La “poderosa” tumba de Víctor Noir

¿Cómo empezar? Husmeando por la red, me he topado varias veces con nuestro protagonista de hoy. La verdad, es que leyendo distintos artículos publicados, una piensa que esta historia se le ha ido a la gente de las manos. Para concretar más, se les ha ido la “mano”, a las mujeres, y nunca mejor dicho, pero este detalle es algo que iremos desgranando a lo largo de esta rocambolesca historia.

Nos trasladamos a Francia, más concretamente a Vosgos donde el 27 de julio de 1848 nace Víctor Noir- seudónimo de Yvan Salmon- hijo de un humilde zapatero judío.

Este muchacho se traslada a París para trabajar como aprendiz de periodista en el periódico La Marsellaise, publicación antibonapartista, editada por Paschal Grousset y dirigida por Henri Rochefort. Víctor hasta este momento no era más que un periodista con una vida normal y así hubiera seguido siendo, si la providencia no le hubiera metido en un conflicto por el cual pasaría a la historia. Pero eso, nuestro Víctor no lo sabía.

Corría el año 1869 cuando es publicado un artículo en La Revanche – que tenía como inspiración a Grousset y contaba con el apoyo de La Marsellaise– en el que se cebaban contra Napoleón I. Por otro lado, el periódico bonapartista L´Avenir de la Corse publica un artículo con la réplica por parte de un descendiente de Napoleón I, Pierre Bonaparte que exigía una compensación ya que se había herido el orgullo familiar.

En la carta -de la que transcribimos un fragmento- el príncipe Bonaparte defiende el honor de su familia, y emplaza a Rochefort a batirse en duelo.

“Después de haber ultrajado a cada uno de los míos, me insultáis con la pluma de uno de vuestros sirvientes. Tiene que llegar mi turno. Solamente tengo una ventaja sobre los otros con mi nombre, y esta es ser un hombre particular, ser un Bonaparte… Por eso os pregunto si vuestro tintero está asegurado por vuestro pecho… Yo vivo, no en un palacio, sino en el 59 de la calle Auteuil. Os prometo que si os presentáis vos mismo, no os dirán que me marché”.

Aquí es donde entra en escena nuestro protagonista, pues al día siguiente es enviado por Grousset junto a un compañero como sus “segundos” para fijar las condiciones del enfrentamiento. Quizás aquí es donde erraron, pues según mandaban los cánones, se debían de haber citado con los “segundos” del contrincante. Los dos periodistas se personaron ante el mismísimo príncipe, portando una carta de Grousset y sendos revólveres. Pierre Bonaparte rechazó el pelear con los enviados, pues él quería un cara a cara con Grousset. En algún momento de ese tira y afloja, Víctor, defensor de Grousset, ofendió al ya agraviado Bonaparte y este, ni corto ni perezoso, le mató a tiros. Hay que decir que, por supuesto, la versión “oficial” y la que ganó en los tribunales fue toda la dada por Bonaparte, que alegaba defensa propia.

Ese hecho caló en la sociedad, que se echó a la calle. Más de 100.000 personas siguieron el cortejo fúnebre de este humilde periodista hasta el cementerio de Neuilly. Los franceses se terminaron de indignar cuando Pierre Bonaparte fue absuelto. Los días sucesivos hubo manifestaciones violentas. Aunque en ese momento la causa republicana parecía estar pérdida, una serie de acontecimientos hizo que el Emperador fuera derrocado y se proclamara la Tercera República Francesa. Tras este hecho los restos de Víctor Noir son trasladados al cementerio de Père-Lachaise.

Aquí es donde realmente comienza la leyenda de la sepultura de Víctor.

Como homenaje al acontecimiento que sesgó la vida del joven periodista, se le esculpió una figura en bronce para su sepultura. El autor de dicha obra, Jules Dalou, no pudo ser más realista. Se puede apreciar con toda claridad a un Víctor tumbado, con ricos ropajes e incluso su sombrero ligeramente caído a su lado. Dalou, lo inmortalizó como si acabara de recibir aquellos nefastos tiros por mano de Bonaparte. No sé si es que el artista tenía una mente prodigiosa o algo ligera, la verdad, lo desconozco, pero también dio “realidad” exagerada a su entrepierna y Víctor parece encontrarse en un estado de erección continua para toda la eternidad.

Hasta aquí no deja de ser curiosa la historia, vale, una escultura llamativa, obra de algún artista innovador, ya sabemos cómo son, y así hubiera seguido si no hubiera comenzado el mito y la leyenda.

Se dice que la erección de la que es porteadora la escultura de Víctor, atrae la fertilidad. Una vez que empieza a crecer la creencia de tal milagro, mujeres de todas las partes van a mostrarle sus “respetos” pasando su mano por la entrepierna. ¿Resultado? Que el pobre Víctor tiene la escultura en esa zona más desgastada que la suela de un zapato. Desconozco si tal creencia da resultado, yo por si acaso, ni me acerco.

Tal era el volumen de visitas que en 2004 tuvieron que rodear la sepultura con una valla para no dañar más la escultura de aquel joven periodista, que no pensaba pasar a la historia por tal “virtud”. Pero las creyentes protestaron hasta que consiguieron quitar el cerco que protegía a Víctor, y poder seguir con esta superchería o quizás, ya tradición.

Gracias a Toni Collbató por cedernos las fotos

Clara Redondo

Clara Redondo

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