su haber una lista con casi cuatrocientas patentes.

Aunque muchos seguramente piensen que Thomas fue el inventor de la bombilla es un dato erróneo, su inventor fue el químico británico Joseph Wilson aunque este no lo patentó en su momento. Los filamentos de la bombilla creada por Wilson se quemaban rápidamente haciendo que su iluminación fuera muy limitada (no llegaba a una hora). Thomas Edison cogió la idea primigenia e investigó hasta encontrar un material para prolongar la vida del filamento, y lo encontró en el bambú carbonizado. Después de patentar el nuevo prototipo de bombilla Thomas comenzó a elaborarla, consiguiendo que su bombilla iluminara más de cuarenta horas de manera ininterrumpida. Todo un hito en aquella época; tanto es así, que las acciones de las compañías de gas cayeron en picado.

Siguió perfeccionando su logro y creando otras muchas obras, suyas son:

.El fonógrafo, hoy no escucharíamos música si no es por este invento que reproducía sonidos ya grabados.

.El micrófono de carbón, vital en la telefonía de la época.

.El kintoscopio, gran aportación de Thomas al mundo del cine, el aparato proyectaba una banda de imágenes sin fin, aunque de manera individual.

.Las baterías recargables. Lo que hoy conocemos como pilas alcalinas, Thomas Edison las ideó en principio para alimentar los coches eléctricos.

Después de este breve resumen de sus múltiples inventos no es de extrañar que la población se echara literalmente a la calle el día de su fallecimiento. Thomas Alva Edison exhaló su último suspiro un 18 de octubre de 1847 en West Orange, Nueva Jersey. Como comienzo para homenajear al gran inventor, algunas ciudades apagaron sus luces durante un minuto; se apagaba la luz del inventor de la luz.

Después de instalar la capilla ardiente y en todo momento acompañado por su familia, el cuerpo de Thomas Edison estaba preparado para darse su merecido baño de multitudes. Antes de abrir las puertas al público, los compañeros del inventor tuvieron la preferencia de poder despedirse de Thomas en la intimidad. El ataúd llevaba una placa de bronce donde constaba la firma real de Edison y el inventor fue vestido con su habitual indumentaria, además de la pajarita que siempre le acompañó.

The Associated Edison Iluminating Empresas hizo llegar una corona con ochocientas orquídeas, y la mayoría de las flores presentadas durante el sepelio eran crisantemos. Según crónicas de la época, más de cuarenta mil personas acudieron a presentar sus respetos. Significativa fue la despedida de Henry Ford, amigo de Thomas, ya que se negó a entrar a la capilla ardiente a pesar de presentarse allí, alegando que quería seguir recordando a Edison como en la última charla que habían mantenido.

Una vez dispuesto todo el cortejo fúnebre, salió a la calle donde las personar allí congregadas siguieron acompañando al gran inventor en su último paseo. Su sepultura se encuentra al lado de la de su mujer en su finca llamada Glenmont Thomas Edison; allí se puede comprobar cómo multitud de personas se acercan a lo que fue su hogar, hoy convertido en museo para seguir dándole las gracias por sus inventos. Aquella lección aprendida por el rechazo del Congreso a uno de sus inventos lo llevaría al límite el resto de su vida, no podemos decir que sus sucesivas creaciones no fueron superfluas, lo que creó desde entonces fue necesario, muy necesario para las futuras generaciones.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com