Rito funerario Sati

Una costumbre funeraria de la que estamos seguras no fue idea de una mujer, es la antigua costumbre Sati, practicada principalmente en la India. En ella la viuda, aunque por poco tiempo, es incinerada en una pira junto a su difunto marido, y es quemada viva.

El nombre de Sati proviene de la diosa Satí, esposa de Shiva, que se suicido frente a su padre Daksha, por un desaire que le había hecho a su marido Shiva. Ella se sentó en el suelo y se prendió fuego por combustión espontánea.

No existen datos exactos de en qué época comenzaron este tipo de inmolaciones, pero se calcula que hace más de 5.500 años. El primer caso documentado aparece en el año 908 D.C.

Existen varias teorías del porqué de este acto, y sobretodo, del porqué se hizo popular. Una de ellas destaca que, por matarse a si misma, la esposa expiaba todos los pecados del marido y así ambos podían tener una buena vida en el más allá. Los griegos, sin embargo, manejaban una teoría mucho más terrenal: La diferencia de edad entre los matrimonios era bastante grande: ellos solían ser ancianos y sus esposas, mujeres jóvenes que les podían cuidar. A través de este rito, el anciano se aseguraba de no morir envenenado y que su joven viuda se casara con otro hombre más joven. Además, este ritual servía para que no hubiese un “exceso de mujeres” en la tribu y se aseguraban que ninguna se fuese con algún hombre de otra tribu (algo a tener en cuenta si en las otras tribus no te obligan a suicidarte cuando muere tu marido).

Aunque aparentemente van voluntarias, la presión de ser quemadas vivas puede con ellas y muchas salen corriendo, pero son devueltas a la pira. Otras son drogadas o incluso atadas, dejando en evidencia la voluntariedad del acto.

Mientras que la vida de las mujeres en la India medieval, especialmente en las castas inferiores, no era una maravilla, si cometían Sati eran veneradas como diosas. De hecho se decía que sus poderes de divinidad comenzaban ya antes de la muerte ya que esta ocurría sin dolor.

Después de su muerte en la pira, la mujer finalmente se transforma en la forma de la satimata , una realización espiritual de la bondad, cuya preocupación principal es ser una protectora de la familia. Esta protección suele ocurrir a través de los sueños, en los que la satimata se les presenta para recomendarles como guiarse en situaciones de la vida.  Sin embargo, a pesar de las intenciones de la satimata son siempre para el bien de la familia, ella no es reacia a dejar que, por ejemplo, los niños enfermen, o las vacas dejen de dar leche, si ella piensa que esto es una lección apropiada a la mujer viva que tenía descuidado sus deberes como Pativrata .

A partir del año 1200 esta práctica se regularizó, y por orden gubernamental la viuda tenía que declarar, jurando que nadie la presionaba, si deseaba ser quemada o no. Hacia el siglo XVI se necesitaba un permiso de la policía, que se encargaba de disuadir a la viuda del acto en el caso de que no estuviese segura, o de certificarlo y aprobarlo en el caso de que sí lo deseara. Durante la invasión inglesa, consideraron el rito funerario Sati como una costumbre local y apenas le hicieron caso. Fue en 1829 cuando en gobierno británico lo prohibió, pero la práctica continuó. En 1987 el gobierno indio volvió a prohibirlo, pero siguen registrándose casos, el último en 2008.

Paloma Contreras

Paloma Contreras

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