Mujeres Ilustres: Mª Teresa León Goyri

Hay muchas mujeres que han pasado ni pena ni gloria a lo largo de la historia. Mujeres que parece ser que deben ser olvidadas en el más recóndito de los cajones. Mujeres adelantadas a la época en las que las tocó vivir por tener ideas distintas a las que tenía la mayoría de la sociedad. Desde aquí queremos aportar nuestro granito de arena y dar a conocer la vida de una de las mujeres que perteneció a la Generación del 27, María Teresa León Goyri.

Nacida en Logroño el 31 de octubre de 1903, hija de Ángel León Lores, coronel del Ejército y de Oliva Goyri de la Llera, María Teresa ya venía con carácter y con las idea claras. Durante su infancia y debido al trabajo de su padre vivió en Madrid, Barcelona y Burgos. Educada en un entorno culto e ilustrado, estudió en el Instituto Libre de Enseñanza aunque tuvo serias dificultades para proseguir con sus estudios debido al encorsetamiento de la sociedad, pero consiguió finalmente licenciarse en Filosofía y Letras.

Contrajo matrimonio muy joven, a los 17 años, con Gonzalo de Sebastián Alfaroy, con el que tuvo dos hijos. Quizás por su juventud su matrimonio fracasa, se separa y pierde la custodia de sus hijos debido a que en aquella época esta recaía en los hombres.Separada, vuelve a la casa familiar en Burgos, donde comienza a trabajar como escritora redactando artículos de actualidad. Utiliza el seudónimo de Isabel Inghirami- heroína de Gabriele D´Annunzio- aunque esto solo sería al principio, ya que luego recupera su nombre original para seguir escribiendo. Sus textos siempre seguían la misma línea: la defensa de la cultura y de la mujer.

En 1929 y estando en casa de sus tíos María Goyri y Ramón Menéndez Pidal, conoce a un joven llamado Rafael Alberti. El flechazo fue tal y como años después describió el propio Alberti: “Surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada, como la ola que un mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”.

Ambos tenían el mismo compromiso ideológico y contrajeron matrimonio civil en el año 1932. Pareja enamorada – decían no ser nadie el uno sin el otro- comienzan una gira europea gracias a una beca para estudiar el movimiento teatral. Sus destinos fueron muchos, pero hay uno que les marcó especialmente, la Unión Soviética, donde volverían en 1934 para asistir al Primer Congreso de Escritores Soviéticos.

Políticamente activos, estaban afiliados al Partido Comunista, marchan a Estados Unidos con el fin de obtener recaudación para los obreros damnificados tras la Revolución de Asturias. Más tarde vuelven a Ibiza donde ya comenzaban a llegar noticias de una inminente Guerra Civil. La providencia hizo, según Alberti contó años después, que la sombra de una higuera les salvara, pues desde allí vieron como llegaba la Guardia Civil para detenerlos. No los encontraron. Una vez se fue la pareja de la benemérita Rafael y María Teresa cogieron lo esencial y bajo el amparo de la sierra ibicenca, estuvieron escondidos veinte días. Veinte días en el que se llegó a rumorear por los mentideros madrileños que habían sido fusilados.

El matrimonio consiguió llegar a Madrid, y se instalaron en el Palacio de los Marqueses de Heredia Spínola, donde ya germinaba la Alianza de Escritores Antifascistas. María Teresa- ya hemos dicho que tenía carácter- ardía por dentro y comenzó una gran actividad antifascista. Suya es la creación de “Nueva Escena” donde se encargaba de dirigir obras de teatro como “Los títeres de cachiporra” de García Lorca, o una adaptación del propio Alberti de “El cerco de Numancia” de Miguel de Cervantes. Comienza a ocupar varios cargos en el Consejo Central del Teatro y a colaborar activamente en la Junta de Defensa y Protección del Tesoro Artístico Nacional. Ella personalmente junto a otros intelectuales de la época custodió y preservó diversas pinturas ubicadas en el Museo del Prado, así como algunos cuadros del Greco que se encontraban repartidos por algunos pueblos de Toledo. También fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, lo dicho, una mujer con carácter y muy activa.

Perdida la guerra, el matrimonio al igual que otros muchos, tiene que exiliarse. María Teresa debe abandonar su España, esa España por la que ella tanto luchó y tanto amó. El tándem Rafael-María Teresa comienzan un periplo por distintas ciudades del mundo: Orán, París, Roma, Buenos Aires…, donde siguen trabajando activamente en adaptaciones de obras literarias, escribiendo guiones como el de la película “ El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer” y novelas como “Sonríe China” junto a su amado Rafael.

En la ciudad de Buenos Aires da a luz a la única hija que tuvo con Rafael, una niña a la que llamaron Aitana; fueron tiempos felices, ambos estaban muy enamorados el uno del otro y la familia crecía, aunque siempre tenía en mismo anhelo: volver a España.

Corría el año 1963 cuando se instalaron en Roma tras salir de Argentina con la llegada al poder de Perón. Allí María Teresa escribe su biografía “Memorias de la melancolía”, plasmando sus vivencias más íntimas, los periplos por las ciudades de su exilio y los personajes que participaron en ella.

Tras 38 años de exilio, el matrimonio por fin vuelve a España. Una España sumida en un estado ruinoso, pero eso a ella no le importó, pues su anhelo era tener un sitio donde morirse. Poco disfrutó de su adorada España, pues los hilos de olvido habían comenzado a instalarse en su cabeza. Ella lo sabía, siempre lo había sabido (su madre padeció Alhzeimer) y María Teresa vivió su vida sabiendo que tarde o temprano llegaría el momento el que sus recuerdos comenzarían a desvanecerse.

Así, en un mundo de penumbra, en un ir y venir de recuerdos cada vez más etéreos, pasó esta maravillosa y valiente mujer los últimos años de su vida. Esa mujer enamorada hasta la médula, de su país y de su marido, que nunca se quejó por los varapalos de la vida, falleció el día 13 de diciembre de 1988.

María Teresa hubiera tenido dos deseos: entrar en Madrid a lomos de un caballo blanco y ser enterrada en el cementerio civil de la Almudena. Ni lo uno ni lo otro, su caballo tuvo que esperar pues ella ya era pasto del olvido, y su entierro se realizó en el cementerio de Majadahonda, pues una huelga general hizo imposible su traslado. Quince personas estuvieron en su entierro. La infatigable compañera de Alberti, la mujer luchadora por el arte, la cultura y por sus ideas descansa en un sencillo nicho de mármol blanco donde su amado Rafael se encargó de mandar escribir su más bello gesto de amor. “Esta mañana, amor, tenemos veinte años”.

También nos dejó su legado, sus escritos, y sobre todo como ella mismo dijo: “¿Ha llegado la hora de hacer mi testamento? Dejo a las mujeres de España mi entusiasmo por la vida. Nada más. Es todo lo que tengo”.

Desde aquí nuestro más humilde homenaje a esta mujer que como muchas otras, son causa del olvido.

Clara Redondo

Clara Redondo

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