Mujeres Ilustres: María Winckelmann

25 de Febrero de 1670 – 29 de Diciembre de 1720

Aunque ayer día 29 fue el aniversario de su fallecimiento, hoy queremos adentrarnos en la vida de esta astrónoma alemana. El simple hecho de ser mujer hizo que la comunidad científica de la época le mostrara una indiferencia inusitada.

Nos trasladamos a la localidad de Leipzig, aquí nació María Margarethe Winkelmann un frío 25 de febrero de 1670. Tuvo suerte en su infancia pues su padre, ministro luterano, creía que las mujeres debían ser educadas igual que los hombres. Así pues, María fue instruida en las artes y las letras mostrando un interés especial por la astronomía.

Con un talento innato para ello, María fue acogida por Christopher Arnold, un granjero de la ciudad de Sommerfeld que practicaba la astronomía de manera autodidacta. Arnold era muy respetado por sus colegas por haber descubierto un cometa. Este hecho era muy común en aquella época, pues el estudio de la ciencia astral tenía lugar en buena medida fuera de las universidades.

A través de su mentor, María conoce a uno de los astrónomos más reputados del país, Gottfried Kirch, treinta años mayor que ella y con quien se une gracias a un matrimonio de conveniencia.

La pareja comienza una vida unida por su pasión hacia el firmamento. Excelentes compañeros de profesión, la conexión entre ambos era perfecta gracias a que Kirch en ningún momento mermó las capacidades de María y encontró en su esposa a la ayudante perfecta.

En 1700 ambos se trasladan a Berlín; allí Kirch sería nombrado astrónomo oficial de la Academia de las Ciencias. Y aquí es donde María comienza a ser una astrónoma en la sombra, pues aunque le dejaron seguir colaborando con su esposo nunca fue de manera oficial.

El matrimonio, que ya tenía tres hijos en común, se dedicó durante la siguiente década al estudio de los astros. Observar cada noche a las 21:00 horas el firmamento se convirtió en un ritual; con sus observaciones y sus cálculos consiguieron información de las fases lunares, la puesta del sol, la posición del Sol y otros planetas y los eclipses. Con todos estos datos se dedicaron a realizar calendario y almanaques que fueron muy solicitados por la sociedad de aquella época.

María podría haber tenido el lugar que le correspondía dentro de la comunidad astronómica, pues ella se convirtió en la primera mujer en descubrir un cometa. Por desgracia en el informe que llego al rey figuraba el nombre de su esposo, por lo que el reconocimiento a tal hallazgo se lo atribuyeron a él.

María, aunque decepcionada, no abandonó su amor por el firmamento y continúo con sus observaciones que se siguen considerando vitales contribuciones a la astronomía. Observaciones que tuvieron buena acogida como la relacionada con la aurora boreal, o, sobre la conjunción del Sol con Saturno y Venus.

Ocho años más tarde de su descubrimiento del cometa C/1720 H1, Kirch reeditó el informe dando el reconocimiento que se merecía María.

Al fallecer su marido, María solicitó la entada en la Academia para seguir trabajando con pleno derecho como astrónoma, pero a pesar de ser conocida en el ámbito y de tener una merecida reputación le fue denegado el acceso. Esta negativa le supuso la consiguiente pérdida de ingresos por lo cual María tuvo que trabajar en el observatorio del barón Krosigk para sacar adelante a su familia. En aquella época tuvo como ayudantes a sus tres hijos, que habían seguido los pasos de sus padres.

Fallecido el barón, María tuvo que retirarse a un pequeño observatorio familiar para poder continuar con su pasión y sus estudios. Quiso la suerte que Pedro el Grande la reclamara para volver a la Academia. María pensó que por fin iba a tener el puesto que merecía, pero nada más lejos de la realidad, querían que volviera, pero en la sombra; la notoriedad de María en la Academia era incomoda para el resto. María desistió, no antes de al menos conseguir que su hijo ingresara en la Academia como miembro de pleno derecho.

María quiso dejar de ser la astrónoma invisible, pero no lo consiguió a pesar de estar reconocida en círculos de su profesión. Lamentablemente también tuvo que vivir cómo sus dos hijas, grandes apasionadas de la astronomía, tuvieron puestos de ayudantes en la Academia por su condición de ser mujeres.

María Winkelmann fallecía un 29 de diciembre de 1720 sin haber conseguido hacerse un hueco en la comunidad de astrónomos así como no poder haber reconocido sus descubrimientos.

El presidente de la Academia de las Ciencias, Leibniz, dijo de ella:

Hay en Berlin una mujer extremo docta que podría pasar por algo fuera de lo común. Sus logros no pertenecen a la literatura ni a la retórica, sino a profundas doctrinas de la astronomía (…)”

Pena que no fuera reconocida en ese momento y quizás hoy desde aquí no tendríamos que darla el puesto que le corresponde.

 

Clara Redondo

Clara Redondo

clara@guiadecementerios.com