Muertes de la Historia: Bonnie and Clyde

Esta gran historia de amor está rodeada por los acontecimientos del país; la depresión económica hacía estragos en la sociedad, la gente intentaba sobrevivir como podía y robar no dejaba de ser una opción tan válida como otra cualquiera.

Nos trasladamos a Estados Unidos, donde impera la Ley Seca y los gánsteres hacen y deshacen a su antojo. Nuestra historia de hoy es una gran aventura, donde dos enamorados intentan cumplir sus sueños a base de balas de plomo y afán de protagonismo. Lo que ellos vivieron ha pasado a los anales de la historia, se han hecho películas, documentales, pero, aunque están considerados como unos de los primeros asesinos del siglo XX no podemos dejar de reconocer el gran amor que se profesaban, hasta un punto casi enfermizo, ¿o no?

Él, Clyde Barrow, era el cuarto hijo de una amplia familia de ocho vástagos. Su padre, un albañil que se encontraba seriamente vapuleado por la depresión económica. Con este panorama familiar no es de extrañar que Clyde comenzara desde bien pequeño a cometer robos de pequeña escala e incluso cogiera “prestados” algunos vehículos; había que comer, fuera como fuese.

Ella, Bonnie Parker nació en el seno de una familia de clase media; huérfana de padre a los 4 años, en su época estudiantil destacó en literatura y poesía. Ya en el instituto conoce a Roy Thornton con quien se casa a los 16 años. Su marido resultó ser un hombre violento y un delincuente en potencia. Tanto es así que le detienen en un robo y es condenado a 5 años de prisión. Bonnie aprovecha la ocasión para volver a casa de sus abuelos y poner tierra de por medio con su maltratador.

Cuando se conocieron, Bonnie trabajaba de camarera y él se presentó con un amigo en común en la cafetería. La belleza, el desparpajo y el cabello rojo de Bonnie fueron un impacto para Clyde; ambos tenían sus sueños, él a pesar de ser ya un incipiente ladrón quería poder vivir de un trabajo honrado, ella soñaba con ser cantante y poeta.

Se enamoraron nada más verse, e intentaron ser honrados. Clyde se marcho a Massachusetts para trabajar en la construcción, pero no estaba acostumbrado a recibir órdenes, él era el que las daba. No aguantó, dejó el trabajo y eso fue el comienzo del fin para Bonnie y Clyde. Habían decidido vivir al margen de la ley.

Comenzaron a robar, primero fueron robos menores, coches (fetiches para Bonnie), y organizaron una pequeña banda, casi familiar pues se componía por el hermano de Clyde, su cuñada y otros tres hombres de su círculo.

Apresan a Clyde condenándole a cumplir 14 años de prisión, los enamorados tienen que separarse. Durante ese período carcelario Bonnie se cartea con él escribiendo unas desgarradoras cartas de amor, el no tocarle se había vuelto insoportable. Así que Bonnie no dudo en ayudarle a escapar, y lo consiguió, convirtiéndose desde ese momento en un verdadero quebradero de cabeza para la policía. Había que capturarlos, vivos o muertos.

Entre 1932 y 1934 atracaron establecimientos, bancos, tiendas, e incluso secuestraban. Todo era válido para conseguir dinero y poder “volver” a casa. En estos dos años se fraguó la leyenda de Bonnie y Clyde, unos los admiraban por su maestría y por vivir su amor, otros los odiaban por tomarse la ley por su mano llevándose por delante a quien quisieran. Después de varios robos a bancos, huidas a todo gas de la policía, chivatazos de cualquiera que se cruzaba por su camino, la pareja consigue mofarse de la justicia a base de plomo.

En enero de 1934, Bonnie y Clyde necesitan reagrupar a la banda. Después de un ataque a los guardias de la Unidad Eastham, consiguen liberar a Raymond Hamilton, un antiguo conocido de correrías. En el proceso matan a un guardia penitenciario y este hecho hace que el Estado de Texas y el gobierno federal consigan poder absoluto para dar caza a la pareja. El gobierno echó mano de Frank A. Hamer, antiguo Ranger que hizo suyo el cometido de capturar a Bonnie y Clyde.

El cerco se iba cerrando, y Bonnie lo sabía, de alguna manera en su interior sabía que el estilo de vida llevado por ambos pronto terminaría, y estaba claro que no iba a ser de manera favorable para ellos. Apasionada de la poesía ella misma escribió un poema a un periódico, su comienzo no puede ser más premonitorio: “Un día de estos, caerán codo con codo…”

Y llegó el día, 23 de mayo de 1934. La policía lo tenía todo preparado, el nerviosismo se mascaba en el ambiente, no en vano su misión era matar a la pareja más famosa de la delincuencia norteamericana. La ruta donde se les esperaba era solitaria, una carretera secundaria de Bienville Parish en Luisiana. Habían estudiado la situación mil veces, preparado sus armas; se había contemplado hasta el más mínimo detalle. Hammer había estudiado todos los movimientos de la pareja; estos siempre realizaban la misma pauta, los robos cerca de las fronteras para luego poder escapar de un estado a otro con rapidez. Fue su error y Hammer lo había descubierto, sólo había que esperar, y esperaron.

Y llegó, a lo lejos vieron como se acercaba un Ford V-8, al volante Clyde, a su derecha Bonnie iba tranquila, ajena a todo lo que les iba a suceder, incluso estaba recostada en el asiento comiendo un sándwich y hablando con Clyde. Los ejecutores escondidos tras los arbustos, en cuanto tuvieron el coche a tiro comenzaron a disparar, y disparar, y disparar…

167 agujeros de balas se contaron en la carrocería del coche, a Bonnie y Clyde les llegaron 50. La pareja falleció en el acto, habían muerto queriéndose y haciendo lo que querían. Muchos veían su relación como un grito de libertad en un país ahogado por la crisis. Años después Ted Hinton, un policía que perteneció al grupo de ataque describió con detalle la escena:

“abrí la puerta del auto, y vi a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el sándwich a medio comer. En el auto se encontraron, también, muchas municiones, algunos elementos de camping, el saxo de Clyde, y quinientos dólares. Había, también, algunas patentes de autos falsificadas de Texas, Louisiana y Arkansas.”

A los amantes les hubiera gustado seguir juntos incluso después de muertos, pero la familia de Bonnie no tenía la misma idea. Su madre quiso que volviera a casa, a esa casa donde Bonnie continuaba siendo esa niña a la que le gustaba la poesía. Pero no contaba que su hija se había convertido en leyenda, más de 20.000 personas acudieron al funeral de Bonnie, haciendo casi imposible que el féretro llegara a su destino. Al final consiguieron enterrarla y descansa en el Crown Hill Memorial Park, en su lápida grabado se puede leer un poema de su cosecha:

Así como las flores son endulzadas

por el sol y el rocío,

Este viejo mundo es más brillante

por las vidas de gente como tu

Clyde descansa en el Western Heights Cementery, ambos cementerios son de Dallas, Texas, significando que a su manera siguen juntos.

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com