Sepultura de Lewis Carroll

Charles Lutwidge Dogson escritor, matemático y fotógrafo británico pasaría a la historia por haber escrito Alicia en el país de las maravillas y su continuación Alicia a través del espejo con el seudónimo de Lewis Carroll.

Hombre rodeado de controversia y especulaciones, antes de empezar a conocer a este gran autor debemos situarnos en la época que le tocó vivir: sus antepasados estaban dedicados en cuerpo y alma a dos de las profesiones con mayor jerarquía interna: la iglesia y el ejército. Su padre, escogió la rama eclesiástica, casándose con una prima y convirtiéndose en párroco rural. En este entorno rural y eclesiástico nació Charles. La familia siguió aumentando hasta tener una prole de once hijos; posteriormente el cabeza de familia fue trasladado a la rectoría de North Yorkshire donde vivirían los siguientes 25 años.

Educado en primera instancia en el domicilio familiar, el pequeño Charles demostró una precocidad intelectual no propia para un niño de su edad. Por ello a los doce años le enviaron a una escuela privada integrándose con normalidad a pesar de su timidez; más tarde es enviado a la Rugby School donde su integración no fue en este caso buena, ya que existen escritos donde indica que sufrió abusos; aún así despuntó académicamente recibiendo halagos en especial de su profesor de matemáticas. Terminados sus estudios llega a la Universidad de Oxford donde trabaja duramente obteniendo excelentes calificaciones a pesar de su extrema timidez y de haber sido diagnosticado como epiléptico.

Consigue un empleo en 1857 como profesor de matemáticas en la misma universidad desempañando este trabajo durante los siguientes 26 años; se inició en el mundo eclesiástico siendo ordenado diácono cuatro años después. Su afición a la fotografía comenzó gracias a las influencias de su tío y un amigo de Oxford. Para Charles una fotografía era la máxima expresión de la belleza interior de las personas, ya que en esas imágenes combinaba la esencia de la libertad y la inocencia. Llegó a obcecarse tanto que comenzó una obsesión por seguir a niñas para retratarlas en lo que él creía una obra de simbiosis entre pureza y belleza. Aunque en la actualidad esta tendencia nos parece aberrante, varios académicos han querido desmitificar el conocido “mito de Carroll” alegando que se debe comprender el contexto, el tiempo y el espacio de la cultura victoriana implantada en el siglo XIX.

Paralelamente Charles había comenzado a escribir en el año 1854, publicando en pequeñas revistas de poca difusión; su estilo era humorístico con retazos satíricos; hombre atormentado y con un nivel extremo de exigencia, llevaba años gestando escribir un cuento para niños. Por aquella época conoce a Henry Liddell, nuevo dean de la congregación que venía acompañado por su esposa y sus tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Al conocerlas, Charles, que por entonces ya publicaba bajo el nombre de Lewis Carroll, quedó prendado de las pequeñas instándolas a que le acompañaran en sus picnics en el río. Precisamente en una de estas salidas campestres, para entretener a las niñas Carroll improvisó una historia, un cuento absurdo, inocente y anárquico que las entusiasmó, en especial a Alice, la cual rogó al incipiente escritor que lo plasmara en un manuscrito. Lewis entonces trabajó con ahínco en la historia, regalándosela a Alice por Navidades. Tres años más tarde, el cuento había generado tanto interés que Carroll lo llevo al editor Macmillan, quien dio luz verde para su publicación. Barajaron varios nombres para su primera publicación, como Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, aunque finalmente en 1865 vio la luz como Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, primer ejemplar que contó con ilustraciones realizadas por sir John Tenniel, un dibujante británico que ilustró los dos libros.

Carroll, abrumado por el éxito de su primer cuento, tuvo que escribir una segunda parte, Alicia a través del espejo, aunque también publico con su verdadero nombre muchos artículos y libros sobre todo dentro del ámbito matemático.

Su vida demás estuvo rodeada de muchas especulaciones, ya que se comentaba que abusaba de los estupefacientes (de ahí la posible creatividad de la historia de Alicia) e incluso se llegó a comentar que estaba detrás del asesino Jack el Destripador.

Lo que si sabemos que Carroll falleció soltero en su casa de Guildford, el 14 de enero de 1898 y que fue enterrado en el cementerio viejo de la misma localidad; sus restos siguen reposando allí pero sus historias y su controvertida vida ha dado lugar a innumerables suposiciones. A pesar de ello, los ingleses no pueden estar más orgullosos del escritor y de sus obras, y tiene un recuerdo en la Abadía de Westminster, una piedra de color negro con un texto en verde pálido, diseñado de forma circular evocando el agujero del conejo; en el círculo exterior de la inscripción se ha tomado una pequeña estrofa de su poema Silvia y Bruno que dice: ¿Es toda nuestra vida entonces un sueño?. También a lo largo y ancho del planeta existen multitud de esculturas dedicadas una de las obras literarias más conocidas.

Clara Redondo

Clara Redondo

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